Cuando el empate sabe a poco

Chimo Baeza ¦ 11/02/13 07:00 @chimoeneas

OPINIÓN. Decíamos hace unas semanas que nuestro equipo nos tiene malacostumbrados y sigue siendo cierto. Tras once partidos seguidos consiguiendo la victoria en casa (eso es un fortín y no lo de la Línea Maginot), el Elche cedió este sábado un empate en el Martínez Valero ante el Córdoba, posiblemente el equipo con más clase y con las ideas más claras de los que han pasado por nuestro estadio. Primer 0-0 como local y las crónicas de los periódicos se han llenado de palabras como concesión, errores, revés y otras por el estilo. Y sí, fastidia empatar (más aún en esta jornada en la que el tercero nos recorta la ventaja y se pone a once puntos) y puede llegar a preocupar que en los últimos cinco partidos, sólo se haya podido vencer en uno. Pero hay que poner todos esos miedos en perspectiva: que en doce encuentros en el Martínez Valero sólo se hayan escapado dos puntos es un registro brutal, más propio de Madrides y Barcelonas que de un equipo de Segunda, donde suele haber una mayor irregularidad y competitividad. Aunque sea paso a paso, el equipo sigue sumando y, más o menos, manteniendo una distancia más que considerable con el tercer clasificado, que es el que de verdad cuenta. Y no olvidemos tampoco que fue un empate (con ligero sabor a derrota, por lo malacostumbrados que estamos) ante un equipo al que no le van excesivamente bien las cosas, pero que sigue siendo un claro candidato al ascenso.

Como el dios Jano de los romanos o como el chiquito ése que sale en Batman, el Elche ofreció dos caras en cada tiempo. En la primera apareció algo anestesiado, cediendo la pelota al Córdoba y sólo preocupándose de no sufrir muchos apuros. Eso lo consiguió, ya que, pese a su dominio, los andaluces tampoco se hartaron a disfrutar de grandes oportunidades, pero no era nuestro Elche, ése al que siempre vemos con intensidad, presión mordedora (al contrario, se hacía la presión, pero muy descompensada) y mala uva para enfilar a toda prisa hacia la portería rival. En la segunda parte sí que vimos algunas de esas características en los franjiverdes: no todas, cierto, pero sí las suficientes como para reconocer que ése era nuestro equipo y para hacer de Alberto, portero del Córdoba, candidato a ir con España en la próxima Confederaciones.

Al final, todo esto es lo que tienen las maratones, que son largas y dentro de ellas hay espacio para pequeños bajones y para momentos de euforia. Sería excesivo calificar de crisis el momento actual del equipo, porque, pese a no sumar de tres en tres, seguimos sin saber lo que es una derrota desde principios de noviembre (sí, no es una errata). Llegados al segundo tercio de esta carrera, lo importante es mantener la cabeza y la sangre fría y, en eso, el Elche de Escribá sigue mostrándose como un maestro: un único gol encajado en cinco partidos querrá decir algo.

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