ADRIÁN DÍAZ | Las inercias

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Un servidor lleva casi toda su vida siguiendo la Segunda División B. Desgraciadamente, este año me toca vivirla en primera persona por el descenso del Elche. He visto todo tipo de situaciones. Sé que me puedo hacer pesado, porque llevo repitiéndolo durante toda la Liga, pero la categoría de bronce es tan puñetera que realizar una excelente Liga regular no te asegura el ascenso. Ya se encargó Benja de recordarlo la semana pasada.

Ser campeón de grupo te da una gran ventaja, qué duda cabe. Un objetivo que muchos dimos prácticamente por perdido para el equipo ilicitano. Por números y sensaciones propios y del Mallorca, un sólido líder que acabó febrero con 13 puntos de margen sobre el Elche. Sólido hasta ahora, porque está firmando un irregular último tercio de competición. La fase decisiva antes del playoff. Todo lo contrario que los franjiverdes, que van a más desde la llegada de Pacheta. El valor de las INERCIAS. Así, con mayúsculas.

Las inercias han permitido al Elche recibir al Mallorca a siete puntos con quince en disputa. La mayor parte de sus opciones de alcanzar el liderato pasan por vencer el domingo en el Martínez Valero. Igual soy demasiado osado, pero si se cumple la lógica, el equipo ilicitano ganará. Asestaría un golpe muy duro a un conjunto que en enero podía imaginarse una plácida recta final de Liga regular. Pero ay, amigos, que 38 jornadas son molto longas. Nada se puede dar por hecho antes de tiempo.

De derrotar al Mallorca, una desventaja de cuatro puntos a falta de doce son cifras para soñar despierto, aunque el Elche, a priori, tiene un calendario más complicado. Pero empatar o perder sí sería decir prácticamente adiós a las aspiraciones. Y ojo, no cometamos el error de olvidarnos del ‘invitado’ Villarreal B, que está situado entre ambas escuadras en la tabla. Todas las cábalas que podamos hacer pasan por sacar los tres puntos esta jornada. No sería imposible, pero ya habría que centrarse en agarrar la segunda plaza. Sólo un cúmulo de despropósitos provocaría que el Elche no esté en el sorteo del 14 de mayo.

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Jorge Cordero confeccionó una plantilla con jugadores que acumulan ‘batallas’ en el playoff de ascenso a Segunda, algunos de ellos con uno o más éxitos. Cubrí las presentaciones de todos los fichajes, y casi todos evidenciaban la importancia de ser campeón de grupo desde el cambio del sistema de promoción, instaurado hace casi una década. También es pura lógica: tienes un camino más corto, y si fallas en la primera oportunidad, tienes una segunda, en la que te emparejan con el equipo peor clasificado y con la vuelta siempre en casa.

De los 36 conjuntos que han subido a Segunda con este formato de playoff, 25 lo hicieron tras ser campeones de grupo. Pero teniendo en cuenta que mínimo dos campeones ascienden cada temporada, con un total de 18 equipos que han logrado el éxito al primer intento, te muestra que acabar la Liga regular como líder ni mucho menos te asegura el ascenso. Puro sentido común, ¿verdad? Y es que tuvimos que esperar nueve campañas para que los cuatro campeones subieran. Yo valoro mucho ser primero, pero también que el equipo llegue física, anímica y futbolísticamente al mejor nivel.

Para valorar todo lo comentado hay que rememorar la ‘locura’ de hace dos cursos. Racing de Ferrol, Barakaldo y Villarreal B perdieron el liderato en la última jornada, en favor de Racing de Santander, Real Madrid Castilla y Reus. Encabezaron su grupo durante 30, 29 y 25 jornadas respectivamente. Y no en la última, pero el Real Murcia cayó al segundo puesto en la antepenúltima fecha de la competición regular tras 21 jornadas seguidas como primero. No obstante, hay que señalar que no llegaron a gozar de un margen tan amplio como el Mallorca. Ninguno de los cuatro equipos llegó a mayo en un momento óptimo. Y se fueron ‘a la calle’ a las primeras de cambio. Todos apeados con justicia por cuartos: Cádiz, Lleida, UD Logroñés y Toledo. Andaluces y catalanes llegaron a la última ronda, en la que se enfrentaron a terceros: Hércules y Sevilla Atlético. El Cádiz subió, el Lleida estuvo a punto, pero hincó la rodilla en la tanda de penaltis.

La última etapa del Cádiz en la tercera categoría del fútbol nacional daría para escribir un libro. Fue dos veces campeón del Grupo IV, considerado el más fuerte, pero fracasó en ambas y regresó al fútbol profesional tras clasificarse para el playoff como cuarto. El único que lo ha conseguido con este sistema de promoción. Y cambiando de entrenador a cuatro jornadas del final de la Liga regular. Seis años le costó salir del ‘infrafútbol’, con proyectos a base de talonario y una temporada sufriendo por evitar el descenso a Tercera. “Ese Cádiz tenía una plantilla tres veces más cara que la de este Elche”, me comentaban en referencia a la plantilla que se quedó a las puertas del éxito en 2012. Perdió contra el Lugo en la tanda de penaltis.

Y para más inri, hay varios casos de grupos en los que el campeón no subió y el segundo sí lo hizo. Dos en el III: Alcoyano y Villarreal B en la temporada 2008/2009 y Sant Andreu y Barcelona B en la siguiente. En este segundo, ambos conjuntos se jugaron el ascenso en la última ronda. Más recientes, Sestao y Leganés en el Grupo II en el curso 2014/2015. Tres años después, los vascos militan en Tecera y los madrileños, en Primera.

Hay multitud de ejemplos de lo complicadísimo que es salir de Segunda B. No hay que irse muy lejos, sólo hay que mirar a los ‘vecinos’ de norte y sur. Suben cuatro de ochenta, una barbaridad. Y no vale empezar muy fuerte y vivir de las rentas, como en Segunda A. Pero como dice Pacheta, el Elche está en un “camino muy interesante”. Y va a más. Tiene mucho mérito tras dos cambios de entrenador, los problemas institucionales y la alta presión. Aunque todo hay que decirlo: ya tenía que hacerlo rematadamente mal para no entrar en playoff.

El Elche mostró en Formentera (0-1) un empaque de firme candidato. Los jugadores ahora creen más que nunca en sus posibilidades. Tienen las ideas muy claras y valoran a su líder. Y todo ello se traduce en un alto rendimiento del teórico mejor plantel de la categoría. Se ha dejado pasar demasiado tiempo, pero llega en el momento más idóneo. Y eso les convierte en un rival con el que nadie quiere cruzarse en promoción. Independientemente de la posición que ocupe. Las inercias. Muy pocos podían imaginarlo hace solo seis semanas, pero ser campeón de grupo todavía es un objetivo factible para el Elche. Prácticamente todo pasa por #GanarAlMallorca.

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