Manu

 

Chimo Baeza |  10/07/2013 00:01  @chimoeneas

OPINIÓN .  Los aficionados al fútbol somos así, tenemos manías. Manías, además, tontas y venenosas. Quizás también porque, como dijo el gran Lillo, “el fútbol es incientífico”. Al contrario que en la ciencia, donde existen leyes y los experimentos obtienen los mismos resultados si seguimos los mismos pasos, en este deporte lo que unos días vale, al otro no y el que lo petaba impresionantemente en un club, resulta ser un paquete tras su fichaje por otro. O al revés, que de todo hay. Si gurús que se pasan la vida viendo fútbol hasta de la segunda juvenil de Ucrania, se equivocan, qué será de los que nos acercamos a este deporte sólo por afición. Y pasa que, como el fútbol es imposible de comprender, nos llenamos de prejuicios, de conclusiones precipitadas pero definitivas, que repetimos una y otra vez, aunque la realidad que tenemos delante de nuestras narices nos diga que no.

Lo digo por Manu del Moral, una de nuestras primeras incorporaciones para el duro año que nos espera. Y lo digo por mí. A Manu, con su larga trayectoria en Primera, lo habré visto jugar varias veces, en esos partidos que están de fondo en la tele del bar y uno le pega un vistazo cada cuanto. Y a pesar de eso, de entrada, por simple manía, lo tacho de pechofrío, de jugador sin sangre, de jugador youtube. Un Guti o un Riquelme, para entendernos. Sé que tiene una calidad brutal, como demostró en Getafe y en su primer año en Sevilla, que llegó a la Selección, que es polivante, que sin ser delantero asegura unos diez goles por temporada, pero los prejuicios son difíciles de sacar… sobre todo si la noticia de la cesión te la cuentan amigos sevillistas muy contentos por ver al pobre de Manu lejos del Pizjuán.

Pero lo bueno de todo esto es que el fútbol, como acabamos de decir, no es nada científico. Al menos para los aficionados del montón como yo, todo pasa por el corazón y eso anula cualquier opinión basada mínimamente en el coco. Y así, un jugador que me dejaba totalmente indiferente (o algo peor), ahora es de los míos y por lo tanto (atención a la conclusión estilo Descartes) está entre los mejores del mundo y hay que apoyarlo a morir. Es un razonamiento que haría reír a muchos niños de parvulitos… pero el fútbol no deja de ser el último espacio que nos queda para ese tipo de ilusiones. Aparte, tiene cierta base real: que el último año de Manu del Moral haya sido desastre en Sevilla, no quiere decir que lo tenga que ser en Elche. Los equipos de fútbol son un ecosistema más delicado que Doñana y El Hondo juntos y los jugadores, por sistema de juego, por compañeros o simplemente por estar a gusto personalmente, pueden rendir en un club lo que no pudieron hacer en otro. Que le pregunten, por ejemplo, a Damián por el Sporting de Gijón. El fútbol es muy raro, parece.

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