El histórico Ilicitano se empeña en volverlo a hacer

Hubo un tiempo en que en los filiales había más canas que espinillas. Los equipos tenían sus nombres de equipo, sus escudos de equipo, sus uniformes de equipo y se reforzaban con ambición, sin sólo pensar en satisfacer a un progenitor a simple vista lejano en apariencia. Los Castilla, Mestalla, Fabril, Turista, Sanse, Vetusta, Imperial, Rayo Cantabria, Deportivo Aragón y Salmantino, entre otros, más todos los Atléticos (Barça, Madrileño, Malagueño, Sevilla, Las Palmas, Córdoba, Albacete…) fueron prácticamente independientes –por lo menos en forma- hasta recién estrenados los noventa.

Su ‘fin’ llegó motivado por el más importante de sus éxitos. Los filiales entraban en los sorteos de la Copa del Rey e incluso optaban a disputar competiciones europeas si se clasificaban. Pero el Castilla tocó pelo y le cortaron las manos a todos. El segundo equipo del Real Madrid alcanzó la final copera en la 79/80 –curiosamente la perdió contra su superior (6-1)- y un año después quedó encuadrado en la Recopa de Europa -eliminado en treintaidosavos-.

Este hecho llevó a la UEFA y a la mandada Real Federación Española (RFEF) a acordar la vulgarización de las denominaciones de los filiales por malentendidos con las actas y duplicidad de clubes y jugadores en los campeonatos continentales. En nuestro país se aprovechó la obligatoria conversión del club de fútbol a Sociedad Anónima Deportiva como herramienta para acabar con su encanto y colgar una bé bien grande en sus culos. Por supuesto, también, se les prohibió participar tanto en Copa del Rey como en competiciones europeas -que digo yo, con eso habría bastado- y progresivamente fueron rejuveneciendo hasta ser simples trampolines de canteras, netamente compuestos por imberbes futbolistas de futuro. Algo estimulado por otra regla impuesta por los mandamases: con más de 23 años -25 para porteros- y ficha del filial no se puede jugar en el primer equipo.

En los últimos años, previo permiso federativo, algunas entidades han recuperado el nombre clásico para sus segundos con la condición sine qua non de que aparezca en primer lugar el del club. Como el actual Elche Ilicitano. Sportman, desde su fundación en 1932; Deportivo Ilicitano tras la Guerra Civil y hasta el decretazo; y Elche B durante trece años más.

He precisado de cuatro párrafos hasta llegar a la franja verde, pero ya estamos aquí. Aquel filial no coleccionó tanto palmarés como el Castilla. Principalmente, porque el segundo equipo blanco comparte su máxima condecoración con el Elche Club de Fútbol –el ‘A’-: una final copera. Aún así, el Ilicitano puede presumir de haber llegado al techo dos años en Segunda División, las campañas 68/69 –fue segundo- y 69/70, lo más alto a lo que puede aspirar un filial en competición doméstica. Lico, Vavá, Marcial, Curro, Romero, Boria y muchos otros grandes jugadores mezclaron juventud y veteranía en distintos momentos de los más de ochenta años de historia de un Deportivo Ilicitano fuertemente vinculado en lo social a la ciudad de Elche. “El derrumbe del Elche C.F. en la temporada 1952/53 (…) dio al Deportivo un mayor protagonismo. Fueron sus jugadores los que pasaron a la plantilla blanquiverde cuando los profesionales, venidos de fuera, no quisieron jugar por falta de pago. (…) Lograron reavivar entre los aficionados la ilusión perdida por el fútbol. (…) El Ilicitano se ganó a pulso un lugar preferente en el corazón de los ilicitanos”, relata el ilustre periodista Santiago Gambín.

Como todo bien descuidado, la época dorada del Tano se fue oxidando y después de muchos años oscurecido vuelve a brillar. Tercera y Regional Preferente ha sido su hábitat durante numerosos lustros, pero este verano el grupo dirigido por Vicente Mir supo imitar a sus mayores para subir a Segunda B y prolongar una excelsa carrera de dos ascensos consecutivos desde el infrafútbol.

El Ilicitano nunca había militado en Segunda B. Cuando en los setenta bajó de Segunda, la categoría no existía y después no supo dar el salto. El estreno, a todo esto, ha sido rompedor. Correspondiente a la ilusión creada por una plantilla ampliamente reforzada y que hasta se ha permitido el lujo de nutrir a un ‘plata’ como el Murcia con el delantero Sergio León, cedido por una temporada. Remontémonos al primer párrafo. El filial franjiverde, amén de nombre único, tiene equipación propia y no es franji, sólo verde. También escudo propio y en este curso incluso fichajes de nivel. Alma propia, en definitiva. Esta chavalada ilusiona más que ninguna otra que hayan visto mis ojos y no me nace duda alguna al escribir que hay Ilicitano para rato. Para alimentar al primer equipo como mandan los cánones ahora, o para competir donde se propongan. No sé si ellos lo saben, pero ya han hecho historia y tiene pinta de que no se conforman.

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