Gracias y hasta siempre, míster

Antes que nada: muchas gracias, Sr. Escribá. Gracias por todo, gracias por su trabajo, su emblema, su sacrificio. Gracias sentimentales, de llorar y abrazarle para despedirle con un hasta siempre, míster. Voy a hablarle de Usted, al entrenador jamás se le tutea, y hoy más que nunca le daré a la tecla con el corazón al lado del teclado.

Porque ambos sabemos que no es ni un hasta luego ni un adiós. Es un hasta siempre, aunque en su rueda de prensa de despedida haya dejado la posibilidad de regresar en el futuro. Todo lo que ha soportado, sufrido en silencio, el mal que ha padecido por la pésima gestión de un consejo que hasta se entrometió en cuestiones deportivas y aun así Usted salió victorioso, merece una salida digna y gracias por los servicios prestados. El ciclo se acabó. Como aquellos técnicos que llevan a grandes equipos a un periodo victorioso y se marchan para no volver; que mejor herencia y recuerdo que un ascenso después de lustros de sinsabores y decepciones y dos permanencias en la liga de las estrellas, que en un futuro se estudiarán en las titulaciones para entrenador de fútbol.

Gracias por exorcizar mis peores demonios: la mala racha, cagarla a última hora, no creer en mí, aprender a amar mejor al equipo. Gracias por hacerme sentir alguien importante, saber que es de verdad celebrar un triunfo en esta puta vida que he llevado, que hasta su llegada solo fueron dos ascensos desde el pozo e infames permanencias en una Segunda con 22 equipos y siete plazas en juego, tres de ascenso y cuatro de descenso, sin ambición ni exigencia. Por las generaciones perdidas que fueron incapaces de engancharse al equipo de su ciudad, gracias porque ahora hay un buen caldo de cultivo para que nuestros pequeños sean aficionados franjiverdes; en nuestra mano está aprovechar las circunstancias. Gracias por las conversaciones, el apasionante debate que ha provocado en el entorno; hacía tiempo que estos lares no se hablaba tanto de fútbol. Gracias por el liderazgo, por saber cargar y cumplir con la responsabilidad impuesta por la afición como héroe y figura del equipo, el faro que ha iluminado al franjiverdismo durante estas temporadas.

 Hemos hablado en una ocasión. Fue breve, después del partido en Villarreal, cuando prácticamente certificamos el ascenso. Llevado por la euforia, le pedí que se hiciera una foto conmigo; yo, que soy tan acomplejado y tímido para eso, no lo hice con ningún jugador, solo con Usted. Accedió amablemente y le dije: gracias, ha logrado que volvamos a creer. Gracias a vosotros, fue su respuesta. Muy profundo no parece, pero quien estuvo en la jaula de El Madrigal sabe que sucedió esa mañana primaveral, entiende la carga que hay detrás de esa conversación.

También quedará en mi recuerdo la permanencia contra el Barça, el partido en Ponferrada, en mi opinión el más épico, fútbol puro y duro, durante su ciclo, las grandes segundas vueltas, la gestión deportiva donde prácticamente ningún jugador puede quejarse de no haber tenido una oportunidad.

Y mi partido preferido: el Festa D´Elx del año 2012 contra el Almería. El amistoso que marca tendencia para la temporada de cara a la afición, junto con el de Santa Pola. EscriBá, con be de Segunda B que es donde nos va a llevar, escribían algunos. Como se la hizo, míster. Aún están asombrados, incrédulos. Como estamos todos. Nunca tendré palabras para agradecerle lo que ha hecho por mi equipo, por mi gente y por mí.

Gracias y hasta siempre, míster.

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