El muro de los madriles, Anguix desencadenado y un muñeco tentetieso

Óscar Gómez “Pedja” ¦ 14/02/13 07:00 @pedjafranjiverd

OPINIÓN.Con todo lo acontecido esta semana parece que fue hace un siglo cuando Elche y Córdoba empataron a cero en un duelo entre equipos invictos, que acabó, como no podía ser de otra manera, en empate. Blanco y en botella o, como dicen algunos, verde y con asas. En este caso, y sin que sirva de precedente, se cumplió la lógica de las estadísticas. Está claro que el rival era de los buenos (yo no lo descartaría para el ascenso directo), de los de pata negra y que no iba a ser nada fácil esta vez conseguir la victoria. Por todo ello, para mí el empate no fue un tropiezo. Fue simple y llanamente una llamada de atención porque, más allá del los resultados, el Elche está dejando en evidencia hace ya bastantes partidos una manifiesta y preocupante sequía de cara a gol. Pero, siendo justos, el Elche no jugó mal, salvo algunas cosas, como diría Rajoy.

Lo mejor del partido es que volvimos a mantener la portería a cero, superando otro récord más y ya van unos cuantos. Esta vez fue a título individual, personificado en nuestro portero Manu Herrera, el Muro de Los Madriles, que superó el récord de Reinke con el Murcia de hace 10 años que había encajado 13 goles en 25 partidos. Que Manu solo haya recibido 12 goles a estas alturas de liga es, además de por contar con una gran defensa y un equipo solidario, porque es un porterazo. Como se suele decir, los grandes guardametas son aquellos que resuelven brillantemente las pocas ocasiones que les crean, demostrando una gran concentración. Y así lo demostró el sábado.

Afuera aparte, cuenta la leyenda que en el principio de los tiempos se instauró una costumbre para que en el Elche, C.F, ya sea por un pito o por una flauta, no tengamos una semana tranquila, costumbre arraigada que se mantiene hasta la actualidad. Juan Anguix entró el Martes, cual elefante en cacharrería, en la sala de prensa para dejar claro el cisma existente entre las diferentes “familias” o “reinos de Taifas” que cohabitan en el Consejo. Vimos esta vez a un Anguix desencadenado, como diría Tarantino, repartiendo a diestro y siniestro, sin freno de mano, criticando abiertamente al presidente y pidiendo incluso su dimisión. El empresario valenciano dijo estar harto de mentiras y dejó a entrever que su presencia molesta a algunos miembros del consejo que, al más puro estilo Gran Reserva, le dicen aquello de “tú nunca serás un Cortázar”, por no ser de la ciudad y no entender la idiosincrasia del club. Y seguramente él le habrá dicho a su vez al presidente, siguiendo con el símil de las series españolas, a lo Imanol Arias en Cuéntame, aquello de “Me cago en la leche, Pepe”.

Es evidente que la actitud del presidente en el caso de las entradas falsas ha sido, como poco, manifiestamente mejorable. Yo no digo que sea culpable. No me imagino a Sepulcre toqueteando los tornos y desconectando el cable rojo, en plan Arma Letal. Pero, ¿dónde queda entonces su responsabilidad y su labor de vigilancia? ¿Hacia donde miraba mientras le metían las manos en los bolsillos? No se puede ser jefe y eludir la responsabilidad. Así es jefe cualquiera.

Sepulcre lleva ya mucho tiempo recibiendo críticas y encajando golpes sin ofrecer resistencia y defensa alguna. Y no se moja. Su rueda de prensa del Miércoles de Ceniza (a partir de ahora Miércoles de Cenizos) fue un canto al hippismo más radical y extremista al grito de “Anarquía y cerveza fría”. Le faltó la guitarra y cantar “San Francisco (be sure to wear flowers in your hair)” de Scott McKenzie. El presidente, más que un muñeco de pim, pam, pum, que también, porque se las lleva todas, es un muñeco tentetieso, que por mucho que le den, siempre vuelve al mismo sitio, a su posición original, una y otra vez.

Como colofón y fin de fiesta a un día esperpéntico, la irrupción de Anguix en la rueda de prensa del presidente llamándole mentiroso delante de todos los medios fue bochornosa y vergonzante. Ni entrenando lo hubieran hecho peor ambos, uno aferrándose a la poltrona a toda costa y mirando para otro lado constantemente, el otro, amparándose en la razón, que creo tiene en gran parte, y perdiéndola al elegir mal los tiempos y las formas. La situación actual, por tanto, es una situación, a mi entender, de no retorno. O se va Sepulcre o se va Anguix. No podemos aguantar por más tiempo al dúo Pimpinella en acción, discutiendo a todas horas. Pero no descartemos nada, igual se arreglan, que hoy es San Valentín. Como se decía cuando íbamos al colegio: “los que se pelean se quieren”.

Al final ha dimitido antes el Papa que cualquier directivo del Elche. Benedicto se ha viciado con el twitter vaticano, trasnochando de más, y eso le ha terminado de rematar físicamente pero sobre todo habrá querido dejar en evidencia a Sepulcre y sus secuaces.

Qué mejor manera de despedirse, por tanto, en esta ocasión que en latín, como ha hecho el Papa. “Habemus follonum et sumus fotutus” (será una lengua muerta pero qué bien se entiende)

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