De descuentos, cuentos y recuentos

Óscar Gómez `Pedja´ | @pedjafranjiverd   10/04/2014  07:30

Transcurridos ya unos cuantos días desde la locura, éxtasis y explosión de alegría del domingo, una persona sensata, un ser humano con dos dedos de frente, un columnista objetivo, un junta-letras decente debe y tiene que reaccionar con elegancia, tranquilidad, profesionalidad y saber estar, absteniéndose de cualquier manifestación soez impregnada de visceralidad, subjetividad, forofismo y falta de educación.

Pues eso. “¡¡¡Viva la madre que te parió, Richmond!!!, ¡¡¡Tus huevos pelaos!!!”

Vaya alegrón que nos pegamos. Algunos teníamos la voz al día siguiente más rasgada que la de Colombo y tuvimos que hacer gárgaras con anís. Pero mereció la pena. Son ese tipo de celebraciones que solo se pueden vivir de manera tan profunda y sentida si eres de un equipo humilde. Son ese tipo de celebraciones que te reconfortan más que una Champions League. Son ese tipo de celebraciones que los madridistas y/o barcelonistas de la zona ni conocen ni podrán tener nunca.

Tuvo que venir el gol en el descuento, en “la zona Cesarini”, en el extra-time, en el momento destinado para Boakye y su don divino. Pero el Elche lo había merecido y sudado mucho antes. Vaya sí lo había merecido.

Y es que los nuestros hicieron su  mejor partido en mucho tiempo, confirmando la mejoría demostrada en las últimas semanas, pero, como siempre, se nos resistía el gol. Pero, cuando todo parecía que iba a acabar en empate, el destino nos tenía reservada una grata sorpresa. Como dijo Escribá en rueda de prensa, el fútbol nos lo debía y nos sigue debiendo todavía alguna más.

El cuento con final feliz fue aún más completo si cabe al ganar a un rival directo, a un Getafe que venía de romper su racha negativa ganando la semana anterior y que parecía volver del coma futbolístico en el que se encontraba inmerso. Pero se dio de bruces con nuestra profesionalidad, competitividad y empuje. Mucho Elche para tan poco Geta.

La reacción de Cosmin Contra resume perfectamente los efectos directos y colaterales del resultado. Aún hay empleados del club buscando la botella de agua que salió disparada tras el puñetazo del entrenador rumano en la cabina de prensa donde vio el partido. Debe encontrarse ahora en un universo paralelo y lejano entre el balón de aquel penalti que lanzó Sergio Ramos, la inteligencia de Rafa Mora y la objetividad de Xavi Hernández.

Afuera aparte, dando ya carpetazo a la victoria, la lucha por eludir el descenso sigue en pie y aún queda bastante para que podamos respirar tranquilos. Es cierto que todo parece más asequible ahora y más teniendo en cuenta que algunos rivales como Almería, Getafe o Granada parecen muy tocados. Pero no nos podemos fiar. Esto puede cambiar totalmente de una jornada a otra.

Eso sí, una vez rota la tensión que atenazaba al grupo ante la falta de gol y la escasez de victorias, espero y confío en que destapemos de una vez el tarro de las esencias. No vamos a marcar goles a pares ni vamos a ser ahora el Ajax de Cruyff, pero ojalá anotemos los goles justos y necesarios para seguir sumando. Nos conformamos con que Escribá siga sacando tan excepcional rendimiento a tan ínfimo bagaje goleador. Y es que nunca nadie consiguió tanto con tan poco. Ya hizo ascender de calle al equipo con solo 54 goles a favor, cifra ridícula para un líder, y parece decidido a salvarlo del descenso sin superar ni siquiera la barrera de los 30 goles, que es algo así como machacar en una canasta de espaldas midiendo 1,60 m, un logro increíble, una proeza.

¿Qué podría hacer este hombre con mejores mimbres a nivel ofensivo? No me lo quiero ni imaginar. Pero eso ya es harina de otro costal y tocará otro día.

Ahora es momento de hacer recuentos, de calcular puntos y de analizar los enfrentamientos de los rivales. Y una vez hecho eso, cada día tengo más claro que no van a hacer falta los 40 puntos para salvarse. Ni los 39, apuesto.

Y en estas viajará el equipo este fin de semana a la capital del Turia a jugar contra el equipo entrenado por el señor argentino ese que se comió a Juan Antonio Pizzi,  tres palets de judías pintas y todos los kebaps de Londres. Y no irá el equipo solo, irá acompañado por muchísimos aficionados, en una masiva movilización que recuerda y mucho a la de Villarreal del año pasado. Ojalá se parezca todo a aquel día, resultado, viaje de vuelta y recibimiento, y que en lo único que difiera sea en que no juegue Carles Gil (jindama’s clause) y en que nos traigamos, además de 3 puntos, una horchata y unos fartons de Alboraya.

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