Epístola al optimismo

 Ya está bien de actitudes y postureos pesimistas, acomplejados y derrotistas. Ya está bien, hombre. Venimos de 3 años buenísimos a nivel deportivo, bagaje más que suficiente para haber roto muros hasta ese momento infranqueables, destrozado registros hasta entonces insuperables y hechos añicos miles de complejos, tópicos, trastornos y manías. El pasado deportivo más reciente invita al optimismo.

Otra cosa ya es el tema institucional, tema que no toca en esta primera, e impoluta y virgen en ese aspecto, columna de opinión. Ahora no es el momento.

 Que sí, que ha sido muy duro ver como empezábamos la competición en Segunda División, siendo probablemente el palo más gordo en la historia del club, un descenso administrativo tras una merecidísima permanencia deportiva y tras un interminable proceso que nos ha tenido en vilo durante muchas semanas. Insufrible. Pero ya pasó.

 Que sí, que es muy triste ver como cambian los escenarios, dejando atrás la pompa, el lujo y el floripondio de los Bernabeu, Nou Camp, Calderón, Mestalla o Pizjuán, y visitando los humildes, dicharacheros y simpáticos Santo Domingo, Butarque, Anxo Carro, Toralín o Pajaritos. Que sí, que es como pasar de actuar en el Madison Square Garden a hacerlo en el Centro Social de Carrús. Pero reconozcamos que siempre es sano volver al fútbol más modesto, visitar ciudades, aficiones y estadios con miles de historias, anécdotas y chascarrillos, alejados de la perfección y falsedad de otros lares.

 Que sí, que es un chasco y una decepción pasar de 22.000 a 11.000 abonados La decepción, la economía y los futboleros de primera son las principales causas. A todos y cada uno de los que no han vuelto les respeto y entiendo aunque no comparto su decisión. Yo soy siempre de mi equipo. Mentalidad inglesa. Pero volverán, ya volverán.

 Y es que no hay nada mejor para superar todos y cada uno de estos chascos y el trauma de este veranus horribilis que reilusionarse, hacerse a la idea, abandonar el pasado más reciente y centrarse en la realidad. De nada sirve ya lamentarse y lloriquear por las esquinas. Yo ya estoy emocionado, entregado y se me hace el culo pepsi-cola con los Nono, Espinosa, Alex Moreno, Cifu y compañía. Me ilusiono con una ligereza acojonante, lo reconozco. Soy muy facilón.

 De nosotros los aficionados depende, en la parte que nos toca, que esta situación deportiva sea pasajera y volvamos pronto a Primera. En Segunda todo es posible y no se puede renunciar a nada. Es una osadía hacer una apuesta sobre el ascenso o descenso. Es imprevisible. Son muchos años ya de experiencia en la categoría de plata como para haber aprendido la lección, viendo caer a grandes equipos y subir a aparentes medianías.

 La igualdad que domina esta competición hace que otros factores, como el estadio, la afición, el entrenador, el grupo, el contexto, tengan mucho peso, mucho más que en Primera, donde el buen trabajo, las buenas praxis y otros factores sociales y psicológicos quedan reducidos prácticamente a la nada ante los grandes presupuestos.

En Segunda, un trabajo global, completo y coral suele tener recompensa. Con un poquito de aquí y un poquito de allá, una pizca de suerte, un pelín de apoyo en la grada, un buen trabajo de vestuario, algo de suerte con los jugadores y un sano sentimiento de venganza y revancha, cualquier reto o meta es alcanzable. Y en Elche este año tenemos todos los ingredientes. De Baraja depende seguir paso a paso la receta, acertar con las cantidades y pesos, condimentar y salpimentar en el momento adecuado y finalmente sacar un plato redondo, con un buen sabor y una  buena presentación.

Además, creo honestamente que tenemos buen equipo, con individualidades que ya las hubiéramos querido el año del ascenso. Pero sobre todo me agarro al grupo, a las ganas y a la fortaleza que suele florecer en los proyectos que nacen malheridos y tocados.

 Además, llamadme romántico e iluso, pero creo que el destino futbolístico nos debe una, tanto por lo sufrido recientemente como por lo mucho que nos costó, tanto en tiempo como en esfuerzo, ascender de nuevo a Primera tras 24 años.

 ¿Por qué no vamos a ascender esta vez al primer intento? ¿O pensamos que tenemos que esperar otros 24 años?

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