Vaya con Dios

 

Chimo Baeza | 02/09/2013 00:07 @chimoeneas

Está un poco manoseada la comparación (quizás no tanto como la masa de uno de esos fartons, pero por ahí le andará), pero el fútbol es como una religión (ahora viene lo de decir que los estadios son las nuevas iglesias, pero eso ya está muy visto). Si por alguna casualidad nos olvidamos, aparecen tipos como Richmond Boakye (con ese nombre sólo se puedo molar muy fuerte) para recordárnoslo. No sólo porque en los pocos días que lleva aquí el delantero de la Juve nos ha recordado machaconamente la importancia de Dios en su carrera y que El “está con el Elche” (a fin de cuentas, estas cosas son muy personales), sino sobre todo por el tema de la fe.

No es que esté atacado especialmente por el senisismo, pero confieso que la pasada noche del viernes (eso de tener que estar un viernes por la noche viendo un partido da para otro artículo), a eso de la 1 menos poco, me había ya levantado para pagar en el bar e irme, un poco harto de ver a nuestro pobre Elche no poder hincarle el diente a un Almería con diez. Y justo en ese momento, cuando ya no me lo esperaba, Boakye decidió hacer de un buen debut (el chico cumplió para lo poco tiempo que lleva en el equipo y para los minutos de los que disfrutó) algo que tardaremos en olvidar. Más que nada, porque medio pueblo se levantó de su asiento y gritó gol. Moraleja: hay que tener fe, siempre fe en el equipo, porque por mucho que se pongan complicadas las cosas, siempre puede pasar algo en un deporte tan dado a los caprichos. De paso, parece que no sólo hemos fichado a un nueve (apunta maneras este trasunto de Etoo, pero habrá que tener paciencia, que también apuntaba maneras Robinho), sino a un tipo carismático, que, más allá de lo que haga en el campo, ya se ha ganado a media afición con sus declaraciones.

Religión y fe aparte, otro tema bonito es el amor y la afición que se ha despertado en la ciudad por el equipo. Sabíamos que había unos 6.000-8.000 fieles que estaban siempre en las buenas y en las malas, que con tantos sustos y pesadumbres en los últimos años tienen que haber recortado severamente su esperanza de vida. Pero, como comentaba la otra noche con mi amigo Ilde, resulta bonito ver a la gente ocupando las terrazas, quedando con familia y amigos o incluso viajando en masa para ver los partidos del equipo fuera. Acostumbrados a que eso sólo ocurra con Madrid y Barça o en ocasiones muy, muy especiales, escuchar un “goooool” desde varias esquinas de la ciudad tras un penalti lanzado por Albacar me sigue aún sorprendiendo… e incluso emocionando. Será porque las religiones y la fe llaman sobre todo al corazón.

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