Poniendo en duda al sabio

Santiago Martínez | 05/04/2013 07:00 @penflexiones
OPINIÓN. Luis Aragonés. El Sabio de Hortaleza. El entrenador español con más experiencia en los banquillos, respetado y admirado por todo el fútbol español. El que puso los cimientos de la época dorada de la selección española en aquella Eurocopa de 2008.
Cuenta con miles de anécdotas, batallitas, chascarrillos y lecciones. Una de las más recordadas es esa frase de que las ligas se ganan en los diez últimos partidos. Que todo lo hecho hasta entonces de poco vale, porque los objetivos se consiguen o se pierden en ese período.
Evidentemente no le falta razón al señor Aragonés. Esas diez jornadas son especiales. Es el momento en el que todos los equipos se la juegan, el momento en el que no hay margen de error y cada tropiezo se paga muy caro. Donde los equipos se pueden caer físicamente o cuando la máxima presión atenaza las piernas y las cabezas de los futbolistas. Un tramo especial, sin duda.
Y en estas llega el Elche de Fran Escribá, con su temporada histórica, y hasta se atreve a poner en duda la teoría del Sabio. Tambalearla, porque no la llega a echar por tierra. Sólo faltaría que antes de estas diez últimas jornadas hubiese conseguido matemáticamente el objetivo.
Está claro que el ansiado ascenso se debe conseguir en esta última decena de partidos, pero a ojos de cualquier aficionado al fútbol de fuera de Elche, y también de algunos ilicitanos (cada vez más), el objetivo está virtualmente cumplido.
Y es que, con los números en la mano, el Elche le saca a estas alturas trece puntos al tercero, lo que corresponde a cinco partidos, cinco pinchazos permitidos a falta de diez partidos. Un equipo que ha perdido cuatro en los primeros treintaidós.
Si esto fuese una carrera de fórmula uno, no es que saliésemos en la pole position de esta carrera de diez vueltas, es que los demás pilotos empezarían a rodar cuando nosotros ya llevásemos cinco giros completados.
Somos el estudiante que ha hecho los deberes todos los días desde que ha empezado el curso. Además, después de hacerlos estudiábamos un par de horas, para afianzar lo que nos habían explicado en clase. Hemos hecho todos los trabajos voluntarios y hemos aprobado con nota todos los exámenes parciales.
Somos el alumno aventajado que se ha atrevido a poner en duda al Sabio.

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