Pinta mal

Hay que ser optimistas, claro que sí. No podemos tirar por la borda toda la temporada cuando todavía no hemos llegado a noviembre. Encima nos ha tocado visitar campos como el Camp Nou, el Bernabéu y Mestalla y nos ha visitado un equipo que está en lo más alto como el Sevilla. Todo eso es verdad. Queda mucho y he visto salvarse a equipos que estaban totalmente desahuciados en Navidad, aunque en el ejemplo se incluya al Zaragoza de hace unos años, que (presuntamente) reventó los precios de la venta de partidos como quien va al kiosko a comprar un chupachups Kojak (que en paz descansen) por 50 euros.

Todavía puede pasar de todo, por supuesto, porque apenas llevamos un tercio de temporada y “esto no es como empieza, sino como acaba” y “los campeonatos se deciden en las últimas diez jornadas” y todos esos tópicos que lanzamos para autoconvencernos. Pero, la verdad, las señales son muy preocupantes, porque uno siente que al equipo le falta lo principal: alma. Alma o intensidad o garra o mordiente o como quiera que se llame esa cosa que no sale en las estadísticas, pero que definen las ganas de comerse el mundo, al rival y al balón. Al final, se gana y se pierde porque hay muchos mejores equipos que el nuestro, pero da la sensación de que se tira la toalla muy pronto, como si saliéramos derrotados de antemano. Y muy mal lo ha tenido que ver Escribá, una de las personas más tranquilas del universo, para destapar en rueda de prensa ese bajón y denunciar que hay jugadores que se duermen en la defensa del balón parado, precisamente en el momento en el que nadie puede despistarse. Porque no fueron ni una, ni dos, sino tres las veces que nos pilló el Valencia en un córner.

Esta vez no nos podemos escudar en el árbitro ni en el césped ni en nada exterior al equipo. Perdimos contra un rival superior al que, encima, le dimos facilidades para que se llevara la victoria sin demasiados apuros, no fuéramos a aguar la fiesta de bienvenida de Peter Lim y Negredo. Pero lo realmente preocupante es que en ningún momento dimos la sensación de poder molestar a los vecinos de arriba, más allá de alguna arrancada de Garry al inicio del partido. Y no hay, precisamente, fondo de armario para que Escribá pueda emprender una “revolución en la alineación”: hay lo que hay y bastante se hace con sacarle todo el jugo que se puede.

Veremos qué sucede. Hay jugadores muy salvables en el equipo, como Jonathas o Enzo Roco. De Escribá, un tipo que nos ascendió y nos mantuvo el año pasado, no se puede decir nada malo. Y, en el peor de los casos, equipos como Levante o Córdoba (y quién sabe si la Real…) parecen empeñados en sufrir igual que nosotros. La cosa pinta muy mal, pero aún queda mucho. Y ya que estamos con tópicos, uno más para animarnos: la próxima jornada “nos visita el Espanyol, un equipo de nuestra liga”.

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