Dudas, dudas y más dudas

Dudas, desconfianza y desazón, y las correspondientes dosis de pesimismo (que nunca falten), se palpaban en el ambiente tras el partido contra el Leganés. Los últimos resultados y el juego del equipo han roto definitivamente con las buenas vibraciones y sensaciones del inicio de temporada. Se ha pinchado definitivamente la burbuja y la euforia inicial.

Y es que es cierto que se vio un juego pobre, insulso y soporífero, así como una prácticamente nula capacidad para superar al rival. Eso es así.

Pero, por otra parte, es lógico y hasta cierto punto entendible que, tras muchos goles en contra y tras varios malos resultados, Rubén Baraja opte de manera puntual por un planteamiento conservador y “amarrategui” y evite asumir riesgos.

No es algo que guste, claro. Pero no me parece nada criticable. En esta dura categoría a veces es necesario romper con tus principios para intentar cambiar una dinámica negativa. A veces es preferible dar un paso atrás para coger impulso y recuperar la confianza. Y para ello hay que ser muy valiente. Y Baraja lo ha sido. Hay que tener mucho valor y arrojo para renunciar a tu estilo, con lo que ello supone, en favor del estado de ánimo del grupo. No todos los entrenadores lo hacen.

Tampoco sería bueno que nos olvidáramos que esta categoría es muy igualada y cada punto vale su peso en oro. Y a veces, por tanto, es preferible amarrar un punto que perderlos todos. Vendrán mejores tardes y volverán a cantar los pájaros por la mañana.

En esta Segunda tan compleja, variopinta e impredecible es ciertamente recomendable no ser demasiado pulcro y escrupuloso con las ideas y los principios. No se le deben caer los anillos a ningún equipo que aspire a cosas importantes por hacer partidos feos y por cambiar de manera puntual el pincel por la azada. Hay que tener un perfil camaleónico y polifacético. Aquí no suben los equipos más puristas y con más arte, suben los más prácticos y más estrategas. Para ejemplo cercano, el Elche de Escribá.

Pero, claro, a muchos aficionados le asaltan las dudas, los miedos y los desengaños. ¿Las causas?  Por un lado porque a parte de la afición y a parte del periodismo se le ha puesto el morro muy fino tras el paso por Primera División y no valoran que tanto el escenario, el contexto y las condiciones han cambiado radicalmente.

Y por otro lado, porque la memoria de algunos es efímera. ¿Ya no recordamos en qué condiciones se confeccionó esta plantilla? ¿Ha pasado al olvido todo lo acontecido en los últimos meses? ¿Ya nos hemos olvidado de cómo funcionan las cosas en esta categoría? En verano nadie daba un duro por salvar el descenso a Segunda B y ahora nos la cogemos con papel de fumar por una mala racha, teniendo 15 puntos y siendo novenos en la tabla. No es una situación para tirar cohetes pero muchos la hubieran firmado con sangre hace pocos meses.

Y tampoco hay que olvidar que en la categoría de plata los primeros meses de competición son una especie de criba a la que hay que sobrevivir como sea y acabar el año decentemente colocado en la tabla para poder afrontar la segunda parte de la temporada con otros objetivos y con otro espíritu.

Y estamos ahí. Colocados y agazapados. Equidistantes de la cabeza y del descenso. Pero esto es muy largo. Es una carrera de supervivencia y hay que aguantar como sea.

Y al final lo que contará es acabar bien no haber llevado un camino de rosas ni una trayectoria impoluta.

Y acabaremos Segundos, no os olvidéis. No tengáis más dudas.

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