Ese tipo de victorias

 

Santiago Martínez ¦ 30/11/12 07:00 @penflexiones

Tras los dos últimos partidos ganados por el Elche, se oyen algunas voces de preocupación. El equipo ya no juega bien, se está ganando de chiripa, hemos entrado en una línea descendente, etc.

Aunque puedan tener parte de razón, tengo que confesar que a mí las victorias por la mínima, y sufriendo, me encantan. No porque me vayan especialmente las emociones fuertes, ni por masoquismo, ni por no saber disfrutar de un partido de los llamados vistosos. Me gustan especialmente porque son triunfos que asocio a los equipos campeones.

Si pensamos en equipos de éxito, tenderemos a recordar sus grandes partidos, su juego aplastante, sus goleadas… pero, insisto, si a todo eso no le sumamos este tipo de victorias, no estaremos hablando de un equipo “grande”.

Valgan como ejemplo los dos equipos más laureados y reconocidos de los últimos años:

El Barcelona de Guardiola. Paradigma del fútbol total, de las goleadas, el equipo del sextete, arrollador donde los haya.

Pues en la temporada del triplete, recuerdo que, en un mal partido, estando a un gol de la eliminación y sufriendo con un jugador menos, Pinto paró un penalti que supuso el pase a la final de la Copa del Rey. Y también recuerdo un partido de ida de octavos de final de la Champions en Lyon, en el que el equipo encajó un gol tempranero y fue dominado por el Olimpique de Juninho y Benzemá. Pero en un córner, un gol, llamémosle “Poweliano” de Henry, le dio el empate a uno y la tranquilidad para afrontar con garantías el partido de vuelta.

Y, por supuesto la selección española, la del tiki-taka, la de las Eurocopas y el Mundial, admirada por su juego y su propuesta.

Cabría recordar que no podríamos haber ganado el mundial si no hubiésemos ganado en cuartos de final el partido contra Paraguay. Un choque espesísimo, sin apenas ocasiones hasta mediada la segunda parte. Justo después de que Iker Casillas le parase un penalti a Cardozo en el típico partido en el que en todos los mundiales anteriores nos volvíamos para casa.

Algunos lo llamarán la suerte del campeón. Otros hablarán de que todo es cuestión de rachas; que cuando estás arriba ganas casi por inercia, y, que cuando estás abajo, ya puedes jugar como nunca, que acabarás perdiendo como siempre.

Prefiero achacarlo a la personalidad del grupo. Al autoconvencimiento en tu idea y la autoconfianza en ser capaz de llevarla a cabo. Factores estos, intangibles, pero que estoy convencido que acaban sumando esos puntos extras, imprescindibles para conseguir los máximos objetivos.

Y, para darle más valor a este tipo de resultados, no sólo implican que el equipo tenga esta fuerza mental, sino que la retroalimentan. Cada victoria agónica es una inyección de confianza que se suma a la que ya tienes.

En conclusión, siempre he pensado que un gran equipo es el que gana muchas veces jugando bien, pero, sobre todo, es el que no pierde casi nunca que juega mal.

Disfrutemos este tipo de victorias.

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