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Un linier llamado Rompetechos, el nabo mecánico y un hasta Lugo

Óscar Gómez “Pedja” ¦ 08/11/12 07:00 @pedjafranjiverd

Ya nos tocó saborear la gruesa textura de la derrota en Murcia por primera vez y ahora volvemos a catar tan desagradable sensación a orillas del río Miño. Puestos a catar en los desplazamientos, hubiera preferido hacerlo con un Juan Gil murciano o con cualquier caldo de la Ribeira Sacra lucense. Y también preferiré tomar un fino de Xerez antes de paladear nuevamente el sabor de un resultado adverso el próximo sábado.

Cuando incamos la rodilla, nos ganan por poco y por errores puntuales, unas veces nuestros, otras veces de terceros. En la Nueva Condomina fue por un penalti a todas luces evitable. En el “Anfield” Carro de Lugo nos anularon un gol por un fuera de juego que solo vio un asistente cegato, un trencilla bizco, un linier llamado Rompetechos. El gol anulado a Fidel es digno de llevar, ya no a los más altos estamentos jurídicos y deportivos, que también, sino al tribunal de La Haya si fuera necesario. Seguro que vulnera algún mandato de la ONU o los mismísimos Derechos Humanos. Desde la invasión al islote Perejil no se ha visto una cosa igual.

Y solo han sancionado al angelito por un partido. Yo le hubiera metido, no ya en la nevera, sino en la misma máquina donde metieron en su momento a Walt Disney y activaría el modo criogenización avanzada.

Pero, más allá de lloros y quejas, nos ganó un buen equipo, un conjunto que gusta de tratar con cierto cariño el balón y que no da una mala patada. El equipo albivermello del mítico Quique Setién, al que todos los que ya peinamos más o menos canas hemos tenido en un cromo de Panini en algún momento de nuestras vidas, es un equipo muy respetable. Era conocido el año pasado en 2ªB como “el Nabo Mecánico” que, más allá de soeces interpretaciones o juegos de palabras de mal gusto, respondía al buen juego desplegado y a la brasicácea cultivada comúnmente como hortaliza que es característica de esta zona, conocida como la Despensa de Galicia. Ahora, los rojiblancos combinan el buen juego con la practicidad y la eficacia, sabedores de que sin resultados la gloria es efímera, y no se rocían con “eau de Pep” antes de los partidos, como hacían antes.

De todas formas, pese haber perdido algo de fuelle, no hay que sacar el pesimismo a paseo como se suele hacer por estos lares en cuanto viene un resultado malo.

Las alimañas de turno y los pesimistas por prescripción médica ya están haciendo su agosto esta semana. Se confirma que a Manolete ni le mató un toro ni le mató Héctor Verdés, le aniquiló Powel de un certero cabezazo en el pecho al más puro estilo Zidane.

Está claro que, salvando las distancias, hay una cierta similitud entre la selección española de Del Bosque y el Elche de Fran Escribá. Ambos conjuntos juegan con pequeños y habilidosos medias puntas que sorprenden llegando desde atrás y no juegan ya tan cómodos con un nueve clásico en punta.

Por eso, no creo que se trate de un problema de Powel en particular, que evidentemente tiene que aportar más, sino de un estilo de juego en general. Villa, por su versatilidad y su facilidad para caer a bandas, respeta el juego de la selección más que un Llorente o un Negredo. Lo mismo nos ocurre a nosotros con el espigado neerlandés en la vanguardia, cuya presencia varía el modus operandi habitual del equipo.

De lo que sí estoy seguro es que el Elche no ha dicho adiós a su racha victoriosa, ha dicho un “Hasta Lugo”, permítanme tan sencillo juego de palabras. Creo firmemente en este equipo y estoy convencido que va a seguir sacando muchos puntos.

Dicho todo esto, es evidente que las aportaciones de banquillo deben mejorar y que se debe buscar una solución para la banda derecha hasta que vuelva Xumetra. Sacar de la media punta a Carles Gil y arrinconarle en una banda es un error que mata la magia del valenciano. A los jugones hay que darles libertad, y la libertad está en el medio.

A estas vicisitudes deportivas hay que añadir los problemas derivados del ya famoso culebrón “Pasión de Mandamases”, donde queda muy a las claras que el poder del Elche está más indefinido que el marido de Alaska. Ahora está haciendo unos cameos el inimitable Ramírez para darle más vidilla a la historia, no vaya a ser que se calme el ambiente y se aburra el respetable. El Vasco de La Nucía, por su carácter indomable, cuando habla es como las Pringles, que cuando hace pop ya no hay stop y comienza a soltar su cantinela habitual de disparates y despropósitos. Y, como rubricó el genial Óscar Wilde, “se cree tan inteligente que a veces no entiende ni una palabra de lo que dice”. El argumento de Juego de Tronos es una chorrrada comparado con el Sálvame De Luxe que tienen montado los consejeros. Ya cansa. Y bastante.

Todos estos problemillas que tiene el Elche se acabarán solucionando aunque no sean tan fáciles de solventar como los problemas económicos que, como dice Woody Allen, “Son fáciles de solucionar porque lo único que se necesita es dinero”.

Afueraparte, solo me queda decir que en la última revisión médica me salieron correctamente los niveles de colesterol, de leucocitos y de ácidos grasos, pero me diagnosticaron un Optimismo por encima de los límites normales. Los médicos se echaban las manos a la cabeza y alguno llamó incluso a Houston para contrarrestar los resultados. No daban crédito.

Por eso, y a pesar de los problemas deportivos y telenoveniles, tengo claro que ganaremos en Xerez.

Dedicado a mi amigo Fran, que no está atravesando por su mejor momento a nivel personal y al que le mando un fuerte abrazo