El regreso

No fue su primer regreso, no. Ya nos visitó en otra ocasión y perdió, aunque suene raro. El cupo de exalgo dañinos para nuestros intereses siempre lo tuvimos bien cubierto, pero muy de vez en cuando mordieron el polvo. Que también tenemos nuestro corazoncito y orgullo para no cumplir con la maldición del regreso al antiguo hogar.

De sobra conocemos el estilo de Bordalás; a nadie le cogió desprevenido el planteamiento del Alavés. La delgada línea que separa la intensidad y la lucha, del juego sucio y la marrullería. Era (in)digno de ver el espectáculo que tenía montado en el área técnica y banquillo, incluyendo a su segundo entrenador, que según cuentan es el auténtico creador y líder de esa forma tan particular de entender el fútbol. Protestas, gritos, aspavientos, provocaciones al banquillo franjiverde; fiel reflejo de lo que sucedía en el césped.

Conforme avanzaba el partido, intuíamos que si algún equipo se llevaba la victoria sería gracias a una jugada a balón parado, el pan de los pobres en juego. De juego con balón, claro, porque del otro juego, casi igual de importante, bien servido va nuestro exentrenador.

Siete tarjetas amarillas, doble para Carpio con la consiguiente expulsión. Incluso el portero suplente fue expulsado desde el banquillo por una triquiñuela que ya ni se hace en los campos más inhóspitos de las catacumbas del fútbol: “lanzar un balón dentro del terreno de juego, haciendo un gesto de desaprobación, cuando el cuarto árbitro se lo estaba reclamando y cuando el equipo contrario iba a efectuar un saque de banda, con ánimo de perder tiempo”. Admiración pura hay que sentir por la redacción de las actas arbitrales.

Con un tercio de competición disputado, los encuentros ante Zaragoza, Osasuna, Lugo y Alavés eran una buena prueba para ver hasta dónde podía llegar el proyecto actual. El resultado no ha sido el esperado. El equipo no logra una continuidad en cuanto a una dinámica positiva que logre alzarlo a los puestos altos de la clasificación. Sin embargo, recurriendo a los tópicos de esta Segunda igualada y puñetera, quedan dos tercios de competición, nada está decidido. Fundamental mantenerse en la pomada para tener la posibilidad de dar un zarpazo final que te lleve a lograr un objetivo mayor.

Esta semana hay otro regreso; el de nuestro Elche C.F. a Albacete. Perdí la cuenta de las veces que nos enfrentamos durante el último largo periplo en la Segunda División, confundo las temporadas respecto a los resultados obtenidos, los goleadores, las anécdotas. Incluso añoré este desplazamiento en la temporada del ascenso. Vaya invasión hubiera protagonizado la marea franjiverde al Carlos Belmonte.

Ahora regresamos con el rabo entre las piernas, indignos, víctimas de un descenso administrativo, sin apenas motivación ante un desplazamiento que en otros tiempos fue bien numeroso.

Quizás ese sea el regreso más necesario: el de la ilusión. No abandonemos a nuestro equipo, pero sobre todo no demos la espalda a nuestros colores, nuestro amor por el Elche C.F. Algún día, y ese día será más pronto que tarde, volveremos a sonreír. Pero procuremos estar presentes para disfrutarlo.

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