Mal de pancha

Moisés Gonzálvez | 28/08/2013 00:02 @michelangeloelx

Cuentan que hace demasiado tiempo tuviste un sueño parecido al pasado sábado. Seguramente no sea así, y tus anhelos, ni por la más remota casualidad, se acercaban al partido Elche-Real Sociedad, primer encuentro disputado en el Martínez Valero como estadio de Primera División, después de la larga travesía por el desierto del fracaso, la ruina y la mediocridad.

¿Qué ibas a saber tú? Valiente pececillo en el acuario. Cuando te arrastrabas por los campos más inhóspitos dela SegundaB, pensabas que un equipo histórico no se merecía un castigo semejante. Te sentías importante por lograr la clasificación para un maldito play-off o por no caer en el ridículo contra contrincantes amateurs, sin nombre ni futuro, con más huevos y coraje para luchar en el barro del fútbol.

Habías asistido a partidos de alto nivel de otros clubes, los poderosos, que parten con ventaja, ambiente prefabricado, saltar con red; demasiada seguridad. Ahora sabes, entiendes, conoces que la camiseta franjiverde haciendo el paseíllo por la categoría de honor no tiene nada que ver con esos productos sobrevalorados.

Y llega el día más esperado en cuanto a fútbol se refiere. Al carajo, el día más importante de tu vida hasta la fecha: Elche C.F. en Primera. Te levantas cansado, no dormiste bien; estás emocionado y nervioso. No sabes que te vas a encontrar. La incertidumbre te devora. Reloj marca las horas, porque voy a enloquecer. Estás cagado, así de claro. Mal de pancha, que diría el abuelito. Como hubiera disfrutado si estuviera entre nosotros.

Llegas al coliseo ilicitano y todo aquello que soñaste, por lo que decidiste un lejano día querer al Elche C.F. antes que a cualquier otro equipo de fútbol, de repente si, cobra sentido. Maravilloso ambiente, el estadio con un lavado de imagen tan necesario como tardío.

Se palpaba en la atmósfera ganas de Primera, por fin volvimos. La actitud del respetable fue fundamental, con un “Aromas Ilicitanos” entonado mejor que nunca, una predisposición total a apoyar a muerte a los jugadores; venía un coco de la categoría y arropamos a los nuestros como se merecen. Que un mal día le tiene cualquiera, y una mala primera jornada más. Este equipo y sobre todo el cuerpo técnico al mando del míster merecen una total confianza en este duro comienzo de andadura en la liga de las estrellas.

Lloraste, por supuesto; reconócelo. Llevas unos meses demasiado intensos, demasiadas emociones franjiverdes. Las “Ray Ban” no dejan ver las lágrimas; en cada una de ellas, expulsas un demonio, un miedo, mal de pancha: Roldán, mercenarios, Macael, decepciones, Gramanet, ilusiones rotas, Rubí, deja de llorar que empieza el partido, Leganés, no quiero agua, la temporada post Granada, ¡gol de Coro! Ahora sabes que la mierda tragada durante más de dos décadas mereció la pena por este momento. Abrázame fuerte.

Dice el maestro que lo peor de los sueños es que no se cumplen. Y que razón tiene. La experiencia de este partido del regreso superó a cualquier deseo. La realidad ganó el pulso a la ficción de nuevo.

¿El resultado? Empatamos. Tampoco iba a ser un día perfecto. Somos el Elche C.F., al fin y al cabo.

 

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