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GARABATOS | Halloween franjiverde

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GARABATOS | El Elche sin Sory

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GARABATOS | El muñeco Pachetín

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ÓSCAR GÓMEZ | V de Vendetta

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V de Vendetta, sí, y también V de Veto. Porque tanto monta, monta tanto. Y es que, en el tema de actualidad de los últimos días, el veto a Jerónimo Tormo, periodista de COPE Elche, a entrar a las instalaciones del club, hay mucho de vendetta y de venganza. Le tenían ganas y estaban buscando una excusa. ¿Por qué sino le llaman insultos cuando quieren decir línea editorial?  Se han agarrado y aferrado a unos epítetos y calificativos blancos, romos e inofensivos, elevados a categoría de insultos, como podía haber sido cualquier otra cosa. Con todos ustedes el Capitán Jolines, el Sargento Cáspita y el Teniente Córcholis, una inquisición lingüística con la piel muy fina y el rostro de cemento armado. Curiosa combinación y bonito oxímoron.

Independientemente de los (supuestos) deméritos, chascarrillos, pecados de juventud, manchas o antecedentes del citado periodista, así como de las simpatías, antipatías, filias y fobias que se le tengan por parte de unos u otros, vetar en los tiempos que corren la entrada a un periodista a las instalaciones para poder ejercer libremente su profesión es una tropelía y una medida más propia de un régimen fascistoide y de una república bananera.

Más allá del derecho que le ampara al club de admitir o no en sus instalaciones a las personas que consideren oportunas, no estamos hablando de un caso normal. El club no es una sala de fiestas, unos billares o una casa de apuestas, aunque en momentos puntuales alguno pueda pensar que es alguna de las 3 cosas, o incluso todas ellas a la vez. Estamos hablando de un periodista que cubre la actualidad del Elche CF. Estamos hablando, por tanto, de una persona que informa a través de un medio de comunicación a un número x de aficionados. Por tanto, podemos decir sin posibilidad de equivocarnos que los dirigentes del club están vetando a una parte de su afición, concretamente a los oyentes de esta emisora y de este informador, y también, parcialmente, a una emisora, a una empresa y a unos trabajadores.

Pero, no nos engañemos. A nadie le puede pillar de sorpresa este conejo de la chistera sacado por nuestros mandamases. Los que dirigen, gestionan y manejan los hilos de nuestra institución no destacan precisamente por tener una grácil y juguetona cintura a la hora de recibir críticas. Tampoco destacan por tomar nota de los errores y aprender de ellos. Más bien todo lo contrario. Anotar sí que anotan, pero nombres y apellidos en una lista negra. Y esperan pacientemente y sin prisa el momento oportuno para pasar la correspondiente factura. Hemos pasado de “el torno en roig” a “el Tormo en roig”. En cualquier caso, los que somos críticos, no nos callamos nunca, no vivimos de palmaditas, de favores ni de canapés y no nos debemos a nada ni a nadie, más que a nosotros mismos, no descartamos nunca la primera opción.

También podía conocerse la situación como V de Verbena. Aceptamos barco. Porque que unos dirigentes que están desde el minuto 0 de espaldas a la afición, que tienen menos empatía hacia los aficionados que un mejillón, que “sólo” tienen el apoyo accionarial pero carecen de apoyo sentimental y social alguno, salvo el de algún señor a una gorra pegado, que únicamente quieren que los medios de comunicación manejen información blanca, limpia y pura, son dignos miembros de una Verbena, socios de honor de la versión cutre y casposa del Camarote de los Hermanos Marx e hijos predilectos de la Casa de Tócame-Roque.

Y si por hablar mal o insultar fuera, en su caso a la afición y a los abonados, ellos también deberían ser vetados a entrar en el estadio. Pero de por vida. Y con una orden de alejamiento.

Afortunadamente, siempre nos quedará París, como diría aquel, en este caso la parcela deportiva, la pelotita, el oasis en el que nos refugiamos los aficionados, el spa donde nos desconectamos de la aburrida y tediosa actualidad económica y social del club.

Y decimos, con desesperación y con ansia, que ya toca ganar y conseguir los tres puntos. Toca V de Victoria. Toca apaciguar los ánimos y tranquilidad. Toca, como diría Pacheta, coger premio.

El equipo juega bien, está en línea ascendente y ha merecido mucho más. De acuerdo. Pero el fútbol al final se resume en goles y victorias. Y si no llegan, este deporte es capaz de arrasar y llevarse por delante la gestión de vestuario más profesional y correcta de los últimos años.

Y también, ya que estamos, nos vendría de rechupete la V de VAR. Porque vaya tela con los arbitrajes. Mientras tanto, nos conformamos con que no nos perjudiquen demasiado.

Como punto final, vislumbro dos posibles titulares para después del partido: “La mala racha dura, aquí en Extremadura” o “Qué ilusión, qué jolgorio, qué festejo, tenemos en Almendralejo”.

Me pido el Segundo. ¿Y tú?

ÓSCAR GÓMEZ | El guionista de ‘El coloso en llamas’

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Se nota que uno ya va cumpliendo años y haciéndose mayor, además de por el correspondiente desgaste físico, por las referencias, chascarrillos y frases que utiliza.

Los que somos ochenters usamos todavía frases como “¡Qué nivel, Maribel!”, “No te enteras, Contreras”, “Pero, ¿qué Pretenders?” o “Me piro, vampiro”, hacemos referencia a cosas que suenan hoy muy primitivas como el Walkman, el Joystick, la Serie V o un Súper Humor y recordamos con cariño costumbres tan adorables como rebobinar una cinta con un boli Bic o llamar al teléfono fijo de casa de un amigo.

‘El coloso en llamas’

Una de mis recurrentes y más habituales referencias a la hora de hacer más interesante y juguetón el lenguaje del día a día, ya sea en conversaciones normales o incluso laborales, es la película ‘El coloso en llamas’, una de las películas pioneras de lo que actualmente se conoce como cine de catástrofes y que marcó mi infancia.

Para ser sinceros, realmente hago referencia al guionista de ‘El coloso en llamas’ para catalogar a aquellas personas que tienden a exagerar los problemas y las situaciones llegando a niveles catastróficos, casi apocalípticos, con el objetivo de usar ese universo devastador, infausto y dantesco como protección ante una cierta inseguridad y sin intención alguna de relativizar la situación y buscar desde la calma una solución o ver las cosas desde otro punto de vista. Respiro después de ésto. Seguimos.

Pues bien, si la afición del Elche C.F. es ya de por sí una afición coral, con perfiles de todo tipo, tamaño y color, ahora le tenemos que añadir una versión mutada, mejorada y diferente del pesimista o cenizo, todo un clásico entre nosotros, El guionista de ‘El coloso en llamas’.

Este dicharachero y peculiar personaje se caracteriza por exagerar de manera desmesurada, auto-flagelarse con una rama de castaño y convertir en una montaña un grano de arena.

El comienzo de liga del Elche en su retorno a la Liga de Fútbol Profesional no está siendo bueno, es evidente. Los números están ahí: 2 puntos de 12 posibles. Mal. Muy mal.

Pero también es un dato irrefutable que tenemos uno de los presupuestos más bajos de la categoría y una plantilla muy justa, mucho peor sobre todo en cuanto a número, pero también en cuanto a calidad, de las últimas que tuvimos en Segunda División en temporadas anteriores.

Es, por tanto, una de las temporadas donde más claro deberíamos todos tener el objetivo a conseguir: la permanencia.

Otras temporadas, dotados de mayor fondo de armario y de algún puntito más de calidad, se comenzaba sin un objetivo claro y definido, con la premisa de asegurar primero la permanencia, pero sin renunciar a nada. Luego ya, conforme pasaban las jornadas, el objetivo se iba definiendo.

Ahora, curiosamente, con una situación de inicio por todos conocida, ya se empiezan a oír y a leer cosas tan tremendistas como “este año bajamos seguro”, “tenemos una plantilla de 2ªB”, “bajamos en Navidad” o “a ver lo que dura Pacheta”.

Respetando todas las opiniones y sensibilidades, lo que no acabo de entender es la incoherencia en el argumento. Si aseguramos no tener una plantilla de nivel no deberíamos dudar del entrenador, ¿no?  ¿O pensamos que, echando al entrenador, Provencio se va a convertir en Toni Kroos?

Todos estamos de acuerdo en que, por unos motivos o por otros, se ha reforzado poco la plantilla que consiguió el ascenso y que no tenemos el potencial que otros sí tienen. Esta opinión creo que es generalizada y por todo el mundo compartida.

Asumiendo esta premisa, ¿por qué nos escandalizamos de estar abajo peleando por salvarnos? ¿a quién le pilla por sorpresa? ¿por qué ponemos ya en entredicho al valiente que ha decidido, a pesar de la difícil situación, asumir la responsabilidad de dirigir al equipo y tratar de conseguir el objetivo de la permanencia?

Otros años, en esta misma categoría, con todos los dorsales asignados y mejores peloteros, yo era el primero en criticar al equipo y al entrenador, unas veces por mal juego y resultados (Toril) y otras por discursos planos, aburridos y desmotivadores impropios de la plantilla que tenía entre manos (Baraja). No soy, creo, dudoso en cuanto al noble arte de atizar y criticar.

Pero este año pensaba que todo iba a ser más sencillo y que, por una vez, todos íbamos a tener clara la situación desde el minuto 0 y que íbamos a remar en la misma dirección, “acurrucando” y apoyando a un grupo al que vemos en clara desventaja con respecto a otros, con las críticas y quejas puntuales que son necesarias y bienvenidas, claro que sí.

Pero, iluso de mí, compruebo con pena y desazón que sigue habiendo mucho “guionista de ‘El coloso en llamas’”.

No nos queda otra, por tanto, que esperar que nuestro Paul Newman particular, nuestro míster Pacheta, manguera en mano, rociando a presión sentido común, capacidad de motivación, ilusión y trabajo, sea capaz de apagar el fuego, terminar con los rescoldos y salvaguardar este rascacielos llamado Elche, C.F.

ÓSCAR GÓMEZ | ¿Sufrir?

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Pasadas ya las dos primeras jornadas de Liga se empiezan a sacar las primeras conclusiones y a emitir las más madrugadoras opiniones acerca de las posibilidades de nuestro equipo en esta vuelta al fútbol profesional.

Leo en redes sociales y escucho en tertulias y sanedrines una afirmación que se repite una y otra vez como un dogma de fe, como algo que no admite duda, como algo que se asume desde la más absoluta resignación y estoicidad: vamos a sufrir mucho esta temporada.

Pero, yo me pregunto, ¿de verdad vamos a sufrir?

Sufrir era visitar el Municipal de Peralada, el Nou Camp de Morvedre, La Almozara o Son Malferit, campos pequeños, de césped artificial, con el público pegado a la banda, con el aliento en el cogote. Eso era sufrir.

Ahora vamos a visitar estadios como El Sadar, Riazor, La Romareda, El Molinón o La Rosaleda, estadios con ambiente de fútbol y terrenos de juego con buen tapete y correctas dimensiones.

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Sufrir era jugar contra el Llagostera, la Peña Deportiva, el Olot o el Formentera, con los que había que ganar sí o sí, contra los que no se nos permitía ni un error, contra los que éramos súper-mega-híper-favoritos, equipos que se encerraban atrás a verlas venir. Eso era sufrir.

Ahora vamos a enfrentarnos al Málaga, al Sporting de Gijón, al Deportivo de la Coruña, al Oviedo, a la UD Las Palmas y a un sinfín de equipos históricos contra los que vamos a poder jugar de tú a tú, equipos que no van a especular y que van a dejar espacios.

Sufrir era tener que ver los partidos en el ordenador de cualquier manera a través de la televisión balear, la de Aragón o el 3er canal de la TV3, escuchando comentaristas mediocres y, en el mejor de los casos, partidistas y forofos a más no poder. Eso era sufrir.

Ahora podemos ver los partidos en una plataforma de calidad con comentaristas de una profesionalidad fuera de duda y de una parcialidad asegurada (con alguna excepción, ya lo sé).

Sufrir era aguantar la presión de estar 5º en la clasificación siendo un transatlántico en Segunda B, no valerte un empate ni fuera de casa, que te empatara un equipo ramplón en la única ocasión que tenía y no poder celebrar ni un 3-0 por vergüenza torera. Eso era sufrir.

Ahora, con uno de los presupuestos más bajos y con el límite salarial ahogándonos, con una plantilla prácticamente igual que la del año anterior, con pocos jugadores de calidad, no tenemos presión alguna, más allá de la que nos marca el escudo y la historia del club.

Sufrir era tener que escuchar las ruedas de prensa de parvulitos de Vicente Mir y aguantar las estrategias y decisiones de regional de Josico. Eso era sufrir.

Ahora tenemos desde el principio a un entrenador que trata siempre de ver el lado positivo de las cosas, de reforzar al grupo, de hacer constantes guiños a la afición y de respetar a la institución que le paga, representándola con elegancia y saber estar.

¿Sufrir? Yo no sé vosotros, pero yo voy a tratar de disfrutar al máximo este año viendo a mi equipo en una categoría profesional, codeándose con grandes equipos y grandes jugadores y viendo fútbol de cierta calidad.

Además, el entrenador y la plantilla, sintiéndose fuertes desde la seguridad defensiva y el valor del grupo, haciendo de la necesidad virtud, me transmiten mucha tranquilidad, haciendo que confíe plenamente en que nos van a asegurar la permanencia de manera solvente.

Como diría Pacheta (leed por favor con su voz, su tono y sus pausas): “Van a bajar cuatro equipos, pero nosotros no seremos uno de ellos. No. No seremos uno de ellos. No. Bajarán otros. Nosotros no. No. Lo tengo claro. No. Que no cuenten con nosotros para eso. No.”

JAVI BRU | Miremos hacia el futuro

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Pasadas ya casi dos semansa de la celebración del ascenso en la Plaza de Baix, poco a poco he ido asimilando del todo que de nuevo pertenecemos al fútbol profesional. Ha sido un año duro, lleno de emociones, de subidas y de bajadas. Este año he vivido el Elche CF de forma distinta a las vividas anteriormente, de una manera más cercana y siendo consciente de lo que acontecía el día a día del club.

He tenido la fortuna de conocer a muchos profesionales de la entidad este año, que en la sombra han ayudado a brindar estabilidad a la institución en esta dura temporada. Mi más sincero agradecimiento a todos ellos. Ascender a Segunda División supone un balón de oxígeno para todos. Ver las cosas de manera distinta y con un punto mayor de optimismo.

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La afición se ha sentido identificada con toda la plantilla, aspecto que no ocurría desde hace muchos años. Para la confección de este último grupo de jugadores se valoró mucho el aspecto humano, capacidad que se ha visto refrendada dentro y fuera de los terrenos de juego.

¿Cuál es el futuro que se le augura a la entidad? Yo pienso que el que quieran todos los socios y aficionados del Elche CF. Todos queremos un club fuerte, potente, respetado y estable a nivel social, institucional y deportivo. Honestamente, creo que la Segunda B nos ha venido bien. Nos ha hecho aumentar el sentimiento de pertenencia hacia nuestra institución y, sobre todo, coger el impulso necesario para recuperar tiempos de éxito.

Algunos hablan de recuperar inmediatamente la Primera División. Respeto ese pensamiento, pero creo, desde mi máxima humildad, que la prioridad es hacernos más fuertes a nivel interno, sin descartar grandes metas. El Elche el año que viene, deberá salir a ganar todos los partidos, demostrando ilusión por ser cada jornada mejor equipo, recuperando a la vez su lugar en la LFP.

Restan cinco años para nuestro centenario. Solo pido que vayamos todos juntos de la mano, para que en el 2023 celebremos con euforia y orgullo que nuestro club se encuentra en la máxima categoría del fútbol español, siendo una entidad admirada y respetada por todos.