OPINION | Derrota de autor

 

 

 

 

 
Chimo Baeza | 22/04/2013 07:00 @chimoeneas

A José Bordalás se le podrán criticar muchas cosas (empezando por esos polos de una o dos tallas menos que suele lucir), pero no de no tener un estilo. Quizás sus equipos no pasen a la historia del fútbol por su belleza plástica y su duende y su arte, ni suelen arrebatar los aplausos de los aficionados neutrales, pero no es muy difícil comprobar cuándo está presente el sello bordalesiano. Nuestro extécnico se subió a la ola buena creada por Anquela (mítica copera aparte, recordemos que el año pasado disputó el play-off de ascenso) y parece que ha mejorado el producto: este Alcorcón recuerda mucho al Elche de hace dos temporadas, aquélla en la que sólo faltó un gol para conseguir el ascenso, un equipo perro (en el mejor sentido), duro de roer y al que le cuesta ganar amigos.
Otra cosa que tampoco se le puede criticar al ahora entrenador alfarero es su honestidad con sus planteamientos. Seguramente los mil y pico franjiverdes que viajaron a Madrid intuían más o menos cómo se iba a desarrollar el partido desde la parte amarilla y los pronósticos se cumplieron: presión mordedora, poner de los nervios al rival con continuas interrupciones, elaboración justita en el mediocampo y veneno arriba. En realidad, el Elche actual de Escribá no dista tanto del de hace dos años; se podría decir incluso que es la versión elegante, simpática y (muy) mejorada de ese estilo de juego… Y que siga así… pero, siendo oportunista, a nuestro equipo le faltó el domingo en Santo Domingo (perdón) esa mala baba, ese colmillo afilado, ese marrullerismo que tantas críticas cosechó en 2011. Justo cuando el Elche venía de volver a exhibir, ante el Xerez, el hambre y las ganas de ganar que mostró no hace tanto, en Alcorcón volvió a ofrecer una imagen cercana a la desidia. Será, de nuevo, que las doce del mediodía no es hora para el fútbol o será que no se puede rendir a tope durante 42 jornadas (más aún si los rivales también se juegan la vida en cada partido), pero cierto amodorramiento y falta de claridad de ideas se pudo ver en los ilicitanos. Por ejemplo, en el gol del Alcorcón: es cierto que para rodear a Babin hace falta un regimiento de estibadores de los principales puertos de Europa, pero el hombre remató solo, sin oposición, en el tanto que dejó los tres puntos en Madrid.
Uno, viendo perder a su equipo así, se cabrea y roza el cenicismo y el veletismo y se imagina todas las debacles posibles (que ya tienen que ser gordas, con lo poco que queda). Pero luego se analiza todo en frío y se ve que la ventaja (ahora de diez puntos) sigue siendo enorme, que a los jugadores no se les puede haber olvidado jugar (así de dramáticos nos ponemos por una derrota), que Escribá es un tipo listo y que, en el peor de los casos, los de arriba aún tienen que cruzarse y se sacarán puntos entre ellos. Y sobre todo, que si en septiembre me hubieran dicho que a estas alturas de temporada tendríamos esta ventaja, me habría ido corriendo a bañarme en la fuente de la Glorieta (sí, esa nueva tan pequeña). Que sólo queda un pequeño empujón, hombre.

Compartir esta entrada: