OPINIÓN | Fe, otra vez

 

Chimo Baeza | 06/05/2013 07:00 @chimoeneas
OPINIÓN. Escribo esto varias horas después del partido en El Madrigal y todavía no tengo muy claro lo que ha pasado. Se podría tirar del tópico y decir que fue el típico encuentro con dos partes para cada equipo, pero se me queda corto. Llamadme seniso o lo que haga falta, pero al final de la primera parte, he visto la cosa negra. No tan negra como para ver peligrar el ascenso, pero sí para firmar, a la tasa de crédito que hiciera falta, un empatito contra el Villarreal. Tampoco me culpéis: en los primeros 45 minutos, los amarillos pasaron por encima al Elche, que no atinaba a aguantar el balón en su poder más de unos pocos segundos. El recuerdo de partidos no del todo gloriosos, como el del Numancia o el del Racing, venían a la mente. Pero luego, milagrosamente, todo cambió. En el descanso los jugadores se debieron de tomar varios kilos de aquella papilla que se tomaba el Sevilla o Escribá se mandó un discurso que dejó en charla de parvulitos lo de Benito Floro en Lleida, pero el caso es que el equipo reaccionó y por la vía rápida. Primero, Carles Gil, luego Generelo, y en cinco minutos lo que parecía imposible (o muy difícil) se había logrado casi sin esfuerzo. Más tarde la cosa se complicó ligeramente, pero finalmente Ángel (gracias por volver) se encargó de concluir una remontada muy épica.
A veces, creo que el Elche juega con nosotros como Dios trolleó a Abraham (y a Job). Nos pone a prueba con las peores perspectivas (bueno, quizás lo de matar a tu hijo es algo peor que lo de ver perder a tu equipo), pero sólo para calibrar hasta dónde llega nuestra fe y darnos la gloria después. Dudamos, es cierto (menos esos irreductibles que siempre creen… aunque esa gente no está muy allá), pero en el fondo aguantamos en la grada o delante de la tele, porque sabíamos que, en el fondo, 45 minutos pueden dar mucho de sí para un equipo que ha conseguido pasearse ante otros gallitos de la categoría. Y, porque creímos, pudimos ver después a un equipo revitalizado, que dejó a un lado todas las dudas sobre su estado físico, imponiéndose por superioridad numérica en sus ataques. Y, así, después de mucho sufrimiento, pudimos celebrar una victoria que nos deja a milímetros del objetivo de Primera.
Se la merecen los valientes que han viajado hasta Villarreal, los que han recibido al equipo a su vuelta al Martínez Valero. Pero sobre todo, aquéllos que siempre han estado allí, apoyando al equipo fuera de toda crítica. Y, por supuesto, ese señor llamado Escribá y sus maravillosos jugadores. Aunque todavía no tenga muy claro cómo ha ganado hoy.

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