Los diez defectos del bautizo del Elche

El Rayo Vallecano desnudó las carencias de un equipo que aún goza de margen de maniobra.

El estreno del Elche en Primera División demostró que al equipo de Fran Escribá aún le quedan muchos mecanismos por poner a punto. Las bajas, las altas aún por llegar y, sobre todo, el margen de maniobra hacen del cambio de imagen una empresa posible.

Compenetración defensiva. La tropa más rentable del Elche en la temporada del ascenso ha modificado todas sus piezas. La línea defensiva ilicitana lució el lunes cuatro nuevas caras que tampoco habían jugado juntos antes en competición oficial. Y así será juegue quien juegue en una zaga renovada casi en su totalidad. Por ello, queda trabajo táctico que hacer ahí, como se encargó de destapar el Rayo Vallecano.

La chispa. El argumento defensor de la falta de frescura del debut liguero franjiverde podría ser la fecha en que nos encontramos. Sin embargo, hubo diferencia entre las piernas de locales y visitantes. Al Elche le costaba replegarse en defensa, sobre todo a sus laterales Sapunaru y Cisma, que tampoco de desdoblaron en ataque, y a la hora de ocupar campo ajeno los efectivos solían ser escasos. Ese tipo de juego valió hasta que se adelantó el Rayo. Cuando fue precisa la reacción, ésta no llegó. Si alguien puede enchufar las piernas de la plantilla es el preparador físico Mascarós, sólo hay que remontarse al inicio de la campaña pasada.

Ritmo en el medio. Con el rival en posesión, los maquinistas Generelo y Rivera estuvieron expuestos a un desgaste mayor del habitual y cuando le tocaba atacar a su equipo, siempre al contragolpe, eran los encargados de equilibrar. Un trabajo de ida y vuelta que acabó por superar al centro del campo franjiverde. La solución parece clara, puesto que el Elche ha traído, aunque tarde, ese ritmo a su plantilla. Curiosamente, el centro del campo es la zona en la que más efectivos se han incorporado y pese a ello ninguna de las nuevas piezas entró en juego en Vallecas, ya que la dupla Generelo-Rivera y más tarde Mantecón-Rivera fue una prolongación del juego del curso pasado. Con ‘La Roca’ se pretende dar más equilibrio defensivo al equipo y más cobertura a la zona de la defensa, Javi Márquez será el cerebro del equipo y Rubén Pérez será la balanza entre el ataque y defensa.

Carles Gil como faro. El director de la orquesta ofensiva tiene nombre y apellidos en este Elche. Carles Gil ha de asumir el rol creativo desde su posición natural: la de enlace entre los mediocentros y la delantera. Pero para que eso se produzca debe ocupar ese puesto central y no la banda, donde por ahora Escribá le prefiere pese a contar con Stevanovic y Aarón Ñíguez para esa demarcación.

Bandas afiladas. Frente al Rayo, contando a Aarón, dos de los tres jugadores de banda que posee el plantel ilicitano se quedaron en el banquillo. Fidel y Stevanovic no fueron titulares y el Elche se atascaba la salida por los flancos, una tarea dominada en el último año. No obstante la razón principal de este déficit radica en lo dicho más arriba: la escasa aportación de los laterales.

El delantero. Ferrán Corominas y Manu del Moral pueden actúar como delanteros, pero no lo son. Aún más con la marcha de Powel, el Elche no tiene ningún ariete puro y aunque los dos atacantes citados pueden aportar muchas cosas en la zona de arriba, su virtuosa movilidad se vuelve defecto cuando se inician las jugadas de ataque sin una referencia clara. Es un hecho desde hace meses y continúa sin ponérsele remedio. Quedan diez días de mercado.

La mentalidad bajo palos. La plantilla de Fran Escribá cuenta con dos guardametas de garantías. Con todo, la portería es una posición que va más allá de las destacables y demostradas aptitudes bajo palos de Manu Herrera y Toño. También entra en juego la psicología. Todavía ninguno de los dos siente la confianza de ser el cancerbero titular del Elche, un hecho que sí se produjo el año pasado y llevó al madrileño a aumentar su rendimiento. Eso sí, la situación es peliaguda tras haber recibido tres goles en Vallecas y el cuerpo técnico franjiverde deberá tratar con cuidado este tema en el futuro.

El balón parado. En Vallecas, el Elche disparó sin una de las balas más efectivas de los ilicitanos. Edu Albacar y Damián Suárez, los habituales especialistas franjiverde, no disputaron un solo minuto y en las jugadas a balón parado ni Carles Gil ni Generelo funcionaron.

Factor vestuario. En la temporada del ascenso fue una de las claves intangibles del éxito. El grupo formado en el vestuario del Martínez Valero se traducía en buen rollo en los entrenamientos y grandes resultados en el terreno de juego. Todos los miembros saben la dificultad que conlleva permanecer en Primera y aunque el papel protagonista cambie de dueños, todos deben remar hacia la misma orilla. La derrota puede convertirse en útil para hacer piña.

Unión equipo-afición. Ahora más que nunca, el ‘novato’ Elche necesita a uno de sus bienes más preciados. La derrota frente al Rayo no deja de ser más que un recordatorio de la realidad que afronta este año el conjunto franjiverde, en la que se verá las caras con los mejores equipos de España. Por ello en el próximo compromiso liguero contra la Real Sociedad el Martínez Valero debe de ser una olla a presión que empuje a los suyos a sumar los primeros puntos del curso. La tónica va a ser sufrimiento.

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