De lo salado a lo agridulce

No, amigos. No me refiero a una nueva técnica culinaria de Ferrán Adriá con una amoladora en una mano y un soplete en la otra ni a un programa gastronómico de Imanol Arias grabado en la Margen Izquierda en general y en Portugalete en particular.

Me refiero al viaje de sabores que experimentamos los aficionados del Elche en cuanto a la actualidad institucional del club se refiere, de lo salado a lo agridulce, pasando por momentos amargos y, por supuesto, sin catar el dulce en ningún momento, claro, no nos vaya a gustar.

Lo salado corresponde a la parte jocosa, hilarante y chisposa que se gasta esta gente, ese arte que no se puede aguantar y esa frescura, lozanía y caradura solo propia del que se cree el dueño del cortijo, del que se considera en posesión de la verdad absoluta, del que no conoce la vergüenza y del que cuando le hablas de autocrítica pone una cara como la que pongo yo cuando me cuentan un chiste en serbo-croata con acento albanés.

Lo del proyecto Estadio en Positivo y sus famosos puntos es algo que aparentemente persigue un objetivo por todos entendible y plausible, como es el ensalzar los actos, acciones y declaraciones que fomenten la deportividad y que vayan en contra de la violencia en el fútbol. Chapó. ¿Quién no suscribe esto? Solo un tarado. Pero, ojo, todo este tiempo tragando bilis y recibiendo detrás de las orejas más palos que Rosa Díez en la última semana les ha hecho ir más allá. Han sacado esa mezcla de Señorita Rotenmeyer, de cacique de República Bananera y de Maricomplejines que llevan dentro para hacer lo que más les gusta, además de hacer el canelo, que es reñir y tirar de las orejas al grito de “Ay, malote, tontorrón, no lo vuelvas a hacer más”.

Esta gente, que ha llevado a este club a la más absoluta ruina, económica, social e institucional, se permite el lujo, a través de su Consejo Social, conformado con la misma objetividad y pluralidad que el Patronato de la Fundación, de repartir reprimendas y asignar puntos negativos a otros, al más puro estilo “Eurovisión”. De los productores del famoso “Guayó miní, a pua” ahora se estrena “Diaguio Fganjivegde, a pua”, por no hacerse eco de un acto de hermanamiento entre aficiones y sí de protestas y algarabías contra el Consejo, coqueteando y flirteando, según ellos, con los aficionados ultras. ¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo? ¿Por qué nos llaman ultras cuando quieren decir objetivos y libres?

La parte agridulce corresponde a los últimos rumores sobre la posible venta a un grupo inversor, a través del intermediario Romualdo Soriano, del 54% de las acciones del Patronato de la Fundación, por 12 millones de euros más la deuda acumulada.

Mañana viernes, en una reunión con un único punto del día, la Fundación del Elche, C.F, el Consejo del Elche con otro nombre, pucherazo style, para que nos entendamos, decidirá si vende a esa sociedad su paquete accionarial o no.

Y digo agridulce porque por un lado piensas que se trata de la salvación del club, que por fin ha aparecido un comprador y que nos ha tocado la primitiva, asumiendo como asumen la deuda. Pero por otro lado no te fías un pelo por los antecedentes tanto de vendedores como de mediadores.

Además, es cuanto menos curioso que los que enarbolaban la bandera del ilicitanismo extremo ahora decidan de manera unilateral, sin consenso ni transparencia, y dando la espalda a esos grandes accionistas que le han permitido de todo al Consejo durante mucho tiempo, vender el club a un inversor desconocido, proceda de donde proceda.

El mismo presidente que le cedió las riendas al mercenario Ramírez, el que entregó por un plato de lentejas los ingresos de los futuros traspasos a Eventos Petxina, está ahora empeñado en buscar un final a la altura de su gestión, un final que, como diría Mónica Lewinski, nos acabe dejando un mal sabor de boca.

 

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