Soñar plantillas y la mujer de Sapunaru

 

Chimo Baeza | 29/07/2013 00:10 @chimoeneas
OPINIÓN . El verano, ya lo hemos dicho tantas veces, es el tiempo de la ilusión y las cábalas. Abrimos el periódico y nos aparecen cuatro o cinco futuribles para nuestro equipo, cuyo sueño era jugar en el Elche desde pequeñitos y cuyo fichaje es inminente a falta de unos flecos. Y la fantasía no es exclusiva de los periodistas profesionales: cada aficionado tiene un equipo en mente con los nombres de sus preferidos. Y ahí es como todo, algunos se van a lo cercano y otros, los menos se van a la Segunda estonia para iluminarnos sobre un delantero que lo peta un montón allí.

La vida real, sin embargo, es un poco más complicada. Todos los clubes tienen sus ojeadores que peinan el mercado buscando cosas muy parecidas, así que es bastante complicado encontrar una ganga. Con la crisis es complicado desembolsar grandes cantidades y siempre se intenta buscar jugadores en último año de contrato, por lo que las opciones se reducen aún más. Luego está el tema de los representantes, cuyos contactos acercan o alejan a los jugadores de determinados clubes. Y habría que sumar mil factores más, pero la idea es que formar una plantilla no es nada fácil: no depende de los deseos de uno, ni siquiera de haber encontrado joyas escondidas en el mercado peruano. El dinero y los hombres se interponen siempre.

Y luego está el caso del Elche y Sapunaru, que da una vuelta de tuerca a todo lo demás. Tienes a un jugador fichado a falta de su firma, que se recorre Europa en coche para llegar a la sede del club y, cuando todo parecía estar hecho, su mujer le dice que Elche está muy lejos de Bucarest y que mejor se vuelven. Nuestro equipo ha tenido en toda su historia muchísimas negociaciones raras (en el libro del 75 aniversario hay varias anécdotas divertidas de la época de Esquitino), pero ésta tiene que ser la que más, sobre todo, porque ha terminado con final feliz (bueno, quizás no tanto para la mujer).

Y se quejaba, con razón, Escribá, hace unas semanas, de la lentitud de la directiva a la hora de buscar y rematar los fichajes. Quizás se desperdició la ventaja de haber terminado la temporada unas semanas antes de futuros rivales como Almería. Pero la historia de Sapunaru es un buen ejemplo de que a veces podemos soñar con un equipo… pero que la realidad nos recuerda lo duro que es todo.

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