Sin cicatríz

Moisés Gonzálvez | 13/03/13 00:10 @michelangeloelx

OPINIÓN.  ¿Quién nos lo iba a decir? 16 jornadas después nuestro Elche C.F. volvió a hincar la rodilla, perder un partido, el primero en casa, tres derrotas hasta ahora, orgullo. Contra el Mirandés, un plantel de la parte baja de la clasificación, rival indirecto en cuanto a objetivos pero que juega en nuestra liga, tres puntos con el mismo valor, que dan un poco de aire al cuadro castellano y que de paso hunde a nuestros vecinos. Que nos conocemos, compis. El que no se consuela, pues eso.

0-1, resultado justo, sin excusas ni reproches. El Mirandés aprovechó su ocasión para adelantarse en el marcador. Mas nuestro Elche C.F. también las tuvo pero no acertó de cara a puerta.

Tanto por el juego desplegado como por las ocasiones de gol creadas tenemos claro que no hay que entrar en ningún tipo de alarma o catarsis. Siguiendo este camino, llegaremos a la gloria más pronto que tarde.

Pero los de siempre, los ‘senisos’, los agoreros, aquellos que llevaban semanas vaticinando la derrota y se comían sus palabras a base de golazos, casta, buen juego y liderato, han aprovechado para asomar la cabeza y alzar la voz.

Espejismos, victorias injustas, la suerte del campeón finaliza, demasiado público en el coliseo ilicitano, la pésima gestión del Consejo influye en los jugadores, son algunos de los argumentos tremendistas para vaticinar el desastre, predicar con el miedo y la cagalera, perdón con la vulgaridad, cuando el equipo no logre ganar en casa del Numancia y el siguiente partido como local sea a cara de perro contra un Murcia que se lo juega todo. Y el derrumbe, a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, tanto los altavoces mediáticos como el grueso de la masa social franjiverde hacen oídos sordos, no dan ningún tipo de validez a estos argumentos extremistas. Si algo ha demostrado este equipo, es una regularidad, juego y categoría para aguantar todo tipo de presión y continuar sumando puntos en el casillero.

El vudú aplicado esta temporada logró por fin lo inaudito: que la derrota contra el Mirandés sea aceptada como un accidente, un tropezón. Una pequeña herida ya cauterizada, con la atronadora ovación del respetable cuando finalizó el encuentro, que no dejará ningún tipo de cicatriz en el alma del aficionado y menos en la del vestuario, los jugadores y cuerpo técnico.

No es un punto de inflexión. No estamos antes el principio del fin. No se desinfla el proyecto. Pasamos página, a por el siguiente rival y a continuar la línea marcada desde la primera posición: partido a partido, meta a meta.

Próxima estación, el estadio Los Pajaritos de Soria. Un desplazamiento terrible, pésimo para nuestros intereses; otro demonio a exorcizar por los nuestros. Unas semanas atrás, en esta misma columna, servidor anunciaba las ganas de abandonarla Segunda División para siempre, ajustando cuentas con esos equipos y desplazamientos que nos hicieron morder el polvo tantas veces. Pues esta jornada toca repetir la hazaña de Huelva, saldar la historia de enfrentamientos con el Numancia con una victoria franjiverde.

De sobra sabemos de lo que son capaces. Respeto. Honor. ¿Dudar de este Elche? Jamás. Ya ningún golpe nos dejará KO y encajaremos todavía alguno más, pero nos alzaremos de nuevo. Con la herida curada, sin cicatriz. Porque estamos llamados al éxito, ala PrimeraDivisión

Y pobre del que quiera robarnos la ilusión.

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