JOSÉ BORDALÁS | Mentalidad ganadora para volver a Segunda

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Quiero aprovechar estas líneas para mandar mi apoyo al Elche en su camino hacia Segunda División. No soy la persona adecuada en este momento para dar consejos, pero sí muchos ánimos al equipo y a la afición. El Elche es un histórico y debe tener mentalidad ganadora para volver al fútbol profesional. Le tengo un gran estima al club por la cantidad de gente que reconoció mi trabajo.

Queda lo más complicado, pero estoy convencido de que lo van a hacer bien y ojalá consigan el ascenso. Sé que la afición va a estar con el equipo hasta el final. Tengo un recuerdo magnífico del ambiente que se crea en el Martínez Valero para finales como las de estos playoffs. Siempre me he sentido reconocido y respaldado por la afición franjiverde, sólo tengo palabras de elogio. Mi experiencia allí fue inolvidable.

Nuestra experiencia en el playoff de 2011 fue increíble. El Elche llevaba muchos años sin estar tan cerca de recuperar la Primera División. La eliminatoria contra el Valladolid fue espectacular, con remontada en el partido de vuelta. Encajamos un gol al comienzo y, tras el 1-0 de la ida, parecía todo perdido. Sin embargo, el equipo tuvo una reacción magnífica.

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Quedaba la final y acabamos tristes. En la ida conseguimos un empate muy meritorio en un campo tremendamente complicado. A pesar de señalarnos dos penaltis en contra, el equipo salió vivo, nunca mejor dicho, con todo lo que ocurrió: no nos dejaban marcharnos del estadio, nos rompieron el autobús… En la vuelta tuvimos mala suerte, con aquel gol legal que le anularon a Pelegrín.

Tristeza y satisfacción por el comportamiento del equipo y lo que habíamos trabajado para conseguir el ascenso. Cuando lo das absolutamente todo, como hicimos nosotros durante aquella temporada y aquel playoff, no cabe otra que seguir. Creo que se pusieron los cimientos para lo que vino posteriormente.

El equipo empezó a creer y entendió que una ciudad como Elche no podía conformarse con pelear por salvar la categoría en Segunda. Merecía mucho más y todos nos impregnamos de una mentalidad mucho más ambiciosa. Creo que puse mi granito de arena para hacer más grande al club. Ojalá esa mentalidad se repita en este playoff y celebremos el ascenso a Segunda, categoría mínima en la que tiene que estar el Elche, para pelear por el regreso a Primera.

Quiero terminar hablando de Nino, a quien tengo un gran respeto y admiración. Siempre he dicho que es un magnífico jugador y creo que va a dejar un legado en la historia del Elche para que los jóvenes aprendan de su trayectoria, profesionalidad y trabajo. Me da pena no haberlo tenido nunca en mi equipo. Lo he sufrido como rival y sé que no es bueno tenerlo enfrente.

Foto: LaLiga

DAVID MARÍN | Mucho ruido y pocas nueces

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El viernes pasado empezó el juicio del Concurso de Acreedores del Elche. El cartel del primer día parecía el del día grande de un festival musical. Sepulcre, Anguix, Rocamora. Tres platos fuertes sentados ante un juez, fiscales, administrador concursal y abogados. Uno iba allí con la idea de que podría sacar algo en claro sobre la etapa del club que desembocó en descenso administrativo.

Fueron muchas horas de interrogatorio. Sinceramente, espero y deseo que las pruebas presentadas al juez Fortea permitan una mejor valoración que unas declaraciones en las que unos y otros volvieron a empeñarse en echarse las culpas de lo sucedido, como si la cosa no hubiera ido con ellos. La escena me recordó a aquel juego del Grand Prix en el que los concursantes se iban pasando una patata caliente, esperando la explosión de esta. En un equipo estaba Anguix. En el otro Rocamora y Sepulcre.

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Quedaron varios titulares que, a día de hoy, ya estarán en las retinas de quienes se hayan interesado por el caso. Anguix ni presentó el aval/pagaré ni se espera que lo haga. Argumentó que no lo tiene en su posesión y que quizás se quedara en el club, tras su atropellada salida a finales de julio de 2015. También aseguró haberlo presentado en Hacienda. El caso es que han pasado casi tres años y seguimos sin noticias del aval/pagaré. El argumento de Anguix no se sostiene demasiado, la verdad.

Como tampoco se sostiene con facilidad, salvo que quieras hacer un ejercicio de fe máxima, la versión de los hechos de la pareja Sepulcre-Rocamora. Ahí llegó el primer gran titular del día, cuando Sepulcre aseveró ante el juez y los allí presentes que si él hubiera seguido en la presidencia, el Elche hubiera continuado en Primera. Cuesta creer que la ecuación fuera tan sencilla como salvación matemática = 50 millones de euros = salvación administrativa. Pero la estrategia, al menos judicial, está clara. Ellos no estaban, pagaban tarde pero pagaban y nadie les dijo que había riesgo de descenso. Las pruebas y, por ejemplo, la declaración de Javier Tebas corroborarán o no esta versión.

Otro punto llamativo fue la labor del fiscal que llevó el peso de los interrogatorios de la Fiscalía, Francisco Marco. Empezó el día intentando meter como testigo a Víctor Varela, de Skyline International. El juez no lo admitió, al considerar que tuvo tiempo suficiente en su día para incluirlo en la lista de testigos. Y luego comenzó una especie de juego ratón-gato con Fortea que derivó en el hartazgo del juez, quien puso fin a los interrogatorios a Sepulcre (tras tres horas) y Rocamora (hora y media).

El fiscal se quejó por lo que entendía como una situación de indefensión, a lo que el juez argumentó en el tiempo de sobra que le había permitido interrogar tanto a Sepulcre como a Rocamora. A lo largo de las sesiones también le solicitó en varias ocasiones que no empleara un tono inquisitorio al tratarse de un proceso mercantil y no penal y que dejara de repetir preguntas. Una reiteración en la que, desde fuera, sí dio la sensación de pecar en exceso. Tampoco le permitió indagar en procesos penales abiertos o con sentencia ya dictada (Eventos Petxina, Wakaso, Welby Control…).

¿Qué sacó uno en claro del viernes 4 de mayo? Las siguientes líneas son a título personal, sensaciones y no verdades que haya que llevar ante un altar. En primer lugar y ateniéndome al menos a este inicio de juicio, las pruebas presentadas ante el juez Fortea para cambiar el signo del administrador concursal, que declaró fortuito el Concurso de Acreedores, van a tener que ser muy sólidas. Cuesta creer que del interrogatorio del pasado viernes salga alguna declaración que desequilibre la balanza hacia el lado del concurso culpable. Al final, mi sensación es que eso es lo importante (las pruebas) y las declaraciones sirven al juez para tratar de entender todo lo ocurrido durante el espacio temporal que se está juzgando.

En segundo lugar, eché en falta más explicaciones sobre el famoso préstamo fantasma, un tema que cierto es que sacó a colación Anguix durante una de sus respuestas, pero que durante los interrogatorios a Sepulcre y Rocamora quedaron muy de lado. Los abogados del expresidente y el exsecretario general se escudaron en la demanda por supuesta estafa presentada contra Romualdo Soriano y compañía. Más líos judiciales.

Del resto de temas, un picadillo de lo ya dicho. Sepulcre y Rocamora se escudan en el principio de acuerdo que decían tener con Toro Finnance una vez se lograra la permanencia matemática (digo yo que deberán documentarlo), la misma mercantil a la que habían recurrido un año antes con otro préstamo, y a que se podía pagar tarde si se pagaba a Hacienda antes del mes de junio de 2015 para evitar el descenso. Eso tendrá que corroborarlo LaLiga.

Anguix, por su parte, dio la sensación de salir con un gol en contra del juzgado. Llegó tranquilo y confiado en que el Elche saliera como vencedor del juicio, según sus propias palabras. Tuvo la enésima oportunidad de aclarar el tema del aval-pagaré, pero ni lo presentó fisicamente ni dio una explicación medianamente convincente a sus negociaciones de finales de mayo con UBS y un grupo de empresas que, según él, querían entrar en el club y estaban dispuestos a poner 22 millones, siempre que Tebas le asegurara seguir en Primera.

Lo dicho. Al final, por ambas partes, mucho ruido y pocas nueces. Todos aseguraron tener soluciones, pero el Elche acabó bajando. Ojalá las pruebas digan al juez algo más de lo que dijeron las personas.

MONSERRATE HERNÁNDEZ | El derbi que cambió la historia

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Quien me conoce sabe que acostumbro a preguntar entre mi entorno qué cosas hemos hecho mal para poder advertirlas y corregirlas de cara al futuro. Considero que de nada sirve regocijarse del trabajo bien hecho puesto que, más allá de la satisfacción del momento, no nos permite avanzar en nuestro trayecto personal.

Recuerdo esto porque es bonito para Elche y Hércules rememorar las fechas señaladas de sus grandes tardes. Mucho más si hablamos de un derbi. La rivalidad, bien entendida, debe ser sana y sirve de motivación para entidades, vestuarios y aficiones. Sin embargo, regodearse de los éxitos te puede empujar al precipicio del sonrojo cuando el resultado cambie de signo. Mejor no escupir hacia arriba.

Marco el contexto para explicar por qué ahora me remonto al 3 de octubre de 2009. Ese día el Elche CF sufrió uno de los mayores bochornos en un campo de fútbol ante su eterno rival. El Hércules CF goleó sin piedad al conjunto ilicitano (3-0) y comenzó a enfilar el camino hacia el ascenso a Primera División. El hat trick de Andrija Delibašić ruborizó a un equipo que había comenzado mal la temporada y que se vio obligado a cambiar de técnico a raíz de aquel resultado.

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Claudio, uno de los grandes ídolos y referentes del Elche CF, estuvo en la grada del Rico Pérez por sanción y en el banquillo sufrió de pie su segundo, el ilicitano Ramón Villagordo. Era la sexta jornada de liga y aquel doloroso batacazo hizo saltar por los aires el proyecto deportivo con el que el club del Martínez Valero inició la temporada. Juan Carlos Ramírez, entonces consejero delegado del Elche CF, destituyó a Claudio y apostó por José Bordalás – Pepe para los amigos – como su relevo en el banquillo. De aquel duelo aún quedan protagonistas: Peña sigue de capitán en el Hércules mientras que Samuel y Juli han cambiado de bando. Ahora presumen de su amor por el Hércules igual que antes lo hacían con el Elche.

Aquella decisión propició un giro en el rumbo en el Elche. La llegada de Bordalás activó el chip ganador de una entidad que se había malacostumbrado a conformarse con la permanencia en Segunda División durante los años precedentes. El técnico alicantino encontró en el club franjiverde la horma de su zapato y relanzó definitivamente su carrera profesional. Ahora es uno de los entrenadores de moda en el fútbol español. Tiene al Getafe a las puertas de Europa y parece que ha llegado a la elite para quedarse. Pepe salió del Hércules por la puerta de atrás, como Pacheta, y tuvo que acabar en el enemigo para encontrar el cariño, el abrigo y el reconocimiento del que ahora presume el actual técnico del Elche.

Con Bordalás, tras aquella bofetada con la mano abierta sufrido en el derbi ante el Hércules, el equipo hizo una temporada espectacular y se clasificó sexto. Llenó el Martínez Valero frente al Villarreal B y solo algún resbalón inesperado le apeó de la lucha final por el éxito de un ascenso que sí disfrutó el Hércules. Aquello cambió la historia reciente. Los alicantinos hicieron un equipazo para jugar en Primera División (Trezeguet, Valdez, Drenthe, Tiago…) y se ahogaron de éxito. Descendieron al primer año y acabaron en Segunda División B tres años después. Ahí siguen, después de cuatro temporadas consecutivas. Solo en una fueron líderes, con Pacheta, y solo en una se quedaron a las puertas del ascenso, con Claudio. La vida.

El derbi de vuelta de aquella temporada terminó con victoria del Elche, por 2-0, con unos 8.000 herculanos en el anillo superior. Este domingo apenas serán un par de centenares de incondicionales. Máximo respeto para ellos. Fernando Usero y Jorge Molina, a quien Bordalás cuidó en secreto para reaparecer en la cita señalada, provocaron el delirio en el Martínez Valero. Por allí andaba un chico llamado Wakaso. Pagaría por verle de nuevo de blanco y verde haciendo kilómetros en un partido de alta tensión como este. Qué recuerdos.

El caso es que en un derbi se juegan mucho más que tres puntos. Por ejemplo, nadie olvidará en Elche a Noel Williams por haber marcado aquel gol que dio la victoria en el Rico Pérez. O que Paquito recogió del césped del Martínez Valero una lata de cerveza lanzada desde la grada para darle un trago antes de devolverla al suelo. Son imágenes para siempre que se graban con la tinta de la rivalidad y que siempre van a sobrevivir al paso de los años, por mucho tiempo que pase.

Ahora de lo que deben tratar Elche y Hércules es de aprovechar este encuentro para marcar un punto de inflexión en sus trayectorias. Los ilicitanos han ido de mal en peor desde que se cayeron de Primera. La llegada de Pacheta, hace dos meses, ha supuesto un halo de esperanza. La inyección de moral que supondría vencer en este partido daría alas de cara al playoff. También podría suceder al contrario, pero mejor no pensarlo. Y el Hércules necesita cambiar su destino. No va a llegar a la promoción. Y puede que ni a la Copa. Pero pase lo que pase en este partido debe afrontarlo como punto de apoyo para impulsarse hacia el futuro sin los errores del pasado más reciente.

Un derbi es un derbi. Veremos qué herencia nos deja el de este año, aunque ojalá cambie esta historia del presente y nos devuelva un derbi de Primera División. Algo que, por cierto, yo ya no recuerdo.

DAVID ESTEVE | El día que Molina silenció a 8.000 herculanos

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Seguro que se han dado mil derbis más interesantes y emocionantes que el de aquel 7 de marzo de 2010. Sin embargo, ese clásico lo tengo grabado a fuego por todo lo que se dio en la grada y fuera de ella. Fue una matinal y el Martínez Valero presentó una espectacular entrada, pero la fiesta, en aquella temporada, era blanquiazul.

El Hércules llegó líder a Elche. Intratable, con la directa puesta hacia Primera. Se tocó la gloria en junio, pero hubo que sufrir hasta el final por una crisis galopante que curiosamente arrancó ante el Elche. Tras caer 2-0, el Hércules se hundió y sólo fue capaz de sumar un punto de 18 en los siguientes seis partidos. Por poco se le escapó su sueño.

Aquel derbi fue el de la invasión herculana. Seguro que se acuerdan cuando 8.000 herculanos tomaron casi todo el Anillo Superior del Martínez Valero. Fue el desplazamiento más importante que se ha realizado en los últimos tiempos. La caravana de autobuses de aficionados fue eterna. Uno, dos, tres… Y así hasta casi 80 autocares desembarcaron en el Martínez Valero.

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 Todo pintaba de color de rosa para el Hércules, pero Esteban Vigo no contaba con el estratega Bordalás. El técnico del Elche, especialista en inyectar un plus en esos partidos, ocultó la lesión de Jorge Molina hasta casi el calentamiento. El alcoyano, que aquel curso acabó Pichichi de Segunda con 26 goles, llegó tocado al derbi. Hasta Bordalás lo descartó en la previa. El técnico alicantino trató el tema con sigilo, no dio ninguna pista y alertó a su plantilla que no abriese la boca. Al final, Molina saltó a calentar y al Hércules le entró el pánico con su presencia en el once. El partido no había arrancado y Bordalás ya ganaba 1-0.

El conjunto del Boquerón entró con miedo al partido. Le pasó factura la responsabilidad de tener 8.000 almas en el cielo de Elche. El Hércules fue una caricatura y Usero marcó el primero. Antes del descanso, Molina, el héroe silencioso, anotó el segundo y mandó a la lona al Hércules y a todo el Anillo Superior. Bordalás había ganado el derbi gracias a su jugada maestra de ajedrez. Los 8.000 herculanos se volvieron para Alicante decepcionados y con una herida que costó cicatrizar.

David Esteve es periodista en el diario AS y en Onda Cero Alicante

NOÉ GOMIS | Los ‘gorilas’ en el Rico Pérez

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Cuando en mi caso hago una vuelta al pasado, sin lugar a dudas, uno de los mayores placeres que me ha podido dar la profesión de contador de noticias deportivas, principalmente en el extinto diario La Verdad, es haber asistido en directo a unos cuantos derbis de máxima rivalidad entre Elche y Hércules.

No era una semana más, sino esa semana especial, de motivación extra con los compañeros de Alicante, de cara a presentar a nuestros lectores ese duelo por antonomasia, en el que siempre estaba en juego la supremacía del fútbol en la provincia de Alicante.

Quizás mi primer derbi se lo debo agradecer a mi maestro, compañero y creo que amigo Juan Carlos Romero Centurión, el hijo del mítico Ángel Romero. Corría el año 1997. Sí, por fin el Elche había escapado del pozo de Segunda B. Era la puesta en escena del equipo de Ciriaco Cano, quien obró el milagro del ascenso, en Alicante.

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Si ya de por si fue un suplicio recoger las acreditaciones para ese partido, el bueno de Romero no sé si por discreción o por alguno de los múltiples presentimientos que tenía cuando jugaba su Elche, decidió que nuestro sitio en la grada estaba en un pequeño palco acristalado en tribuna.

Todo bien hasta que comenzó la fiesta. La fiesta que la Peña Los Gorilas nos organizó durante los 90 minutos del partido. Como si estuviéramos enjaulados, los golpes a nuestra cristalera fueron constantes. Menudo sonido ambiente que nos dieron los buenos de esa peña, que se dieron cuenta enseguida de que éramos dos infiltrados del Elche.

Creo recordar que el Elche perdió ese partido por 2-1. Un error garrafal de la defensa en una salida de una falta provocó que el Rico Pérez temblara como un terremoto. Esa era la presión de un derbi. También, casi como una costumbre, el derbi se jugaba entre los compañeros de prensa antes, durante y después del partido. Y en sala de prensa, cuando el maestro Gambín tomaba el micrófono inalámbrico para dar su bendición al encuentro, sólo tocaba asentir con la cabeza y escuchar con atención sus reflexiones.

Sus endiabladas preguntas y enganchones con Manolo Jimenez, por ejemplo, eran antológicos. Pero, para rematar, si de algo se puede presumir de la fiesta del fútbol provincial, es que los derbis siempre han sido de tensión y rivalidad. Y poco más. Afortunadamente, el fútbol y el resultado de cada partido ha estado por encima de todo en esas semanas que siempre suelen ser especiales para los aficionados de ambos equipos, a pesar de la actual situación deportiva.

Crónica del derbi de Noé Gomis en Mundo Deportivo:

JUANFRAN MILLÁN | Un derbi y muchas historias

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Tuve que esperar a finales de 2005 para vivir mi primer derbi como periodista profesional. No podré olvidar jamás la llegada del autobús del Hércules al estadio Martínez Valero. Moisés era el hombre más buscado. El sevillano bajó el último y provocó una de las broncas más impactantes que recuerdo en estos duelos. Todavía tengo fresca la imagen de una camiseta en llamas volando. Había vivido algunos derbis en la infancia, pero desde ese momento supe que estábamos ante un partido especial, una cita de máxima rivalidad que había que jugar con enorme pasión.

Otro de los momentos o de las imágenes que se me quedaron grabadas de los clásicos fue aquella interminable caravana de 72 autocares por la autovía en 2010, año del ascenso del Hércules a Primera División. Jamás se ha producido un desplazamiento tan numeroso de seguidores blanquiazules. 8.000 aficionados llenaron gran parte del anillo del Martínez Valero. Aquel partido fue un fiel reflejo de lo que vendría después. El Elche ganó 2-0 en el comienzo de una buena etapa de Bordalás y el Hércules se atascaría hasta poner en peligro el salto de categoría, que luego conseguiría en extrañas circunstancias.

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En mi memoria también quedará un Hércules-Elche de 2011. Alguno dirá, “pero si ese año no pasaron grandes cosas”. No a nivel futbolístico, pero sí fue un año difícil para las radios. En pleno conflicto con la Liga de Fútbol Profesional para el acceso a los campos de fútbol, recuerdo que pedimos permiso a la Casa Sacerdotal, que tiene su sede a escasos metros del Rico Pérez, y pudimos narrar el partido desde su terraza. Fue una manera muy curiosa de vivir un clásico de rivalidad. Por cierto, ganó el Elche por 1-2 con tantos de Bille y Edu Albacar.

Y en cuanto a un partido que me llamara la atención. En general no recuerdo grandes episodios futbolísticos entre ambos equipos. Probablemente, me quede con un duelo en el Rico Pérez en 2009 con un ‘hat trick’ de Delibasic. Uno de los relatos radiofónicos que a día de hoy muchos oyentes todavía me recuerdan. El de este domingo será difícil de narrar para COPE Alicante, un duelo sin alicientes para el Hércules. Un justo castigo para el vestuario después de su pésima temporada.

Juanfran Millán es periodista en COPE Alicante (89.6 FM)

PEPE MORAGO | Victoria en el derbi a las puertas de Primera

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El domingo 17 de abril de 1988 amaneció en Elche soleado y radiante. Un día perfecto para cubrir la información de mi primer derbi como informador profesional. Sentía una emoción inenarrable. Mi madre, Joaquina, me pidió que bajara a la Churrería del Barrio de San Antón. Un buen desayuno con mis hermanos, Juan y Alicia, y mis padres.

El Elche C.F.-Hércules llegaba en un momento radicalmente distinto para ambos. El inolvidable Felipe Mesones dirigía a un Elche espléndido que iba como un cohete hacia Primera División, mientras que el conjunto herculano lo entrenaba Benito Joanet, un hombre de la casa, que intentaba evitar el desastre del descenso a Segunda B.

Tenía un sentimiento extraño. Poco tiempo atrás vivía esos partidos con la tranquilidad de un aficionado sin otra responsabilidad que comportarme con educación en el estadio, respetar a todos, no insultar al árbitro, ayudar a las personas mayores a llegar a su butaca. En fin, tratar a todos los que tuviera a mi alrededor como un franjiverde de corazón que tenía que dar ejemplo. Así lo sentía.

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Además, recuerdo con cariño que durante unas temporadas trabajé en el Martínez Valero vendiendo bebidas por la grada con Manuel y Dionisio, que era como un padre para mí, y con su hijo Cosme Abellán, uno de mis grandes amigos de siempre. Recuerdo esto con una enorme emoción. Podía ver el partido sin pagar y encima me pagaban un dinero para ayudar en mi casa.

Y el Elche C.F. del genial Mesones me dio la primera gran alegría de mis 30 años como obrero de la información. Aquel magnífico Elche de los Miguel, Puente, Benito Sánchez, Cepeda, Robi, Javi, Juan Cartagena, Pedro Pablo, Del Barrio, Bracum, Sixto, Claudio, Javi Company o Escobar, que llegó cedido del Cádiz, o el ex del Real Madrid Isidro y el argentino Rodríguez.

El Elche, el equipo que viste la equipación más hermosa del fútbol nacional con esa franja verde tan bonita, venció 3-1 aquella tarde con dos goles del talentoso Claudio Barragán y otro de falta que firmó Escobar. El tanto del Hércules lo anotó Corchado. ¡Qué bonito estaba el estadio de mi equipo, el fervor de nuestra afición, esa fidelidad conmovedora, ese orgullo de ser del Elche!

Una crónica redonda. Victoria en el clásico del fútbol provincial y a las puertas de Primera División. Porque el Elche C.F. no tiene que envidiar nada a ningún otro club de la máxima categoría. Siempre será un grande y su historia es la más bella y romántica del fútbol español. Vivamos otro derbi. Y esta vez a las puertas del retorno a Segunda División.

Crónica del derbi de Pepe Morago en Mundo Deportivo:

Pepe Morago dirige «SER Deportivos», de lunes a viernes (15:20 – 16:00) en Radio Elche Cadena SER (99.1 FM)

ADRIÁN DÍAZ | El derbi más cercano a Primera

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He vivido varios derbis a mis 25 años. Tanto en las gradas del Martínez Valero como en las del Rico Pérez. En el estadio alicantino, cubrí esta temporada los dos primeros como periodista. Pero dejemos los pupitres y vamos a la grada, que mola más. Es difícil quedarse con uno, porque, afortunadamente, hay unos cuantos de buen recuerdo franjiverde (también malo, eso sí). Pero voy a contar aquel 1-2 de la temporada 2011/2012. 27 de noviembre. Porque de todos, es el que mayor sensación me transmitió de un derbi de Primera División. Algo que ni yo ni muchos hemos presenciado, y que con los dos equipos en Segunda B, parece un sueño lejano.

Como era costumbre, Canal+ escogió el partido como el más importante de la jornada. El clásico horario de domingo a las 12:00 horas. Tocaba madrugar. Sin problemas, con toda la ilusión del mundo. En la noche anterior, ya tenía preparado mi ‘uniforme’ de los partidos: chándal, sudadera y camiseta franjiverde. Como en las noches de citas importantes (no sólo deportivas), seguro que me costó dormir. Ahora mismo no lo recuerdo, pero seguro que me desperté varias veces. Pero en días así, da igual que hayas descansado poco, porque la adrenalina te da energía más que suficiente. Y allá que fuimos mi padre, mi cuñado y yo a coger uno de los numerosos autobuses camino de la capital.

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Uno de los motivos por los que aquel derbi tenía aroma de Primera era por la situación de ambos equipos. Ya no era sólo un choque de rivalidad provincial, era un duelo en la parte alta de la tabla de Segunda. El Hércules, recién descendido, era líder; el Elche, cuarto con siete puntos menos. Conjuntos como Deportivo, Celta, Las Palmas, Girona o Huesca estaban por detrás. Sin ir más lejos, blanquiazules y franjiverdes llegaron al derbi tras ganar a los dos grandes de Galicia. Cómo puede cambiar todo en unos años.

El otro es el ambiental. Las crónicas hablan de que acudieron 20.000 espectadores, 2.500 desplazados desde la ‘aldea’. Pero mi percepción era que había más público. Aun así, repasando más crónicas, no se ha dado ningún derbi con mayor afluencia en esta década. Ni siquiera el Elche-Hércules del ascenso. Ambiente de Primera, en un gran estadio y dos escuadras aspirantes a subir a Primera. Siempre he envidiado otros derbis, como Las Palmas-Tenerife o Sporting-Oviedo, por el colorido y el lleno de sus estadios. Independientemente de cómo estén los rivales en la clasificación. Tristemente, vivimos en una provincia de casi dos millones de habitantes y nuestros derbis acostumbran a tener más butacas vacías que ocupadas. Y con zonas del estadio sin un alma. Ese domingo, viví la atmósfera más especial. Una atmósfera de Primera.

Varias veces he contado mi par de anécdotas de aquel partido. Mi padre y yo nos situamos en la zona de preferencia reservada para aficionados del Elche, muy cerca del césped. Con resultado a favor, un balón le cayó a mi padre y el Hércules debía sacar de banda. Ahí se acercó Juanra. Y yo le pegué un puñetazo al balón para dárselo al lateral. “Hay que ser deportivos”, dije ante las miradas inquisitorias de mi alrededor. Minutos después, sí que fui más pillo. Esta vez, yo recogí la pelota y el saque de banda era para el Elche. Ahí acudió Beranger, que me pidió calma para entregársela. ¿Qué pasó? Un recogepelotas le dio otra pelota y cogió la que tenía yo, entre protestas de los nuestros.

El derbi reunía todos los ingredientes para que se viera un buen espectáculo sobre el césped, y así fue. Victoria del Elche con goles de Edu Albacar de penalti y Nicki Bille en un córner. Míchel acortó distancias para el Hércules. Para escribir esta opinión, he vuelto a ver algunos vídeos de aquel partido. Como el resumen. La pena máxima se genera en un mal pase de Samuel, muy silbado por los nuestros por su salida en verano. El gol del ‘pistolero’, justísimo, pero en línea. La celebración de los goles, con Edu Albacar abrazando los situados en la primera fila del ‘quesito’.

Pero sobre todo, el éxtasis tras el pitido final. Los jugadores corriendo hacia nuestra zona. Juan Carlos lanzándose a la grada como si fuera un cantante en un concierto. Acciari alzando los brazos. Todos botando y abrazados. Una sintonía equipo-afición que pocas veces he visto. Y no se me puede olvidar: el Aromas Ilicitanos a capela antes del choque. Cantando al unísono y con puro sentimiento. La imagen de más de 2.000 bufandas blancas y verdes extendidas, idónea para salvapantallas de un ordenador. Espectacular.

Muy a mi pesar, tendrá que pasar un tiempo para que se dé otro derbi igual. Sé que tengo una percepción futbolística distinta a la de muchos. Yo no soy de los que dice “quiero que pierda el Hércules hasta en los entrenamientos”. Al contrario, ojalá Elche y Hércules regresasen esta campaña al fútbol profesional de la mano con el Real Murcia, el otro grande del sureste, e incluso con el FC Cartagena. Lamentablemente, los cuatro están en Segunda B, y dos puede que se enfrenten en playoff. Seguiremos esperando a un derbi alicantino de Primera. Si vuelve a darse algún día, porque el panorama es desalentador.

Resumen en Youtube del derbi de Adrián Díaz:

Adrián Díaz es periodista y cubre la actualidad del Elche en Diario Franjiverde. Además, es colaborador en el podcast «Juego de Plata» de Onda Cero.

JULIÁN BURGOS | El derbi de la minicadena

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Uno de los derbis que tengo en mi recuerdo fue el de la temporada 1992-93, en el Martínez Valero. De aquel partido, el penúltimo de la liga regular en Segunda B, hará la semana que viene (16 de mayo) justo 25 años. El caso es que por aquel entonces, el Elche reinaba en lo alto de la tabla y el Hércules racaneaba puntos, aquí y allá, para mantener un cuarto puesto que le daba acceso a la liguilla por el ascenso. En Elche, ya clasificados, se quería descabalgar al Hércules del posible ascenso.

El caso es que uno, en época de instituto, mendigó por asistir a aquel partido. Descartado mi padre, mi tío herculano era mi caballo. Pero la cosa se desvaneció pronto porque, bastante joven por entonces también, “él no pisaba el estadio del Elche”. Así que mi alternativa era ir con mis amigos de Alicante, en el ‘cercanías’. Maldita mi suerte, yo residía en El Campello, y dada la hora del partido, no tenía combinación posible para regresar a casa. Y eso que Tebas aún no existía.

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Así pues, me mentalicé para tener que escuchar el partido en la radio. Media hora antes del inicio, me enchufé la mini-cadena (¿Por qué se llamaría ‘mini’ a semejante armatoste?) a tope. Recuerdo que nada más empezar, Antonio Guijarro, cantó el primer gol del Hércules. Eduardo Rodríguez, el máximo goleador de la categoría (acabó con 36 dianas), había asaltado el Martínez Valero. Pero quedaba mucho. Armando vio una doble amarilla antes de la media hora y aún así, el central Rafa, hizo el 0-2. Recuerdo poco más. Jesús de Huerta, al que años después me pude enfrentar en un Campello-Torrevieja de Preferente, recortó distancias pero el Hércules acabó resistiendo el 1-2.

Lo malo llegó al día siguiente al llegar al instituto. Sin redes sociales, whatsapp ni gaitas, las noticias gordas llegaban a la mañana siguiente, en la puerta del ‘insti’. Mis amigos no sólo disfrutaron de la victoria del Hércules, sino que incluso saltaron al campo, cerca del córner, en uno de los goles. Tras esa hazaña, el resultado ya daba igual. ¡Y yo con mi mini-cadena! Hoy, buscando la crónica de aquel partido me doy cuenta que los dos entrenadores de los equipos a los que cubro el día a día, jugaron aquel derbi: Marcelino, en el Elche; y Paco López, en el Hércules.

Por cierto, después de eso, el Hércules subió en el Insular de Las Palmas y el Elche no lo hizo tras caer ante el Leganés.

Julián Burgos es periodista del diario AS