El cinturón reversible

Santiago Martínez ¦ 02/11/12 07:00 @penflexiones

Hace unos años pasé por ese momento que, al menos antes de la crisis, nos tocaba vivir a todos los de veintipocos. Ese año en el que, por alineación de los astros, por las mareas, o vete tú a saber porqué, muchos de tus amigos deciden casarse. Y, mira tú por dónde, a tu novia le pasa lo mismo. En nuestro caso, fueron nueve bodas, repartidas en todas las estaciones y en diferentes momentos del día.

Ese año tu pareja te enseña una de esas cosas que las mujeres saben y tú no. No se debe ir vestido igual a una boda de noche que a una de mediodía, ni a una de invierno que a una de primavera. La borrachera final es la misma, pero el atuendo no.

De esta forma, a la suma de regalos y despedidas, había que añadir, como mínimo, un par de trajes, uno oscuro para frío y noche y uno claro para día y calorcito. Con sus respectivas camisas, corbatas, zapatos…

Y en esas descubrí un producto estrella. Un cinturón de piel que por un lado era marrón y por el otro negro. Girando la hebilla plateada, este cinturón reversible combinaba, tanto con mi traje beige como con los oscuros.

Versatilidad, practicidad y diseño. ¡Una maravilla!

El domingo me acordé de ese cinturón, y no fue por ninguna boda, sino viendo el partido del Eche.

Venía el odiado Fabriciano, ex – entrenador del Elche en los años noventa, cuando éramos el equipo a batir en 2ªB. Y debió acordarse de cómo nos jugaba el Rubí o el Mataró, porque desde entonces, no se había visto un planteamiento tan ruin en un visitante del Martínez Valero. Con la diferencia de que el gallego no entrena a un equipo como los mencionados sino a todo un histórico como el Racing de Santander, y de que ahora somos gallitos un peldaño más arriba.

Así que el Elche, que en la mayoría de partidos había tenido como arma más peligrosa y efectiva el contragolpe, tuvo que “girar la hebilla” y llevar todo el peso del partido para sobrepasar el autobús, de esos rojos de Londres, que puso el entrenador racinguista.

Y el equipo franjiverde, fue tan efectivo como mi cinturón reversible. Los mismos jugadores demostraron que pueden ganar un partido con el 70% de posesión, sin espacios, con paciencia, madurando la jugada, sin contras…

Demostraron que lo que debe ser rígido es la personalidad del equipo. Que lo que no puede darse la vuelta es la convicción en lo que haces. Y que, a partir de esa personalidad, se puede y se debe tener la versatilidad y flexibilidad para amoldar tu forma de juego a las circunstancias y al rival.

Por lo tanto, no fue una victoria más. Debemos darle el valor añadido por cómo llegó. Ha de servir para la fortaleza del grupo el haberse dado cuenta que saben ganar con más de un registro, que han tenido esa capacidad de adaptación, tan necesaria para el éxito.

Personalidad, versatilidad y optimismo desbordante. ¡Una maravilla!

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