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La victoria de ayer fue épica. Épica e importantísima. Nos permitió acabar la jornada alejados del descenso justo antes de recibir al equipo más sólido del campeonato. A pesar de las numerosas bajas y el devenir de los hechos, se logró la hazaña. Tras un asedio tremendo por parte valencianista, se mantuvo el 0-0 y se cumplió eso de que el que perdona lo acaba pagando.

Salió el Elche en 4-1-4-1 con Rivera en lugar de Rubén Pérez y Stevanovic en derecha. Al parecer, no era conveniente que Coro jugase 90 minutos, y el Elche expuso muy poco fútbol. Falto de determinación, presencia y enlace en 3/4, los franjiverdes la jugaban en largo con frecuencia, la perdían rápido y se veían forzados a soportar las embestidas de un Valencia comandado por un buen Parejo, que filtraba por dentro para que Canales abriera puertas y activaba los costados para que Fede y Pabón inquietaran y los laterales llegaran al pico del área. Tras librarse de serias ocasiones en contra, un buen pase de Rivera puso en ventaja a Fidel, que chutó abajo a las manos de Diego Alves. Nada más hasta el pitido de Undiano.

En la segunda mitad, Escribá decidió retrasar algo las líneas para defender mejor la fluidez exhibida por parte visitante, pero a su vez adelantó a Javi Márquez para enlazar más con el ataque, dejando atrás a un doble pivote en el que Rivera volvió a demostrar que puede ser de gran utilidad. Pero fue Coro el que cambió las cosas en gran medida. Su entrada por Stevanovic propició más situaciones en campo rival: mezcló aperturas a banda con entradas al área, combinó con Damián y participó en la creación de ambos goles. El primero, un centro de Albacar que cabecea un Fidel que siempre da bastante más de lo que resta. Tras él, un discreto Boakye fue sustituido por Mantecón, que envió arriba a Coro. El equipo volvió a recular demasiado y el gol de los de Djukic acabó llegando: lo merecían. Pero Fran recompuso al grupo haciendo debutar a Cristian Herrera, que entró por Márquez para pasar al 4-4-2 final. Su gol acabó con las buenas intenciones del rival y redondeó un debut inmejorable. Ya tocaba lograr una victoria «inmerecida».

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