La guinda en el pastel, El día del Villarreal y un premio más que merecido

 

Óscar Gómez ‘Pedja’| 09/05/2013 07:00 @pedjafranjiverd

Si hubiéramos contratado al mejor guionista del mundo para redactar el guión soñado y perfecto del partido contra el Villarreal, se hubiera quedado corto, sin duda, respecto a lo acontecido el domingo en El Madrigal. Lo ocurrido superó todas las expectativas. Fue brutal. Llevábamos demasiado tiempo sufriendo, viendo al equipo atenazado, nervioso y dominado por la presión de querer cumplir el objetivo lo antes posible. No hubiera sido justo terminar la temporada suplicando que ésta termine y mendigando los puntos. La gran campaña del equipo merecía, por contra, un día heroico, la guinda en el pastel, acabar a lo grande. Y qué mejor guinda, qué mejor broche que ganar en casa de un equipo todopoderoso, de una afición acostumbrada a escuchar el himno de la Champions en su estadio, que culminando una remontada y marcando el gol de la victoria a falta de 5 minutos. Espero que hayan tomado nota merengues y culés de lo que es una remontada. Ni espíritu de Juanito ni Remuntada amb seny ni leches, Els Collons Ilicitans. Los que estuvimos en La Jaula sufrimos de lo lindo. Pero también disfrutamos a rabiar y celebramos la victoria como locos. ¡Qué sentimientos afloraron en la grada! ¡Qué emoción! Lagrimas, abrazos, saltos, gestos de incredulidad. Era el ascenso. Sí. Ni matemáticas ni historias, el ascenso se logró el domingo en Villarreal.

Es por ello que todos recordaremos el partido como El Día del Villarreal, el día D, el súmmum, el éxtasis, el orgasmo franjiverde por antonomasia. Fue nuestro día particular de llegar a la luna, nuestro día particular de derribar el muro de Berlín, nuestra hazaña. Ya está bien de recordar y coleccionar días negros, “El día del Cádiz”, “El día del Granada”, “El día del Leganés”, etc. Ya tocaba y ya nos merecíamos otra fecha, otra referencia, pero esta vez con tintes positivos y agradables. Recordaremos para siempre el 5 de Mayo de 2013. Recordaremos ese día como el día en el que 2.000 seguidores se desplazaron en 18 autobuses y cientos de coches particulares a arropar a su equipo. Recordaremos ese día como el día en el que los aficionados y vecinos de Villarreal observaban ojipláticos y atónitos como una marea franjiverde abarrotaba los aledaños de El Madrigal y recibía al autobús del Elche entre vítores y aplausos. Recordaremos ese día como el día en el que nos encerraron en una grada indigna de un campo de fútbol profesional, con una visibilidad horrible y una sensación de confinamiento alucinante. Recordaremos ese día como el día en el que se desató la euforia en la grada pero también en el campo, donde jugadores y cuerpo técnico soltaron toda la presión que llevaban dentro y celebraron la victoria como lo que era, la victoria clave. Recordaremos ese día como el día en el que miles de aficionados esperaron en el Martínez Valero a sus jugadores para recibirlos como héroes. Recordaremos ese día, en definitiva, como la victoria del ascenso, porque aunque el galardón oficial se lo llevará otra, la probable del Barça B, hay victorias que lo son en espíritu y alma. Y la de El Madrigal fue una de ésas.

Y ahora, a falta de que las dichosas matemáticas nos autoricen a celebrar el logro de manera oficial y definitiva, el franjiverdismo aflora por todos lados, banderas, símbolos, bufandas, incluso el mítico cohete ha vuelto a aparecer. Pero que nadie se lleve a engaños, este logro no es casual ni fortuito, no nos tocó la lotería, no tenemos que dar las gracias a nadie. Este ascenso es un premio más que merecido porque Elche es una ciudad futbolera como pocas. Aquí se respira fútbol, se habla de fútbol, se sueña con fútbol y se lucen con orgullo los colores del Elche CF. Hay ciudades y aficiones, por el contrario, que no merecen el equipo que tienen. Nosotros, ciudad y afición, sí nos merecemos desde hace mucho tiempo tener al equipo en Primera. Como se suele decir, “no hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo resista”. En este caso, no 100, pero sí 25 años sufriendo y llevándonos decepciones cada una más grande que la anterior, recorriendo campos con céspedes de todos los colores, formas y texturas posibles, visitando pueblos hasta ese momento desconocidos y convirtiéndose en el equipo más longevo de la División de Plata. Las únicas alegrías fueron los ascensos de 2ªB a 2ª que, siendo importantes, no dejaban de ser un premio menor, un triste consuelo. Varias generaciones de niños, hoy ya hombres hechos y derechos, no han visto nunca a su equipo en Primera. Y muchos aficionados desgraciadamente ya no están con nosotros para vivirlo. Va por todos ellos.

Y en especial va por ti, Manolo, porque sufrías con tu equipo como nadie y porque me quedo con las ganas de darte un abrazo y celebrar el ascenso contigo.

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