Manquepierda

Cuando un verdolaga de pro, valga un servidor, reflexiona sobre los achaques históricos de er Beti llega a la conclusión de que sentir en verdiblanco es poco saludable para la patata pero tela de gratificante para el resto de esas pequeñas cosas importantes de la vida. De ahí su lema del manquepierda, única leyenda futbolística forjada en las derrotas y no en los títulos. Como bien dice un amigo sevillano y macareno cuando habla de sus trece barras: ¡Illo, no busques más que no hay!

Fundado por un británico, Papa Jones, el club verdiblanco nace como consecuencia de la lucha de clases existente a principios del siglo XX en la capital andaluza. A los hijos de la antigua fábrica pirotécnica de Sevilla no se les permitía jugar en el otro equipo de la ciudad por su condición social, dando origen al Sevilla Balompié, embrión del actual Real Betis Balompié. Tradicionalmente conocido como el equipo del pueblo, de la gente sencilla y obrera, con el paso de los años ha adquirido cierto tinte semiburgués. En la actualidad, está muy ligado a grandes toreros, literatos y artistas, gente singular y díscola como el propio club. Afición entregada a sus colores en la adversidad, el Real Betis ha levantado la simpatía de mucha gente por su pasión desmedida y jovial hacia  su club, siendo considerado el segundo equipo de muchos aficionados del fútbol patrio.

La idiosincrasia histórica del Glorioso, tan cainita y bipolar como ningún otro, traza una trayectoria muy similar a la de una montaña rusa en su centenaria historia. Siempre que le sonríe la suerte, pega un segundazo como Dios manda.Y además matemático. Cada diez años, purga sus pecados en el infierno de segunda. Pasa de golpe del Eurobeti al Currobeti, esa versión impagable de los sinsabores más desagradables que manifiesta el club heliopolitano, al igual que el gran Curro Romero. Ar Beti le gusta vivir en el alambre, pero nunca se cae. Siempre resurge de forma impredecible como el Ave Fénix cuando se asoma al abismo balompédico. Y eso pone mucho.

Cuando uno mama er Beti en casa (dicen que el que no quiere al Betis no quiere ni a su padre ni a su madre) es conocedor que la grandeza del club no es ni mucho menos competir contra los mejores. La inmensidad del Glorioso es subsistir en tercera división rifando vacas mientras el vecino te pisotea y te ningunea.Y a pesar de todo, sigue aquí, con 106 años de historia en su corona real. Únicamente su afición ha sido capaz de sostener la frágil estructura del club en momentos extremadamente críticos, donde la desaparición era el estado natural donde refugiarse.

Si le preguntas a un bético qué es el manquepierda, seguramente no recogerías dos definiciones iguales. Es el bajarte en la estación de Utrera y creerte que juegas contra el Bayern de Múnich, aún estando en tercera; es abrazarte a la botella de ron y que pierda tu Betis cuando te deja la novia; el manquepierda es Curro Romero saliendo por la puerta del Príncipe o por la enfermería; el pintarle la cara a los sevillistas o dormir en el cuartelillo; los sombreros de Finidi y las galopadas de Gordillo por Heliópolis; el manquepierda no es fútbol, es balompié. Por eso,a muchos béticos no nos gusta el fútbol, nos gusta er Beti.

Como bien dice mi padre: pudiendo ser der Beti ¿Por qué voy a conformarme con menos?

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