DAVID MARÍN | Mucho ruido y pocas nueces

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El viernes pasado empezó el juicio del Concurso de Acreedores del Elche. El cartel del primer día parecía el del día grande de un festival musical. Sepulcre, Anguix, Rocamora. Tres platos fuertes sentados ante un juez, fiscales, administrador concursal y abogados. Uno iba allí con la idea de que podría sacar algo en claro sobre la etapa del club que desembocó en descenso administrativo.

Fueron muchas horas de interrogatorio. Sinceramente, espero y deseo que las pruebas presentadas al juez Fortea permitan una mejor valoración que unas declaraciones en las que unos y otros volvieron a empeñarse en echarse las culpas de lo sucedido, como si la cosa no hubiera ido con ellos. La escena me recordó a aquel juego del Grand Prix en el que los concursantes se iban pasando una patata caliente, esperando la explosión de esta. En un equipo estaba Anguix. En el otro Rocamora y Sepulcre.

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Quedaron varios titulares que, a día de hoy, ya estarán en las retinas de quienes se hayan interesado por el caso. Anguix ni presentó el aval/pagaré ni se espera que lo haga. Argumentó que no lo tiene en su posesión y que quizás se quedara en el club, tras su atropellada salida a finales de julio de 2015. También aseguró haberlo presentado en Hacienda. El caso es que han pasado casi tres años y seguimos sin noticias del aval/pagaré. El argumento de Anguix no se sostiene demasiado, la verdad.

Como tampoco se sostiene con facilidad, salvo que quieras hacer un ejercicio de fe máxima, la versión de los hechos de la pareja Sepulcre-Rocamora. Ahí llegó el primer gran titular del día, cuando Sepulcre aseveró ante el juez y los allí presentes que si él hubiera seguido en la presidencia, el Elche hubiera continuado en Primera. Cuesta creer que la ecuación fuera tan sencilla como salvación matemática = 50 millones de euros = salvación administrativa. Pero la estrategia, al menos judicial, está clara. Ellos no estaban, pagaban tarde pero pagaban y nadie les dijo que había riesgo de descenso. Las pruebas y, por ejemplo, la declaración de Javier Tebas corroborarán o no esta versión.

Otro punto llamativo fue la labor del fiscal que llevó el peso de los interrogatorios de la Fiscalía, Francisco Marco. Empezó el día intentando meter como testigo a Víctor Varela, de Skyline International. El juez no lo admitió, al considerar que tuvo tiempo suficiente en su día para incluirlo en la lista de testigos. Y luego comenzó una especie de juego ratón-gato con Fortea que derivó en el hartazgo del juez, quien puso fin a los interrogatorios a Sepulcre (tras tres horas) y Rocamora (hora y media).

El fiscal se quejó por lo que entendía como una situación de indefensión, a lo que el juez argumentó en el tiempo de sobra que le había permitido interrogar tanto a Sepulcre como a Rocamora. A lo largo de las sesiones también le solicitó en varias ocasiones que no empleara un tono inquisitorio al tratarse de un proceso mercantil y no penal y que dejara de repetir preguntas. Una reiteración en la que, desde fuera, sí dio la sensación de pecar en exceso. Tampoco le permitió indagar en procesos penales abiertos o con sentencia ya dictada (Eventos Petxina, Wakaso, Welby Control…).

¿Qué sacó uno en claro del viernes 4 de mayo? Las siguientes líneas son a título personal, sensaciones y no verdades que haya que llevar ante un altar. En primer lugar y ateniéndome al menos a este inicio de juicio, las pruebas presentadas ante el juez Fortea para cambiar el signo del administrador concursal, que declaró fortuito el Concurso de Acreedores, van a tener que ser muy sólidas. Cuesta creer que del interrogatorio del pasado viernes salga alguna declaración que desequilibre la balanza hacia el lado del concurso culpable. Al final, mi sensación es que eso es lo importante (las pruebas) y las declaraciones sirven al juez para tratar de entender todo lo ocurrido durante el espacio temporal que se está juzgando.

En segundo lugar, eché en falta más explicaciones sobre el famoso préstamo fantasma, un tema que cierto es que sacó a colación Anguix durante una de sus respuestas, pero que durante los interrogatorios a Sepulcre y Rocamora quedaron muy de lado. Los abogados del expresidente y el exsecretario general se escudaron en la demanda por supuesta estafa presentada contra Romualdo Soriano y compañía. Más líos judiciales.

Del resto de temas, un picadillo de lo ya dicho. Sepulcre y Rocamora se escudan en el principio de acuerdo que decían tener con Toro Finnance una vez se lograra la permanencia matemática (digo yo que deberán documentarlo), la misma mercantil a la que habían recurrido un año antes con otro préstamo, y a que se podía pagar tarde si se pagaba a Hacienda antes del mes de junio de 2015 para evitar el descenso. Eso tendrá que corroborarlo LaLiga.

Anguix, por su parte, dio la sensación de salir con un gol en contra del juzgado. Llegó tranquilo y confiado en que el Elche saliera como vencedor del juicio, según sus propias palabras. Tuvo la enésima oportunidad de aclarar el tema del aval-pagaré, pero ni lo presentó fisicamente ni dio una explicación medianamente convincente a sus negociaciones de finales de mayo con UBS y un grupo de empresas que, según él, querían entrar en el club y estaban dispuestos a poner 22 millones, siempre que Tebas le asegurara seguir en Primera.

Lo dicho. Al final, por ambas partes, mucho ruido y pocas nueces. Todos aseguraron tener soluciones, pero el Elche acabó bajando. Ojalá las pruebas digan al juez algo más de lo que dijeron las personas.

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