PERFIL | Víctor Orta: pura devoción por profesión

por @pedroortuno

El nuevo director deportivo del Elche es un lunático del fútbol desde chaval, cuando el Mundial de México, en 1986, desató su pasión. Hasta el punto de tragarse una media de 30 partidos a la semana o esperar durante cinco horas por un autógrafo de Juan Carlos Valerón, aunque señala como ídolo absoluto a Marco van Basten. Nunca imaginó en aquello una salida laboral. De hecho se formó como entrenador sin más recorrido que darse cuenta de que no era capaz de mandar a nadie a la grada. Pero la acabó encontrando y transformó esa devoción, la que le inspiraba para escribir sesudos artículos publicados en diversos medios en los que ejercía de analista internacional, en su profesión actual con asombrosa precocidad.

Pese a su corta edad, 36 años, su nombre es, desde hace tiempo, altamente reconocido en el panorama balompédico europeo avalado por una trayectoria siempre en sentido ascendente. Las especializadas intervenciones periodísticas de aquel joven madrileño, también en retransmisiones televisivas, intercaladas con tareas de representación en una multinacional, llamaron pronto la atención y con 27 años ya pertenecía a una secretaría técnica profesional: la del Real Valladolid, de Segunda División. El primero que confió en sus posibilidades de la mano de José Luis Pérez Caminero, con quien conectó desde el principio. Acusado de purista del juego técnico y vistoso, y de falta de equilibrio para la categoría, el equipo terminó el campeonato en media tabla, lejos del ascenso marcado como objetivo y que el Pucela, con el molde de Caminero y Orta, consiguió en la campaña siguiente. Aún con pobres resultados en su estreno, tardó una temporada en atraer a los grandes y ante las ofertas de Sevilla y Valencia su buena relación personal con Monchi le hizo decantarse y suplió a Antonio Fernández Marchán como responsable técnico ‘número dos’ en la entidad presidida por José María Del Nido.

Firmó por tres años, como el contrato que ha acordado con el Elche, y los otros cuatro que estuvo en Nervión fueron renovados uno a uno en el periplo contemporáneo más exitoso en la historia rojiblanca. Con Víctor Orta en sus despachos, definido allí como un hombre de club ultradefensor del mérito colectivo, el cuadro del Sánchez Pizjuán conquistó una Copa de la UEFA –la segunda de los hispalenses-, dos Copas del Rey, una Supercopa de España y otra de Europa. A un ritmo de aprendizaje de master por día, como describe la andadura al lado de su ya amigo Monchi, era el encargado de viajar, redactar informes y cribar futbolistas de todo el mundo para beneficio del primer equipo y poseía un papel específico en la planificación del filial con miras de futuro, para el que gestó directamente los fichajes de promesas tales como Diego Perotti o Lucas Trecarichi.

En Sevilla echó raíces: tuvo un hijo y el sevillismo le caló, pero el verano pasado decidió romper con la sensación de acomodo que sentía y atender, en busca de nuevos retos, la brutal predilección por su persona de Dietmar Beiersdorfer, director deportivo del Zenit de San Petersburgo ruso, y que ahora, hasta última hora, ha intentado entrometerse en la negociación mantenida con José Sepulcre para llevarlo nuevamente consigo al Hamburgo, su próximo destino. Antes había rechazado ofertas de prestigio procedentes de la Juventus de Turín, la Fiorentina y un suculento contrato desde Catar. En el Martínez Valero asumirá por vez primera la aventura de liderar un proyecto, el de la consolidación franjiverde en la élite nacional.

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