PABLO VERDÚ | Mi derbi, mi madre

Rc Sala de Juegos Ferreteria Els Ferrers

No me resulta nada fácil enfocar en un solo derbi. Por tradición familiar, mi niñez y mi infancia están unidas a cabinas de prensa, sesiones de entrenamiento y entrevistas a jugadores de uno y otro equipo. Crecí escuchando en casa la trascendencia y rivalidad de los Elche-Hércules y notaba como mi padre, cuando llegaba el día del partido, se tensaba como un arco porque como periodista y alicantino sabía que era uno de los dos días más grandes del año.

A mediados de los 70, los ojos de toda España miraban a la provincia cada vez que había un clásico. Tengo algún recuerdo del viejo Altabix, jugando por los palcos mientras mi padre estaba en su cabina de la Cadena SER y mi madre sufría por el resultado y, sobre todo, para que no me cayera por las escaleras. He visto de todo. Victorias de uno y otro, empates emotivos e insulsos, goleadas… E incluso derbis en campos neutrales, como en Benidorm o Sant Joan, jugados con la misma pasión e intensidad que en sus escenarios habituales.

Por cuestiones sentimentales, ahora que se acerca el Día de la Madre, me quedo con el último partido que, posiblemente, vi junto a la mía en una grada. Fue en un partido de Copa del Rey, en el Martínez Valero. Recuerdo que era enero, en una noche de perros con lluvia, viento y frío. Ganó y remontó el Elche (2-0) la derrota mínima sufrida días antes en Alicante.

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Me acuerdo vagamente de los goles, de los papelitos y las bolsas de plástico volando por el campo y de las peleas en la grada entre seguidores de ambos equipos. Alguna de esas trifulcas, con puñetazos y caídas de hinchas por la tribuna, nos pasó muy cerca. Ese derbi, ganado con notable autoridad por el Elche sobre el césped, no permanece en mi memoria por lo futbolístico ni por la calidad de los jugadores que lo disputaron, sino por otras cuestiones sentimentales que no les costará esfuerzo imaginar.

Aquel derbi fue y será irrepetible por la compañía. Mi madre me llevó la cena, me protegió de la lluvia y del viento y me dio calor con su abrigo. Juro que no hay vez que me acerque a esa tribuna para ver un entrenamiento y no me acuerde de aquel día. Y mucho más cuando se avecina un Elche-Hércules.

Ella, alicantina y herculana, sufría lo suyo en estos partidos, pero era deportiva y la primera en admitir la superioridad del rival en caso de derrota. Y más si era el Elche, al que siempre le estuvo agradecida por el trato que le dieron a mi padre, al que las diferentes directivas recibían, ya fuera en Altabix o el Martínez Valero, casi con honores de Jefe de Estado.

Así que, compañeros de Diario Franjiverde, entenderéis que en esta ocasión no hable de goles, jugadas o futbolistas, sino de algo más íntimo. Porque estos partidos no sólo son especiales por la rivalidad, el color de las gradas y lo que se ve en el césped, sino por quién está a tu lado para compartirlo contigo. Feliz derbi y feliz Día de la Madre.

Crónica del derbi de Pablo Verdú en Mundo Deportivo:

* Pablo Verdú es periodista, con una larga trayectoria a sus espaldas. Actualmente trabaja para la Agencia EFE. Su padre, Pascual Verdú, al que menciona varias veces en el texto, fue uno de los periodistas más reconocidos de la provincia

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