El portero del gran teatro

Moisés Gonzálvez ¦ 05/12/12 07:00 @michelangeloelx

La posición más ingrata en el once titular de un equipo de fútbol. Donde envían al gordito de la clase en el cole, al peor jugador de campo, al torpe con el balón en los pies. Para mi es el valiente del grupo. Nadie quiere ocupar esa demarcación, incluso en algunas sociedades deportivas que organizan su partidillo semanal no paga la correspondiente cuota. Juega gratis porque nadie se atreve a cumplir su función. El único que puede usar las manos en el terreno de juego dentro de un área limitada, privilegio hasta cierto punto. Si de el dependiera, todos los partidos acabarían 0-0. El más cercano a la estrecha frontera que separa el triunfo del fracaso, la línea de gol, el error garrafal que sube al marcador y hunde al equipo. El que se juega el tipo, realiza su trabajo y lo llaman suerte. El que es herido por la caída del larguero y de vez en cuando sale a coger brevas o uvas, según la estación del año. También canta.

Estoy hablando, como no, de mi dorsal predilecto, el puesto más desagradecido: portero, guardameta o cancerbero, como gusten.

16 partidos, 8 goles encajados y 4 partidos consecutivos actualmente sin recoger el balón de nuestra red, es el claro reflejo de la impresionante temporada que está realizando nuestro Elche C.F. a todos los niveles.

Aunque sepamos que el trabajo defensivo es obra del conjunto, cuando el rival marca un gol, miramos de reojo a la defensa y de frente al portero.  La eterna duda, si pudo hacer algo más. Un lastre, una enorme fortaleza mental para aguantar esa presión.

A lo largo dela Historia, el Elche C.F. ha tenido grandes guardametas. Grandísimos. Con excepciones que confirman la regla, y con 75 años desde su fundación no venir a tocar las narices con Aizkorreta, Dani Mallo o Quirant, eso ya lo sabemos. Pero la portería del Campo de Altabix y del Martínez Valero siempre estuvo protegida.

Creo que por esa razón ha quedado impregnado en el aficionado, en el entorno franjiverde, una especial exigencia hacía el portero, sobre todo cuando es un nuevo fichaje. Las bromas durante la pretemporada del respetable, estilo que tal el nuevo portero, pues para el Gran Teatro va bien, o en el cine no se le cuela ni uno, forman ya parte de la cultura del seguidor del Elche, como el gol que falló Boria a puerta vacía o el monumental atasco para llegar al Martínez Valero. La cola, resumiendo.

Desconozco si Manu Herrera y Diego Rivas cortarían correctamente las entradas en el Gran Teatro, o acomodarían sin equivocar la fila y butaca a los espectadores en una sala de cine, pero con casi la primera vuelta jugada, podemos afirmar que la portería está bien cubierta.

Que el trabajo defensivo es obra de todo el equipo, pero el espectador de lujo, el que ve a toda la escuadra rival de cara, es el portero, y su trabajo no consiste solamente en blocar, parar o despejar. En ocasiones un grito a tiempo, una orden, una corrección de la posición de un compañero, es fundamental para la buena defensa de la que presumimos.

Y aunque celebre los goles en solitario, aguante  insultos y provocaciones de las gradas rivales, es el número uno, el que puede estar todo un partido casi sin intervenir y después emplearse a fondo, volar, sacar una mano imposible, en frío, reflejos como un espejo, tal como demostró con la prodigiosa parada que realizó en el descuento del encuentro contra el Villarreal.

Es una función invisible, desapercibida. Cuando ataja una ocasión peligrosa, resoplamos y a olvidar enseguida lo ocurrido, no queremos ni pensar en que hubiera sucedido sin el acierto del meta.

El balón, cuanto más lejos de nuestro área mejor, y por tanto, cuando menos intervenga en el juego el portero, mayor alegría. Que no se le recuerde ni nombre durante el encuentro, es buena señal. Que distinto a los jugadores de campo, de verdad. Lo dicho, una posición difícil y desagradecida.

Nuestro Elche C.F. que está batiendo récords, mantiene una solidez tanto defensiva como ofensiva, gracias a unos pilares fundamentales, y uno de estos es el portero. Detrás de un gran equipo, siempre hubo un cancerbero de categoría. Que el resto de futbolistas cumplen a la perfección y son igual de importantes, pero cuando el balón ronda nuestra área, aquel niño que decidió jugar donde a sus amiguitos les daba pavor por si recibían un balonazo, es ahora Manu Herrera, el último responsable, quién vela para que la línea de gol solo la traspase el viento, y con su permiso.

Si al final de esta temporada llegamos a alcanzar la gloria, se hablará del equipo, del plantel técnico, de los goleadores. También habrá que valorar las paradas, las voces y gritos, la portería a cero; todo forma parte de este proyecto que marcha por el buen camino haciala PrimeraDivisión.

¿Qué te crees? Ya me gustaría ver al Manu Herrera ese aquí, cortando entradas y vigilando que no se cuele nadie, que no es tan fácil, ¿sabes?

El portero del Gran Teatro.

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