Derrota

Chimo Baeza ¦  11/03/13 00:05  @chimoeneas

OPINIÓN. Hacía tanto tiempo, que ya no recordaba la rabia de una derrota. Esa sensación de impotencia, de estar cerca de algo (que, al final, lo cierto es que no depende de ti) y terminar con una sensación de frustración: como cuando estás esperando en la cola de un comedor y justo delante de ti se acaba tu postre favorito o (mucho más real) como cuando sales a cenar en un grupo y la chica a la que querías entrar se sienta en el otro extremo y no la vuelves a ver en toda la noche. Claro que, comparado con esas frivolidades, la derrota de tu equipo de fútbol te deja un sabor mucho más amargo. Cuenta la leyenda que había gente que se acostaba sin cenar tras ver perder a su equipo, quizás porque ya habían llenado el alma de cosas chungas. Hoy, por suerte, no somos tan melodramáticos como en esos años en que la gente también se mataba por amor y, a fin de cuentas, perder un partido es lo más natural del juego. Lo raro, lo verdaderamente increíble, era no conocer la derrota desde noviembre.

Puestos a relativizar, hay derrotas y derrotas. No sé quién dijo (pero lo suscribo) aquello de que se puede tolerar que tu equipo pierda, pero no que no lo dé todo en el campo. Igual que aplaudimos que nuestro amigo intente entrar a la chica anteriormente mencionada y lo enseñe la roja a los 20 segundos, pero reprobamos que se quede quieto en la esquina del garito. El Elche, sí, perdió contra el Mirandés su primer partido desde aquel lejano encuentro contra el Lugo, su primer encuentro en casa en toda la temporada, pero hay poco que se le pueda criticar. Tuvo el control de la pelota (aunque hoy en día eso cada vez tenga menos importancia), dispuso de las mejores oportunidades (algunas tan espectaculares como ese casi gol olímpico de Albacar) y murió atacando, intentando recortar la ventaja de ese Mirandés que ya no resulta tan simpático como cuando el año pasado sacaba de sus casillas a los grandes. Es verdad que los castellanos estuvieron inteligentes y que supieron subrayar las lagunas de nuestro equipo (que, como el Real Madrid, se muestra mucho más feliz con pradera para contraatacar que en estático), pero también fue intuitivo Escribá cambiando la velocidad (Xumetra) por el trabajo de zapador (Carles Gil). Y también es cierto que un control y una definición como la de De Cerio se ven pocas veces en un partido de Segunda y que poco más hizo el Mirandés a nivel ofensivo, así que a veces simplemente toca resignarse y pasar al siguiente partido y pensar en la lección de que en el fútbol los planes casi nunca salen bien.

Hay más lecturas positivas, claro. Una amiga, antes de cada partido clave, nos recuerda la importancia de la tensión competitiva, repitiendo las dos palabras como un mantra desde la mañana. Normalmente, no hay que invocar la tensión demasiado entre los jugadores porque llega sola, pero una ventaja tan grande como la que tiene Elche respecto al tercero puede llevar a la relajación. No fue así contra el Mirandés, donde si no se pudo ver ningún gol del equipo, sí que se pudo ver que sigue el hambre por ganar. Y es que hay derrotas y derrotas.

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