ÓSCAR ATO | Ilustres castigados

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En la vida, a menudo cometemos injusticias. Los seguidores del Elche CF, obviamente, no nos libramos de la quema. Me viene a la cabeza el caso de Rubén Baraja, que ha igualado el récord histórico de victorias consecutivas en el Sporting de Gijón. Diría que, si su sintonía con nuestra afición hubiese sido más amable, él hubiese renovado su contrato.

Su estilo no agradaba a muchos, y sí, quizá se vio muy ayudado por el olfato de Sergio León para conseguir la permanencia de manera holgada y asomarse a la lucha por el playoff, pero uno revisa lo que vivimos después y se hace difícil no poner en valor aquel bloque sólido, unido y eficiente. Claro que ahora ‘el Pipo’, con la experiencia adquirida, es mejor entrenador, pero ya entonces era un trabajador nato que a base de ensayos, aciertos y errores caminaba en la buena senda.

Otro perjudicado por nuestras frustraciones fue Pelayo Novo, al que todos apoyamos tras su triste accidente. El asturiano, de desempeño irregular sobre el campo, peleó siempre como el que más mientras defendió esta camiseta, honrándola. Es por ello que nunca mereció sentir como una losa el graderío del Martínez Valero. Por un indeseable motivo, el cariño que está recibiendo del fútbol español y de los ilicitanos en particular le hace justicia en cierto modo.

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No por nosotros, si no por la mala fortuna (llámale fuerza, llámale energía), Gabriel Corozo está siendo castigado actualmente. El joven lateral ecuatoriano atraviesa un calvario de lesiones, como si en él recayera una ley no escrita que dijera que jugar en el Elche a préstamo procedente del Granada no es posible. Y el chico no tiene la culpa de operaciones rocambolescas. Como a Pelayo, le mandamos muchos ánimos.

Pero si alguien sabe de castigos –y quizá esto explique algunas conductas ocasionales– es la afición franjiverde. La última jugada de la directiva ha consistido en aprovechar la victoria a domicilio contra el Formentera y las visitas de Mallorca y Hércules en el tramo final liguero para hacer pasar por caja a los fieles. Y ya sabemos que para regalar invitaciones al aficionado estacional  –al que respeto, sobre todo si es respetuoso– siempre hay tiempo. Si Pacheta quería meter a 10.000 personas en el estadio el próximo domingo, se le está complicando la tarea.

Precisamente el técnico burgalés es uno de los que por ahora no ha sufrido al lado oscuro del entorno. Es una buena señal. Con tres victorias y tres empates, el “efecto Pacheta” suena menos a moto mal vendida y más a realidad.  Y tocará perder, claro, pero las señas de identidad que apreciamos nos gustan.

Por cierto, ¿será Sory Kaba el próximo en corroborar que nos equivocamos castigándole?

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