Opinión de Monserrate Hernández

MONSERRATE HERNÁNDEZ | El derbi que cambió la historia

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Quien me conoce sabe que acostumbro a preguntar entre mi entorno qué cosas hemos hecho mal para poder advertirlas y corregirlas de cara al futuro. Considero que de nada sirve regocijarse del trabajo bien hecho puesto que, más allá de la satisfacción del momento, no nos permite avanzar en nuestro trayecto personal.

Recuerdo esto porque es bonito para Elche y Hércules rememorar las fechas señaladas de sus grandes tardes. Mucho más si hablamos de un derbi. La rivalidad, bien entendida, debe ser sana y sirve de motivación para entidades, vestuarios y aficiones. Sin embargo, regodearse de los éxitos te puede empujar al precipicio del sonrojo cuando el resultado cambie de signo. Mejor no escupir hacia arriba.

Marco el contexto para explicar por qué ahora me remonto al 3 de octubre de 2009. Ese día el Elche CF sufrió uno de los mayores bochornos en un campo de fútbol ante su eterno rival. El Hércules CF goleó sin piedad al conjunto ilicitano (3-0) y comenzó a enfilar el camino hacia el ascenso a Primera División. El hat trick de Andrija Delibašić ruborizó a un equipo que había comenzado mal la temporada y que se vio obligado a cambiar de técnico a raíz de aquel resultado.

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Claudio, uno de los grandes ídolos y referentes del Elche CF, estuvo en la grada del Rico Pérez por sanción y en el banquillo sufrió de pie su segundo, el ilicitano Ramón Villagordo. Era la sexta jornada de liga y aquel doloroso batacazo hizo saltar por los aires el proyecto deportivo con el que el club del Martínez Valero inició la temporada. Juan Carlos Ramírez, entonces consejero delegado del Elche CF, destituyó a Claudio y apostó por José Bordalás – Pepe para los amigos – como su relevo en el banquillo. De aquel duelo aún quedan protagonistas: Peña sigue de capitán en el Hércules mientras que Samuel y Juli han cambiado de bando. Ahora presumen de su amor por el Hércules igual que antes lo hacían con el Elche.

Aquella decisión propició un giro en el rumbo en el Elche. La llegada de Bordalás activó el chip ganador de una entidad que se había malacostumbrado a conformarse con la permanencia en Segunda División durante los años precedentes. El técnico alicantino encontró en el club franjiverde la horma de su zapato y relanzó definitivamente su carrera profesional. Ahora es uno de los entrenadores de moda en el fútbol español. Tiene al Getafe a las puertas de Europa y parece que ha llegado a la elite para quedarse. Pepe salió del Hércules por la puerta de atrás, como Pacheta, y tuvo que acabar en el enemigo para encontrar el cariño, el abrigo y el reconocimiento del que ahora presume el actual técnico del Elche.

Con Bordalás, tras aquella bofetada con la mano abierta sufrido en el derbi ante el Hércules, el equipo hizo una temporada espectacular y se clasificó sexto. Llenó el Martínez Valero frente al Villarreal B y solo algún resbalón inesperado le apeó de la lucha final por el éxito de un ascenso que sí disfrutó el Hércules. Aquello cambió la historia reciente. Los alicantinos hicieron un equipazo para jugar en Primera División (Trezeguet, Valdez, Drenthe, Tiago…) y se ahogaron de éxito. Descendieron al primer año y acabaron en Segunda División B tres años después. Ahí siguen, después de cuatro temporadas consecutivas. Solo en una fueron líderes, con Pacheta, y solo en una se quedaron a las puertas del ascenso, con Claudio. La vida.

El derbi de vuelta de aquella temporada terminó con victoria del Elche, por 2-0, con unos 8.000 herculanos en el anillo superior. Este domingo apenas serán un par de centenares de incondicionales. Máximo respeto para ellos. Fernando Usero y Jorge Molina, a quien Bordalás cuidó en secreto para reaparecer en la cita señalada, provocaron el delirio en el Martínez Valero. Por allí andaba un chico llamado Wakaso. Pagaría por verle de nuevo de blanco y verde haciendo kilómetros en un partido de alta tensión como este. Qué recuerdos.

El caso es que en un derbi se juegan mucho más que tres puntos. Por ejemplo, nadie olvidará en Elche a Noel Williams por haber marcado aquel gol que dio la victoria en el Rico Pérez. O que Paquito recogió del césped del Martínez Valero una lata de cerveza lanzada desde la grada para darle un trago antes de devolverla al suelo. Son imágenes para siempre que se graban con la tinta de la rivalidad y que siempre van a sobrevivir al paso de los años, por mucho tiempo que pase.

Ahora de lo que deben tratar Elche y Hércules es de aprovechar este encuentro para marcar un punto de inflexión en sus trayectorias. Los ilicitanos han ido de mal en peor desde que se cayeron de Primera. La llegada de Pacheta, hace dos meses, ha supuesto un halo de esperanza. La inyección de moral que supondría vencer en este partido daría alas de cara al playoff. También podría suceder al contrario, pero mejor no pensarlo. Y el Hércules necesita cambiar su destino. No va a llegar a la promoción. Y puede que ni a la Copa. Pero pase lo que pase en este partido debe afrontarlo como punto de apoyo para impulsarse hacia el futuro sin los errores del pasado más reciente.

Un derbi es un derbi. Veremos qué herencia nos deja el de este año, aunque ojalá cambie esta historia del presente y nos devuelva un derbi de Primera División. Algo que, por cierto, yo ya no recuerdo.

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