El partido arrancó igualado entre ambos equipos. Sin embargo, el Elche fue el primero en tener el primer acercamiento peligroso. Germán Valera mandó un disparo potente lejos de la portería de Dimitrievski en el minuto 8 de partido. Tras esta primera ocasión, el Valencia mejoró. Los de Carlos Corberán comenzaron a aumentar la intensidad y poco a poco empezaron a tener acciones peligrosas. La más clara, una de Lucas Beltrán que no logró rematar bien a portería vacía y que se marchó rozando el palo.

Aún así, el Elche continuó haciendo las cosas bien y desarrollando un juego que le permitía llegar en ciertas ocasiones cerca de la portería visitante. Otra acción clara fue un disparo de Rafa mir que se marchó rozando el larguero. Más allá de eso, la primera parte transcurrió sin sobresaltos mayores y con ambos equipos muy igualados. Sin mucho tiempo de descuento, Hernández Maeso mandó a ambos equipos a vestuarios con el empate a cero en el marcador.

ElcheUna mejor segunda parte

El Elche dio un paso al frente tras el descanso y convirtió la segunda mitad en un monólogo de fe y empuje que desbordó a un Valencia incapaz de sostener el ritmo. Los de Sarabia apretaron líneas, ganaron duelos y encontraron profundidad por bandas, obligando a su rival a replegarse cada vez más cerca de su área. Las llegadas se sucedieron con peligro creciente, con un equipo franjiverde que, espoleado por su gente, entendió que el partido exigía algo más que orden: necesitaba determinación. Esa insistencia tuvo premio en el minuto 75, cuando Lucas Cepeda cazó su oportunidad y desató la euforia en el Martínez Valero.

El tanto no solo decantó el encuentro, sino que puede marcar un punto de inflexión en la pelea por la permanencia. Con esta victoria, el Elche alcanza los 32 puntos y sale momentáneamente del descenso, a la espera de lo que dicten otros resultados en la jornada. Más allá de la clasificación, el triunfo supone un balón de oxígeno para un equipo que necesitaba reencontrarse con la victoria y con su mejor versión competitiva. Los ilicitanos recuperan así pulso y esperanza, conscientes de que cada partido es ya una final, y con la sensación de que, si mantienen este nivel competitivo e intensidad, la permanencia deja de ser un sueño lejano para empezar a depender de ellos mismos.

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