Soltar lastre

Santiago Martínez | 19/04/2013 07:00 @penflexiones

OPINIÓN. Hablábamos la semana pasada de que el equipo estaba agarrotado por la presión que supone tener el objetivo tan cerca. Y el partido contra el colista fue una prueba más. A esa ansiedad existente se sumó el hecho de que, al jugar contra el colista, la obligación de ganar (con facilidad ) fuese total.

Cuando aún flotaba esto en el ambiente, el Xerez dispuso de dos acercamientos peligrosos, lo que, evidentemente, no hizo más que avivar los nervios de los jugadores. Llegando al clímax de la zozobra con el gol de David Prieto.

A partir de ahí, precipitación, imprecisiones, ocasiones claras falladas, un larguero del rival… hasta pitos en la grada. Un cóctel venenoso que hacía presagiar lo peor. Se venía otra tarde negra de esas con el campo lleno.

Se olían los aromas del desastre. Perder contra el último, justo antes del Tourmalet, viniendo de dos empates. Se cortaba el miedo a que se derumbase todo lo conseguido en la temporada, como un castillo de naipes.

Pero este Elche, como si de un Ghostbuster se tratase, volvió a eliminar cualquier fantasma del pasado y meterlo en su mochila. Igual que el trapecista, se marcó un “más difícil todavía” y consiguió una de esas remontadas agónicas y heroicas  en los últimos minutos, tan extrañas en estos lares.

Con el gol de Iceman Albacar, conseguimos cruzar esa franja de los 70 puntos. Una barrera que nos estaba resultando inquebrantable, pero que una vez pulverizada, debe servir para quitarnos de una vez el miedo a quedarnos a la orilla, el tan perjudicial “ Y si aún la cagamos?”.

Debe servir para que el equipo recupere viejas sensaciones, se suelte y vuelva a disfrutar jugando. Debe servir para soltar lastre.

 

Poniendo en duda al sabio

Santiago Martínez | 05/04/2013 07:00 @penflexiones
OPINIÓN. Luis Aragonés. El Sabio de Hortaleza. El entrenador español con más experiencia en los banquillos, respetado y admirado por todo el fútbol español. El que puso los cimientos de la época dorada de la selección española en aquella Eurocopa de 2008.
Cuenta con miles de anécdotas, batallitas, chascarrillos y lecciones. Una de las más recordadas es esa frase de que las ligas se ganan en los diez últimos partidos. Que todo lo hecho hasta entonces de poco vale, porque los objetivos se consiguen o se pierden en ese período.
Evidentemente no le falta razón al señor Aragonés. Esas diez jornadas son especiales. Es el momento en el que todos los equipos se la juegan, el momento en el que no hay margen de error y cada tropiezo se paga muy caro. Donde los equipos se pueden caer físicamente o cuando la máxima presión atenaza las piernas y las cabezas de los futbolistas. Un tramo especial, sin duda.
Y en estas llega el Elche de Fran Escribá, con su temporada histórica, y hasta se atreve a poner en duda la teoría del Sabio. Tambalearla, porque no la llega a echar por tierra. Sólo faltaría que antes de estas diez últimas jornadas hubiese conseguido matemáticamente el objetivo.
Está claro que el ansiado ascenso se debe conseguir en esta última decena de partidos, pero a ojos de cualquier aficionado al fútbol de fuera de Elche, y también de algunos ilicitanos (cada vez más), el objetivo está virtualmente cumplido.
Y es que, con los números en la mano, el Elche le saca a estas alturas trece puntos al tercero, lo que corresponde a cinco partidos, cinco pinchazos permitidos a falta de diez partidos. Un equipo que ha perdido cuatro en los primeros treintaidós.
Si esto fuese una carrera de fórmula uno, no es que saliésemos en la pole position de esta carrera de diez vueltas, es que los demás pilotos empezarían a rodar cuando nosotros ya llevásemos cinco giros completados.
Somos el estudiante que ha hecho los deberes todos los días desde que ha empezado el curso. Además, después de hacerlos estudiábamos un par de horas, para afianzar lo que nos habían explicado en clase. Hemos hecho todos los trabajos voluntarios y hemos aprobado con nota todos los exámenes parciales.
Somos el alumno aventajado que se ha atrevido a poner en duda al Sabio.

La cabeza del líder

Santiago Martínez | 29/03/13 07:00 @penflexiones

OPINIÓN. Venía el Elche de dos derrotas consecutivas. Un momento delicado en el que, a pesar de la buena renta de puntos de ventaja, podían aparecer los recuerdos de temporadas pasadas. Campañas en las que equipos que ocupaban la primera posición encadenaban cuatro o cinco derrotas consecutivas. Valgan como ejemplo el Hércules o el Celta.

Ese momento tan complicado para cualquier deportista en el que se está a punto de conseguir el objetivo y uno se da cuenta de que, llegados a ese punto, hay muchísimo que perder y poco por ganar. Ejemplo clarísimo de esto es el tenis, donde hemos visto en infinidad de ocasiones lo que cuesta ganar ese punto de partido, ese punto en el que a muchos se les encoge el brazo.

Por si esto fuese poco, debemos sumar a los típicos buitres que asoman la cabeza en cuanto huelen la posibilidad de que haya carnaza.

Era este cóctel el que hacía particularmente peligroso el partido frente al Murcia. Pero, lejos de salir dubitativo, el equipo franjiverde completó unos primeros quince minutos colosales. Con todo el equipo enchufadísimo, pero donde destacaron un Fidel que rompía sin piedad por su banda, un Coro que se puso el chaqué para dar un recital cada vez que intervenía, y un Ángel agresivo en la lucha y en el desmarque, y acertado para anotar el gol.

Un inicio demoledor que sirvió para alejar cualquier temor y que es el resultado del gran trabajo semanal por parte de Escribá para eliminar cualquier duda de las cabezas de los jugadores; de la preparación  a nivel mental del partido.

Hablamos de la preparación mental para afrontar el inicio, pero el resto de la primera parte fue la prueba de la preparación táctica. El Elche invitó a Matilla y a Emilio Sánchez, dos de los centrocampistas más técnicos de la categoría, a tocar y tocar diez metros atrás del mediocampo. Y ellos cayeron en la trampa, pensando que su comodidad significaba la incomodidad del Elche. Nada más lejos de la realidad, unos contentos por poder gustarse tocando y tocando en horizontal, y los otros contentos de no sentir la más mínima sensación de peligro en esa zona.

En la segunda parte, nuevo arreón del Elche con el que las ocasiones debieron significar al menos un par de goles más pero el balón parecía peleado con la red.

Esta circunstancia fue un nuevo reto para el equipo. De nuevo podían surgir las dudas. El recuerdo del partido anterior en casa, frente al Mirandés, en el que ellos marcaron en la única que tenía. Podría aparecer el temor a esa ley no escrita que dice que quien perdona, al final lo acaba pagando.

Pero no, ahí volvió a aparecer esa fuerza mental que exorciza cualquier fantasma y que sirvió para resolver con éxito los intentos murcianos de empatar el partido al final con pelotazos a la olla.

Una prueba más de que la tenemos muy bien amueblada. La mejor arma del mejor Elche que muchos hemos visto. La cabeza del líder.