Salvar la cabeza

El punto no es bueno, pero es que la derrota era catastrófica. Lo del resultado de este partido contra el Córdoba viene a ser como el macho de mantis religiosa que no se tira a una compañera: no ha tenido sexo, pero al menos conserva la cabeza. O traducido a tópico de fútbol, si no puedes ganar a un rival directo, al menos no pierdas. Vamos, que uno no sabe muy bien con qué quedarse después de un encuentro así y tantas emociones.

La mejor noticia es haber conseguido cuando todo estaba perdido y me amenazaba a mí mismo con abandonar el bar en el que estaba y la media cerveza (de dudosa calidad) que me quedaba; lo que viene a ser el equivalente para los que estamos fuera de abandonar el Martínez Valero y enfilar hacia los tornos en plan “para lo que hay que ver y además me ahorro la cola”. Tiene mérito recuperarse de un mazazo como fue ese segundo gol en contra y hacerlo de una manera tan rápida: habla de que el equipo no está muerto y todavía responde, más allá de que nos guste o no la respuesta.

La segunda buena noticia es, como siempre, Jonathas; a quien habrá que empezar a invitar a todos los bandos de fiestas y hasta ponerle de Virgen en el Misteri, porque sabemos que va a cumplir y porque hoy por hoy es el principal sostén del equipo. Tanta dependencia de un jugador, claro, tiene su lado perverso: no sólo porque deberíamos reventar la demanda mundial de velas rezando para que no se lesione, sino porque no dice nada bueno de nuestro juego colectivo.

Justo cuando el equipo llevaba una progresión hacia una mayor seguridad defensiva, el colista nos ha marcado dos y hemos conseguido que Martino se piense colocar a Fede Cartabia en vez de a Messi de titular en Argentina. Que un equipo tan tierno como el Córdoba nos ponga en aprietos tan serios y anote con tanta facilidad no augura nada bueno. Desde el otro lado tampoco pueden estar muy tranquilos: que te remonte dos goles un equipo que este domingo se ha mostrado tan limitado en recursos tampoco es para respirar tranquilos.

El caso es que, como sea, hemos sobrevivido a una situación que amenazaba con ser catastrófica, con un guión que parecía en sus inicios escrito por el peor seniso: penalti fallado y gol en contra de Fidel. Con ese comienzo, casi podemos estar contentos con ese final. Final que, por supuesto, me quedé viendo en el bar. Eso sí, la media cerveza que me quedaba se quedó allí; porque bastante sufrimiento tuve con el Elche como para tener que tragar ese brebaje.

Compartir esta entrada: