La cabeza del líder

Santiago Martínez | 29/03/13 07:00 @penflexiones

OPINIÓN. Venía el Elche de dos derrotas consecutivas. Un momento delicado en el que, a pesar de la buena renta de puntos de ventaja, podían aparecer los recuerdos de temporadas pasadas. Campañas en las que equipos que ocupaban la primera posición encadenaban cuatro o cinco derrotas consecutivas. Valgan como ejemplo el Hércules o el Celta.

Ese momento tan complicado para cualquier deportista en el que se está a punto de conseguir el objetivo y uno se da cuenta de que, llegados a ese punto, hay muchísimo que perder y poco por ganar. Ejemplo clarísimo de esto es el tenis, donde hemos visto en infinidad de ocasiones lo que cuesta ganar ese punto de partido, ese punto en el que a muchos se les encoge el brazo.

Por si esto fuese poco, debemos sumar a los típicos buitres que asoman la cabeza en cuanto huelen la posibilidad de que haya carnaza.

Era este cóctel el que hacía particularmente peligroso el partido frente al Murcia. Pero, lejos de salir dubitativo, el equipo franjiverde completó unos primeros quince minutos colosales. Con todo el equipo enchufadísimo, pero donde destacaron un Fidel que rompía sin piedad por su banda, un Coro que se puso el chaqué para dar un recital cada vez que intervenía, y un Ángel agresivo en la lucha y en el desmarque, y acertado para anotar el gol.

Un inicio demoledor que sirvió para alejar cualquier temor y que es el resultado del gran trabajo semanal por parte de Escribá para eliminar cualquier duda de las cabezas de los jugadores; de la preparación  a nivel mental del partido.

Hablamos de la preparación mental para afrontar el inicio, pero el resto de la primera parte fue la prueba de la preparación táctica. El Elche invitó a Matilla y a Emilio Sánchez, dos de los centrocampistas más técnicos de la categoría, a tocar y tocar diez metros atrás del mediocampo. Y ellos cayeron en la trampa, pensando que su comodidad significaba la incomodidad del Elche. Nada más lejos de la realidad, unos contentos por poder gustarse tocando y tocando en horizontal, y los otros contentos de no sentir la más mínima sensación de peligro en esa zona.

En la segunda parte, nuevo arreón del Elche con el que las ocasiones debieron significar al menos un par de goles más pero el balón parecía peleado con la red.

Esta circunstancia fue un nuevo reto para el equipo. De nuevo podían surgir las dudas. El recuerdo del partido anterior en casa, frente al Mirandés, en el que ellos marcaron en la única que tenía. Podría aparecer el temor a esa ley no escrita que dice que quien perdona, al final lo acaba pagando.

Pero no, ahí volvió a aparecer esa fuerza mental que exorciza cualquier fantasma y que sirvió para resolver con éxito los intentos murcianos de empatar el partido al final con pelotazos a la olla.

Una prueba más de que la tenemos muy bien amueblada. La mejor arma del mejor Elche que muchos hemos visto. La cabeza del líder.

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