OPINIÓN | En el mapa

 

Chimo Baeza | 03/06/2013  00:35 @chimoeneas

Estos días me ha tocado estar de viaje. Fue por Andalucía, pero supongo que la situación se podría haber repetido en cualquier lugar: cada vez que alguien me preguntaba de dónde era y yo respondía que era de Elche, enseguida, sin conocerme, sin saber si el fútbol me importaba mucho o nada, me felicitaban por el ascenso y por el equipo. Por internet o por el móvil, también estos días he recibido la tira de mensajes de gente con la que muchas veces no cruzo un par de palabras al año dándome la enhorabuena por estar en Primera.
Siendo asquerosamente objetivos y pensándolo muy fríamente, es un tanto raro que nos alegremos tanto por el éxito de una sociedad anónima deportiva, de lo que es, a fin de cuentas, una empresa. Por supuesto que hay que alegrarse de los éxitos ajenos y más si son de gente de la tierra, pero quedaría extraño ir a la Glorieta a celebrar que Magdalenas Lozano (por poner un ejemplo) empezara a petarlo mucho en bolsa. El Elche, según sus estatutos y el registro, será una SAD, pero todos sabemos que él (y todos los clubes) son mucho más que unos señores con acciones. Ya no sé si explicar eso será tema de psicología o de antropología, pero por alguna razón, un equipo de fútbol es un símbolo de una ciudad, para lo bueno y para lo malo. Muchos de ellos chupan del dinero de todos (incluso de quienes detestan el deporte), a veces con resultados catastróficos (como bien saben un poco más arriba, en Valencia), pero a veces, el fútbol que tanto quita también devuelve mucho a la ciudad en la que vive. Ahora que tanto se habla del valor de la marca y la imagen, de la importancia de la notoriedad; ahora que estamos discutiendo si estaría bien poner el nombre de nuestra ciudad en el aeropuerto de El Altet, puede que no exista mejor publicidad que tener un equipo en Primera. Nos podríamos gastar millones anunciando lo paradisiaco de nuestro palmeral y lo calentitas que son nuestras playas, pero difícilmente lograríamos la publicidad constante que supone el fútbol. Porque ésa es quizás la verdadera magia del fútbol, que es todo un universo compartido por millones de personas de todo el mundo: ahora, cuando un tipo de Birmingham o de Montevideo escuche la palabra Elche, quizás no sepa situarnos en el mapa, pero sí que le sonará de repasar más de una vez la clasificación de Primera o de ojear quién es el próximo rival de Messi o Cristiano.
Por supuesto, eso no significa que colapsará el aeropuerto de inversores y turistas dispuestos a gastar su dinero en nosotros, pero no deja de ser siempre algo positivo. Por alguna extraña conexión cerebral, tendemos a pensar que si un equipo está en Primera, su ciudad también es de Primera. Y más allá de la repercusión económica (hay estudios muy sesudos sobre el tema), el fútbol también da mucho en el tema de la felicidad personal: desconocidos empiezan a hablarte y a felicitarte y nunca más tienes que explicar que tu equipo es el Elche, porque es de Primera.

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