Repasando

Moisés Gonzálvez | 15/05/2013 07:00 @michelangeloelx

El gran ambiente futbolero, el franjiverdismo por bandera, fue adquiriendo protagonismo con el paso de las jornadas y la rendición de las matemáticas, siendo la jaula de Villarreal el momento cumbre; donde las crónicas cuentan que el tercer gol se celebró menos que el segundo ya que se ahogó entre las lágrimas y abrazos al suponer la sentencia a 25 años de lamentos.

Durante la presente temporada he notado a faltar un ambiente más festivo en la ciudad y sobre todo en el Martínez Valero, donde hasta hace pocas jornadas la palabra ascenso estaba prohibida cual camiseta herculana y el canguelo planeaba sobre el aficionado ante un mal resultado. Temores heredados de un pasado difícil de olvidar.

Y llegaba el partido clave, el encuentro contra el Barça B. El Consejo de nuestro Elche C.F., en otro trato a las localidades del Martínez Valero como acciones de entidad bancaria intervenida, puso precios de fábula para lograr un lleno total en el coliseo franjiverde y que el equipo regresara a la Primera División por la puerta grande.

Pero mi reino por una victoria. Que nos olvidamos del fútbol. Del once contra once. Durante la previa no hubo comentarios que el ambiente mágico de nuestro estadio amedrentaría a los futbolistas del filial barcelonista. Del partido contra el Villarreal B aprendimos varias lecciones: entre otras, que a jugadores internacionales y que están rozando con la punta de los dedos la posibilidad de formar parte de la plantilla del considerado mejor equipo del mundo, no va a lograr que les tiemblen las piernas un estadio repleto ni todo lo demás.
El enfado y decepción, por llamarla de algún modo, por el empate final dio pie a comentarios despectivos sobre la competividad del rival. Algunos hasta sospecharán de una prima económica por ahogarnos la celebración. Por desgracia, estamos acostumbrados de estas últimas temporadas mediocres a que, llegando el final de liga, el Elche consiguiera la permanencia y sin ningún tipo de aspiraciones era incapaz de obtener un resultado positivo, perdiendo todos los encuentros contra equipos que si se jugaban algo.

Gracias al Barça B por competir y hacer que recuperemos un poco de fe en el fútbol. Como también gracias al Xerez por el mismo motivo, por su sorprendente victoria en Girona. Si añadimos la derrota del Alcorcón, concedieron el esperado ascenso de forma virtual, e incluso había quien aseguraba que ya era matemático.

Extraña situación que llevó al aficionado a no tener claro si debía de festejar o no. La presencia en la Glorieta del presidente del Elche C.F. dándose un baño de masas, foto por favor, chapoteo con calcetines no hizo sino liar más al personal, ya que la web oficial del club publicó un comunicado que hasta que no se consiguiera el objetivo de manera matemática no habría ningún tipo de celebración oficial.

Lástima que el ímpetu y predisposición que llevó a José Sepulcre a participar en la celebración espontánea del pueblo ilicitano no la tuviera para preveer una mejor organización para la venta y retirada de billetes y entradas para el próximo desplazamiento a Almería.
A cierre de edición, me encanta esta expresión y rara vez tengo la oportunidad de usarla, parece que la presión de la masa social franjiverde ha tenido resultado y el Consejo se ha movido para lograr más entradas.

Celebremos como bien se merece este ascenso, este hito histórico para nuestro Elche y la ciudad. Pero después, que el balón y la euforia no nos aparten de la realidad, del futuro: la renovación de jugadores y míster, el proyecto deportivo, la remodelación del estadio, el tema de las acciones, los precios de los abonos (si se confirman los rumores, escrache a la poltrona), el caso puerta cero.

Muchos asuntos de vital importancia que atender. Si están desbordados para organizar un desplazamiento a Almería, no quiero ni pensar en lo que viene.

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