Nicki Bille, pistolero danés

El delantero danés vivió una de las mejores temporadas de su carrera en Elche antes de fichar por el Rayo Vallecano. Ahora juega en el Rosenborg BK noruego.

En el mismo 1988 que, por ejemplo Alexis Sánchez o Agüero, nació Nickie Bille en Dinamarca. Sin embargo, lejos del carácter tranquilo de Laudrup o Tomasson, Bille demostró un carácter más mediterráneo que incluso le costó algún disgusto. El espigado delantero es un ejemplo más de esos futbolistas con tanto gusto por los tatuajes, y dos de sus dibujos están ligados a dos momentos clave de su vida.

El primero llegó a principios de los dos mil. Nickie Bille contaba con unos catorce años y se tatuó su apellido. Apenas unos años más tarde debutaba en la 1ª División danesa, que realmente es el segundo escalón del fútbol de aquel país, con el Frem de Copenaghe; con tres goles en 35 partidos se ganó el fichaje por la Reggina. Allí le esperaba Walter Mazzarri, hoy técnico del Inter, su gran valedor. Sin embargo, la aventura romántica dura poco porque Mazzarri firma por la Sampdoria y el club no cuenta con él, por lo que acabó cedido en dos clubes de la Serie C-1 (tercer escalón del fútbol italiano) que además no le pagaban, según contó el mismo Bille en Historias de Segunda.

Tras la primera tentativa, tocaba volver a empezar de cero; en Dinamarca. En el Nordsjælland vuelve a ser el mismo futbolista que enamoró la primera vez con sus desmarques y sus goles, y se tatúa una pistola en el torso. Con 18 celebraciones en dos temporadas vuelve a cautivar y a recibir ofertas, esta vez el que consigue su firma es el Villarreal, que está en sus años de oro; aunque Nicki firmó para el filial.

En El Madrigal responde con cinco goles, y además cuenta con 15 minutos en Primera División con el primer equipo, que por cierto pierde por 0-1 contra el Levante del ex franjiverde Luis García Plaza. La situación en el filial parecía estar bien, pero el jugador quería algo más, según palabras del propio Nicki a Historias de Segunda. “A mí me gusta la presión, tener un objetivo. Y en el Villarreal B teníamos la ambición de ganar, evidentemente, pero nuestra única exigencia era jugar bien”. En ese contexto llegó al Elche.

Una temporada en el Martínez Valero bastó para hacerse uno de los más queridos y valorados. Las razones estaban en su entrega, su carácter, y sus 11 goles en 37 partidos, en especial uno que marcó al Hércules en el Rico Pérez. En los derbis estaba animado, se vino arriba con el gol del Rico Pérez y en la segunda vuelta su ego extendió un cheque, tuiteó que “mis pistolas van a disparar más que en la II Guerra Mundial”, que sus botas no pudieron canjear: el Hércules de hecho ganó aquel derbi 0-3. Fue la temporada previa al ascenso, el Elche llegó bien a Navidad pero luego se hundió en la segunda mitad de la temporada. Nicki no se libró de la purga que sufrió el vuestuario y el Villarreal le cedió al Rayo.

En Vallekas no cuajó y en el mercado de invierno se marchó de nuevo a Dinamarca, para, finalmente, jugar en el Rosenborg noruego, habitual de las primeras fases de la Champions, aunque este año no pasó de las rondas previas de la Europa League. Desde que llegó marca goles con continuidad y con el nueve a la espalda. A pesar de su larga carrera aún tiene 25 años, y podría volver a salir de Noruega a buscar fortuna en una gran liga definitivamente. Solo es cuestión de que siga marcando goles.

FOTO: Diario Marca
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