La soledad del corredor de fondo, la infidelidad del gol y el Oráculo de Delfos

 Óscar Gómez «Pedja» ¦ 15/11/12 08:00 @pedjafranjiverd

En Jérez de la Frontera, el Elche estuvo, valga la redundancia, en la frontera de la victoria, muy cerca de ella. Pero no fue posible romper en la capital del Flamenco la mala racha que tenemos últimamente de cara a portería. Tenemos la pólvora mojada. Nos hemos dejado el olfato para el gol encima del piano. Hemos perdido el instinto asesino. Al Dátil Mecánico se le están acabando las pilas ofensivamente y cada vez es más humano, en cuanto a los últimos metros se refiere.

El partido se jugó en un campo de fútbol que más que un patatal, era un hipódromo, el Hipódromo de Chapín, en el que pastan a sus anchas los caballos de raza cartujana, trotando y galopando más a gusto que en brazos. El estado del terreno de juego no hacía presagiar buenos augurios para nuestro equipo, amigo de los buenos tapetes sobre los que poner en marcha su juego de combinación, posesión y toque.

El partido fue muy malo y muy trabado, con dominio total del Elche pero malo de solemnidad. Ni siquiera me gustó a mí, que, ávido de fútbol de cualquier pelaje u origen, soy capaz de meterme un Chacarita-River entre pecho y espalda.

Y qué decir del rival, del Xerez del Boquerón, ramplón y asustadizo, adoleciendo de ambición alguna, sin disparar una sola vez a la portería ilicitana y utilizando la mano con la que atizaron al Hércules la jornada anterior para tapar esta vez sus vergüenzas.

Está claro y es más que evidente que al líder todo se le pone complicado. Es la soledad del corredor de fondo. Esto es muy largo, una maratón de 42 partidos, y nadie dijo que fuera a ser fácil. El éxito radica en saber gestionar los buenos momentos pero, sobre todo, los malos momentos. Ante el líder los rivales permanecen a la espera y ceden el cetro de mando del partido sin problema ni pudor alguno, las lesiones se están cebando con la plantilla, el estado físico de algunos jugadores no es el óptimo, el banquillo no acaba de aportar lo esperado y tampoco nos acompaña la suerte en momentos puntuales.

Siguiendo con el símil maratoniano, el equipo tiene que dosificarse y saber solventar los pequeños baches físicos y, sobre todo, anímicos. Si tenemos buenas piernas, entrenamos las largas distancias, seguimos una correcta y rica dieta en carbohidratos y respetamos el paso de carrera, todo irá bien.

En cambio, si no superamos los baches y no respetamos las premisas marcadas anteriormente, llegaremos, por allá por la jornada 30, a golpear “La Pared”. Y bien saben los que han corrido alguna vez una Maratón que cuando se golpea “La Pared”, ya no se supera. El año pasado no es que la golpeáramos, es que nos dimos de bruces con ella, dejándonos la nariz y toda la dentadura, y arrastrándonos penosamente durante los últimos kilómetros hasta la meta.

Debemos aprender de los errores de otras temporadas, equipo y afición, y saber superar juntos los malos momentos. Como dijo George Bernard Shaw, “El hombre aprende de la historia que el hombre no aprende de la historia”. Llevémosle la contraria a este gran escritor irlandés y demostremos aprender de los tropiezos.

La mala suerte con las últimas decisiones arbitrales está personificada en el onubense Fidel Chaves, al que ya le han anulado 3 goles. Fidel está sufriendo, paradójica y curiosamente, llevándole la contraria a su nombre, la InFIDELidad del gol. El gol le está poniendo los cuernos y le hace más ojitos a otros que a él, todo aderezado y salpimentado con la complicidad, miopía y ayuda del trencilla de turno.

En esta ocasión, el arbitro murciano Sánchez Martínez, con nombre de magdalena, más delgado que la radiografía de un silbido y que perfectamente podía haber sustituido a Adrien Brody en las escenas peligrosas de la película “Manolete”, nos dio una estocada mortal no dando por bueno un gol fantasma que tenía toda la pinta de haber entrado. Pasamos de Rompetechos en Lugo a Manolete Gafotas en la cuna del motociclismo. ¿Será Ocón Arráiz el Stevie Wonder riojano contra el Alcorcón? Esperemos que no.

Así las cosas, ya está abierto en nuestra ciudad nuevamente el duelo a muerte entre los pesimistas más acérrimos y los optimistas más ilusionados. Hace varias semanas todo apuntaba a que íbamos a subir de calle a primera división, superando todos los registros imaginables y burlándonos de los rivales. Ahora parece que nos vamos a deshinchar como un globo, que los astros se van a alinear para abocarnos al averno balompédico y que la temporada se nos va a hacer más larga que la mili a Rambo. Ni tanto ni tan calvo. Ni antes éramos el Bayern de Munich de Beckenbauer ni ahora somos el Rayo Ibense.

Todo puede ocurrir todavía, quedan puntos suficientes para cualquier situación o circunstancia. Quedan, como diría aquel, más días que longanizas. Pero, mal que les pese a algunos, seguimos líderes. Esto es muy duro, pero es muy duro para todos. Y solo aguantarán arriba los más fuertes. Yo elijo firmemente aferrarme a las palabras de Pablo Neruda, “Queda prohibido no sonreir a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños”.

Solo el Oráculo de Delfos sabe cual es el futuro de este equipo a final de temporada. Habría que desplazarse hasta tierras helenas para preguntarle. Pero prefiero seguir aquí, apoyando y viviendo el día a día, sin mirar mucho más allá. Y quién sabe donde estaremos en el mes de Junio. Igual hay un meteorito allí, en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, que hace siglos llevó a cabo un imperceptible cambio de órbita y que más pronto que tarde le traerá inexorablemente a chocar con la Tierra, acabando con la especie humana y, por ende, con nuestro soñado ascenso.

Y ni siquiera Juan Carlos Ramírez, en su afán por recuperar lo invertido, podría, a lo Bruce Willis en Armaggedon, destruir el meteorito y salvar a la humanidad.

Ánimo, Gregory, Nous sommes avec toi.

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