Crónicas murcianas, la muerte de Manolete y la bala de l’Estartit

 Óscar Gómez «Pedja» ¦ 25/10/12 07:00 @pedjafranjiverd

Dicen que la derrota te enseña, pero yo el Domingo no quería aprender nada. Y si hubiera querido, habría visto un programa de Eduard Punset o un reportaje de National Geografic.

No nos engañemos, no tiremos de tópicos y de frases vacías, la derrota no tiene nada bueno, lo miremos por donde lo miremos. Una derrota es como las elecciones, que nunca son buenas, porque gane quien gane, siempre gana un político.

La crónica que todos queríamos leer el lunes era la crónica de la victoria. Pero al final desayunamos leyendo Crónicas Murcianas, venidas del más allá, del otro lado, de unos kilómetros más al sur de Orihuela. “El Murcia tumba al líder” decían algunos “El Murcia se zampa al Dátil Mecánico” anunciaban otros “Acho, pijo, que te topas” vociferaban todos al unísono.

El día de la gran Marea Franjiverde, el día en el que el Dátil Mecánico podía haber dado un puñetazo en la mesa de gran importancia, se tornó infelizmente en una húmeda y fría noche en la que se te rizaban hasta las cejas, en un ambiente más tétrico y gris que una película de Tim Burton y en una vuelta a saborear sensaciones casi olvidadas como el amargo sabor de la derrota, dejándonos a todos con cara de mango de paraguas y más hundidos que Rubalcaba después de los comicios gallegos y vascos. Y además, y si no fuera suficiente, para los amantes de las supersticiones y de los malos augurios, nuestro nuevo flamante patrocinador, Gioseppo, no comenzó, permítanme el juego de palabras, con buen pie.

La plantilla y el cuerpo técnico han asumido la derrota como algo normal y natural, como algo previsto en el cuaderno de bitácora de Fran Escribá. Sin nervios. Sin drama. Y muchos aficionados también. Como muestra, el botón de la actitud de la afición en la Nueva Condomina aplaudiendo a los jugadores después del partido.

Pero cuando se abre la puerta de la derrota no siempre entra aire puro, suele entrar también una hedionda bofetada de pesimismo protagonizada por los espabilaos de turno, los maestros del “a toro pasao”, los profetas que aparecen como el siseo de la serpiente entre el estruendo de la derrota para sembrar las dudas y buscar culpables.

Y ya tienen su culpable, su chivo expiatorio, su ofrenda para el sacrificio popular. Y no es otro que Héctor Verdés. Poco más o menos que culpan al central valenciano incluso de la muerte de Manolete. Pero no, a Manolete le mató un toro. Verdés ha tenido la mala suerte de protagonizar la acción del penalti que supuso el gol de la derrota. Pero es injusto señalarle como único culpable y triturarle como han hecho, dejándole como carne para albóndigas.

Ahora resulta, también, que no tenemos plantilla suficiente, que Powell no vale un pimiento, que hay que fichar en Enero, que no nos va a aguantar la gasolina hasta Junio y que nuestro porvenir, como diría un sevillano, es más feo que los pies de otro. Lo que más me sorprende es que no nos lo dijeran antes, que no nos ilustraran con su sabiduría con más antelación y que no nos alumbraran el camino con la linterna de su inteligencia para ir preparándolo todo y evitar, de este modo, problemas y tropiezos.

Como dijo Napoleón Bonaparte, “la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana” y algunos hacen de esta frase su leit motif . A estos cenizos no hay que hacerles caso, hay que castigarles con el látigo de la indiferencia.

Es lógica la tristeza y la pesadumbre que nos queda tras perder con un rival histórico y con uno de nuestros más feroces enemigos, deportiva y futbolísticamente hablando. Pero hay que asumirlo con deportividad.

Eso sí, que no me esperen en Ikea.. Y para buen pimentón, el de la Vera; para buena huerta, la valenciana y para gran río, el Vinalopó, no el Segura. Y el zarangollo para mí, digan lo que digan, es un ave exótica del Amazonas. Y Salzillo era un picapedrero muy sobrevalorado. Y Matola le da mil patadas a Espinardo y a Monteagudo. He dicho.

Con deportividad, eso sí.

Pero la peor noticia de esta jornada de liga no fue la derrota. Ni mucho menos. Lo peor ha sido la lesión de Xumetra, la bala de L’Estartit, el puñal por banda derecha, nuestro Michael Xumaker particular, el gladiador de la afición, el hombre capaz de convertir en posible cualquier jugada imposible, en definitiva, el actual héroe franjiverde.

Recupérate pronto, Xumi.

Compartir esta entrada: