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El derbi descafeinado

Rc Sala de Juegos Ferreteria Els Ferrers

Al darse a conocer el calendario del grupo III de Segunda División, la ubicación del Elche-Hércules en la penúltima jornada presagiaba un derbi con morbo, bien porque alguno se estuviese jugando el liderato o por llegar a una situación en la que hubiera plazas de playoff en liza.

Sin embargo, el paso del tiempo y la realidad marca que este derbi bien podría patrocinarlo alguna marca de café descafeinado, por el hecho de que el Hércules llegará, como mucho, con escasas opciones de alcanzar la cuarta plaza. Eso si es que no llega ya matemáticamente sin opción alguna. La motivación de la Copa del curso que viene parece poco premio para una plantilla que nunca ha sabido meterse en la zona de arriba.

La temporada de Elche y Hércules guarda ciertos paralelismos. Sin ir más lejos, los dos clubes han destituido a dos entrenadores. En el bando ilicitano cayeron Vicente Mir y Josico, mientras que en el herculano se despidieron Gustavo Siviero y Claudio Barragán. La diferencia es que Pacheta sí ha sabido reconducir la situación en la ciudad de las palmeras, mientras que Josip Visnjic no ha podido hacerlo en la capital.

Buena racha del Elche

Si clasificatoriamente parece que no va a haber grandes premios en juego, salvo la lucha del Elche por ser segundo y no tercero, al menos los franjiverdes tratarán no sólo de dar otra alegría a su afición (y seguir enganchando a la gente de cara al playoff) sino que también intentarán mantener la buena racha en los derbis de los últimos tiempos.

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El Elche no ha perdido ninguno de los últimos cuatro duelos de rivalidad regional: los dos de la temporada del ascenso a Primera (1-2 y 2-0 en la 12/13) y los dos de este curso (0-1 en Copa y 0-0 en Liga). La última victoria herculana fue a lo grande, por 0-3 en el Martínez Valero en la 11/12, con 20 minutos finales en los que Abel Aguilar, Aganzo y Carlos Calvo dieron la estocada al equipo dirigido por César Ferrando.

Por desgracia, este no es el primer derbi descafeinado que nos encontramos en los últimos años. Ya lo fueron, de manera consecutiva, los de las temporadas 06/07 y 07/08, disputados en la última y la penúltima jornada, respectivamente. Por calendario parecían derbis a fuego, pero la mala clasificación de uno y otro le quitaron pimienta al partido.

En la 06/07 ambas escuadras despedían una campaña decepcionante con la honrilla del que ganara terminaría por delante en la clasificación, pero en media tabla. Lo hizo el Elche por 0-2, con tantos de Óscar Díaz (hoy jugador del eterno rival) y Rubén Suárez. Un año después la situación y los objetivos se repetían. Curiosamente también lo hizo el resultado, 0-2 para el Hércules, que acabó por delante de los franjiverdes. Rubén Navarro hizo doblete.

Derbis en Segunda B

En Segunda División B esta es la tercera vez que Elche y Hércules coinciden en una misma temporada. Por lo tanto, será el sexto duelo en dicha categoría. Hasta ahora el balance es favorable a los capitalinos: dos victorias y dos empates. El Elche sólo ganó el primer enfrentamiento, un claro 4-1 en la 91/92.

El otro partido de ese curso acabó en tablas (1-1) mientras que el Hércules se llevó los dos de la 92/93 (2-0 y 1-2). Cabe destacar que este último se disputó en la penúltima jornada de liga regular, como ahora. Los ilicitanos ya estaban clasificados para la promoción y recibían al eterno rival, que se jugaba alcanzar la cuarta plaza. Ganó en el Martínez Valero y, semanas más tarde, subió a Segunda.

IRLES Y SUÁREZ, GOLEADORES HISTÓRICOS

Más de 100 futbolistas han logrado marcar algún gol en un derbi, pero Irles (Elche) y Suárez (Hércules) tienen el honor de ser los que más lo han hecho en cada equipo. Suárez llegó a la decena de tantos en los años 30, mientras que Irles se quedó en siete. En época más reciente destacan las siete dianas de Rodríguez (Hércules) en los años 90.

Gorgé, Gorduras y Adelantado son los únicos que saben lo que es marcar en un derbi para ambos clubes. Gorgé firmó dos dianas para el Elche y seis para el Hércules, Gorduras otras dos para los ilicitanos y cuatro para los herculanos y Adelantado hizo un gol con cada equipo.

Por lo que respecta a hat-tricks, hay que apuntar tres, todos del bando herculano: Suárez (enero de 1933), Tatono (octubre de 1933) y Delibasic (octubre de 2009). Nino, leyenda franjiverde, tendrá la opción este domingo de estrenarse en un derbi: jugó los dos de la 05/06 y los dos de esta y no vio puerta.

Foto: Sonia Arcos – Elche CF

PACO PERAL | Si guanyem el derbi juguem la UEFA…

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Cuando uno ya ha cumplido el medio siglo y tiene recuerdos de toda una vida viendo al Elche Club de Fútbol es señal de que ha vivido muchos derbis. Con el paso de los años, las circunstancias del fútbol y hasta la forma de vivir estos partidos puede haber cambiado, pero hay algo que, al menos en mí, no cambia. Ese sentimiento franjiverde que se redobla cuando llega el clásico de rivalidad provincial. No lo puedo evitar. Puedo ver al equipo contra cualquier rival desde un punto de vista más profesional que pasional, pero cuando llega este encuentro lo percibo diferente. Hay que ganar, no vale otra cosa, al Hércules hay que ganarle siempre.

Los recuerdos se acumulan tras tantos partidos. Desde los calientes derbis en el viejo Altabix donde la tensión dominaba el encuentro, hasta los más recientes derbis más mediáticos casi siempre a las 12 del mediodía con desplazamientos masivos y ambientes de lujo en las gradas. En el terreno de juego todos buscaban perforar la meta del máximo rival, ya que al goleador en un derbi casi se le equipara al héroe de un ascenso porque, repito, al Hércules hay que ganarle siempre.

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Mi primer recuerdo y seguramente el que más me marcó no fue en Altabix, ni en el Nuevo Estadio, actual Martínez Valero, sino en un recién inaugurado Rico Pérez en la temporada 1974-75. Vicente, Antonio, Jerónimo y Esteban eran mis vecinos de Jubalcoy, y mis compañeros de grada en el fútbol. “Paquito, si li guanyem al Hércules juguem la UEFA”, me recordaban una y otra vez durante la semana. Apenas tenía 9 años, el fútbol ya era mi ilusión y el Elche mi pasión, pero apenas sabía qué era eso de la Copa de la UEFA, solamente que nos podíamos enfrentar a equipos extranjeros y la franja verde se pasearía por Europa. ¡Madre mía!

El Elche llegaba con todas las opciones de clasificarse, solo tenía que ganar el partido, dependía de sí mismo, podría empatar a puntos con la Real Sociedad, pero ganaba a los de Atocha en el duelo particular. Ritual de cada partido. Gorra, bandera del Elche y a nuestro punto de reunión, la Venta Verdú, desde donde partimos al Rico Pérez. Pero a las primeras de cambio todo se vino abajo, gol del Tigre Barrios al mítico Emilio Esteban y nos quedamos sin UEFA. Fue terrible. Recuerdo que en mi casa aún seguía llorando. Me parecía una tragedia griega, estar tan cerca de jugar en Europa y lograr el billete delante de la afición rival, pero nos quedamos a las puertas precisamente contra ellos. Lo pasé tan mal que se me metió para siempre una idea en la cabeza: Al Hércules hay que ganarle siempre.

Muchas cosas pueden cambiar con el paso de los años y las distintas circunstancias que pueden ocurrir, pero me queda claro que los sentimientos, al menos en mí, no cambian. Recuerdo que en mi época de entrenador me tocó enfrentarme al Hércules dirigiendo a un equipo de la comunidad. Antes de comenzar el encuentro el árbitro nos impidió jugar con ninguna de las dos equipaciones que teníamos, por lo que nos tocó jugar con camisetas prestadas por el Hércules. Me costó asimilarlo, veía a mis jugadores ponerse la camiseta con el escudo del Hércules y no me lo podía creer. Ganamos 0-1 y nada más finalizar el partido, cuando mi presidente me dio la enhorabuena, le recordé que esa enhorabuena debía ser doble porque habíamos logrado que el Hércules perdiese hasta contra el Hércules. Y es que… ¡AL HÉRCULES HAY QUE GANARLE SIEMPRE!

Crónica del derbi de Paco Peral en Mundo Deportivo:

Paco Peral formó parte de la secretaría técnica del Elche y actualmente trabaja en el Leeds United, dentro del grupo de scoutings liderado por Víctor Orta

PABLO VERDÚ | Mi derbi, mi madre

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No me resulta nada fácil enfocar en un solo derbi. Por tradición familiar, mi niñez y mi infancia están unidas a cabinas de prensa, sesiones de entrenamiento y entrevistas a jugadores de uno y otro equipo. Crecí escuchando en casa la trascendencia y rivalidad de los Elche-Hércules y notaba como mi padre, cuando llegaba el día del partido, se tensaba como un arco porque como periodista y alicantino sabía que era uno de los dos días más grandes del año.

A mediados de los 70, los ojos de toda España miraban a la provincia cada vez que había un clásico. Tengo algún recuerdo del viejo Altabix, jugando por los palcos mientras mi padre estaba en su cabina de la Cadena SER y mi madre sufría por el resultado y, sobre todo, para que no me cayera por las escaleras. He visto de todo. Victorias de uno y otro, empates emotivos e insulsos, goleadas… E incluso derbis en campos neutrales, como en Benidorm o Sant Joan, jugados con la misma pasión e intensidad que en sus escenarios habituales.

Por cuestiones sentimentales, ahora que se acerca el Día de la Madre, me quedo con el último partido que, posiblemente, vi junto a la mía en una grada. Fue en un partido de Copa del Rey, en el Martínez Valero. Recuerdo que era enero, en una noche de perros con lluvia, viento y frío. Ganó y remontó el Elche (2-0) la derrota mínima sufrida días antes en Alicante.

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Me acuerdo vagamente de los goles, de los papelitos y las bolsas de plástico volando por el campo y de las peleas en la grada entre seguidores de ambos equipos. Alguna de esas trifulcas, con puñetazos y caídas de hinchas por la tribuna, nos pasó muy cerca. Ese derbi, ganado con notable autoridad por el Elche sobre el césped, no permanece en mi memoria por lo futbolístico ni por la calidad de los jugadores que lo disputaron, sino por otras cuestiones sentimentales que no les costará esfuerzo imaginar.

Aquel derbi fue y será irrepetible por la compañía. Mi madre me llevó la cena, me protegió de la lluvia y del viento y me dio calor con su abrigo. Juro que no hay vez que me acerque a esa tribuna para ver un entrenamiento y no me acuerde de aquel día. Y mucho más cuando se avecina un Elche-Hércules.

Ella, alicantina y herculana, sufría lo suyo en estos partidos, pero era deportiva y la primera en admitir la superioridad del rival en caso de derrota. Y más si era el Elche, al que siempre le estuvo agradecida por el trato que le dieron a mi padre, al que las diferentes directivas recibían, ya fuera en Altabix o el Martínez Valero, casi con honores de Jefe de Estado.

Así que, compañeros de Diario Franjiverde, entenderéis que en esta ocasión no hable de goles, jugadas o futbolistas, sino de algo más íntimo. Porque estos partidos no sólo son especiales por la rivalidad, el color de las gradas y lo que se ve en el césped, sino por quién está a tu lado para compartirlo contigo. Feliz derbi y feliz Día de la Madre.

Crónica del derbi de Pablo Verdú en Mundo Deportivo:

* Pablo Verdú es periodista, con una larga trayectoria a sus espaldas. Actualmente trabaja para la Agencia EFE. Su padre, Pascual Verdú, al que menciona varias veces en el texto, fue uno de los periodistas más reconocidos de la provincia

DAVID MARÍN | El derbi de Moisés

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Elegir un derbi para un periodista deportivo es como pedirle a un niño que se quede con una chuchería en una tienda de golosinas. Cuando crees haberte quedado con uno, te viene el recuerdo de otro. Y eso que un servidor, por edad, no ha vivido la rivalidad de los mejores años, en los que un Elche-Hércules era sinónimo de partido de Primera. ¡Cómo envidio, en eso, a mis compañeros que peinan ya alguna que otra cana!

Por este motivo he decidido quedarme con un derbi de mi época de estudiante universitario, que viví en Pamplona, a muchos kilómetros de distancia de la provincia de Alicante. No fue un partido especial por su calidad futbolística o porque el resultado fuese decisivo para la suerte de un equipo u otro, pero tengo grabado en la memoria aquel día.

Fue el derbi de Moisés, aquel delantero que fue presentado con honores casi de galáctico cuando firmó por el Elche un par de años antes, en aquella época en la que en Segunda División se hacían presentaciones del equipo en verano por todo lo alto. Moisés marcó goles, pero el Elche no se movió de categoría. Y acabó saliendo de mala manera en dirección al eterno rival.

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Uno andaba aquellos años por Navarra y, aunque no fuera la Edad de Piedra, las redes sociales e Internet no eran lo que es hoy en día. Es decir, que me llegaba muy poco de lo que se cocía en el entorno franjiverde, más allá de leer las crónicas de los partidos en medios de comunicación nacionales, escuchar las conexiones de Monserrate Hernández en RadioEstadio y ver los partidos que diesen en ETB o Localia.

Moisés era un tipo que me caía bien porque me identificaba con él. Cuando me ponía en las pachangas de delantero usaba mi corpachón para ir siempre al choque con el defensa rival y tratar de ganarle la batalla, siempre por fuerza y no por calidad. Algún que otro gol hacía así, ante la protesta de turno pidiendo falta en lo que yo consideraba un simple contacto. Les decía que había hecho la de Moisés y entonces nos echábamos unas risas.

Volviendo al partido, Moisés estaba en el Hércules y el ambiente andaba caldeado de cara a un derbi en el que los franjiverdes llegaban algo mejor que los blanquiazules. Pero era diciembre y tampoco era un duelo de carácter épico. Sin embargo, cuando estás a tanta distancia y ves muy pocos partidos de tu equipo, cada uno de ellos es casi una final. Y en el caso de un derbi, más.

En Pamplona teníamos una cuadrilla de gente con equipos en Segunda que, mientras vivíamos en el Colegio Mayor, nos dedicábamos los domingos a mediodía a mendigar por los bares de la ciudad para que nos pusiesen el partido de las 12. Ese año era diferente. Ya estábamos en piso y habíamos comprado el Digital + para ver todo el fútbol que nos fuera posible.

Llegó la semana del partido y aquel hit que se cantaba desde la grada, nada respetuoso con la santa madre de Moisés, que no tenía culpa de que su hijo jugara en Elche o Alicante, sonaba mucho en mi cabeza. Era finales de diciembre y ese fin de semana se nos juntó el derbi con la habitual despedida que solíamos hacer antes de volver a casa por Navidad. Es decir, que aquella noche de sábado se alargó bastante y, por no entrar en detalles, mi estado no era el mejor posible para ver un partido de buena mañana.

De hecho, mis compañeros de piso no fueron nada solidarios y me planté solo delante del televisor para ver el derbi. Empecé muy respetuoso con el sueño y descanso de mis amigos: ibuprofeno, desayuno y tele a bajo volumen. Solté algún reproche cuando Moisés apareció en la tele, pero poco más.

Duró poco. Con el balón en juego y el paso de los minutos empecé a ser más persona y la sangre corría por mis venas. Marcó Frankowski, ídolo del momento, en el que fue su último gol como franjiverde. La celebración del gol (grito + carrera por el pasillo) despertó a mis amigos que, obviamente, no disponían de derecho alguno a la queja. En mi mente soñaba con una victoria amplia y esa típica imagen de futbolista desesperado hecha carne en Moisés.

Pero hay veces que en la vida no todo sale como tú quieres. Moisés marcó y empató el partido. Lo hizo a lo grande, he de reconocerlo. Le hicieron un penalti, lo metió y el árbitro lo mandó repetir. En ese momento parecía claro que tenía que fallarlo. ¡Era la historia perfecta! No. Lo volvió a meter e, imagino, lo celebró a lo grande, por dentro y por fuera.

A medio país de distancia yo podía sentir como Moisés se dirigía a mí y me dedicaba el gol. Allí, en el sofá y con el bajonazo, creo recordar que no abrí la boca durante el resto del partido, que fue bastante insípido y, por lo que leo, anduvo más cerca del triunfo herculano. Ni siquiera rechisté cuando uno de mis amigos, en un alarde de genialidad, me estampó en la cara mi frase: «Te han hecho la de Moisés».

Crónica del derbi de David Marín en Mundo Deportivo:

* David Marín es periodista. Actualmente es director de contenidos en Diario Franjiverde y corresponsal del diario MARCA en Elche