GARABATOS | El derbi

PACO PERAL | Si guanyem el derbi juguem la UEFA…

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Cuando uno ya ha cumplido el medio siglo y tiene recuerdos de toda una vida viendo al Elche Club de Fútbol es señal de que ha vivido muchos derbis. Con el paso de los años, las circunstancias del fútbol y hasta la forma de vivir estos partidos puede haber cambiado, pero hay algo que, al menos en mí, no cambia. Ese sentimiento franjiverde que se redobla cuando llega el clásico de rivalidad provincial. No lo puedo evitar. Puedo ver al equipo contra cualquier rival desde un punto de vista más profesional que pasional, pero cuando llega este encuentro lo percibo diferente. Hay que ganar, no vale otra cosa, al Hércules hay que ganarle siempre.

Los recuerdos se acumulan tras tantos partidos. Desde los calientes derbis en el viejo Altabix donde la tensión dominaba el encuentro, hasta los más recientes derbis más mediáticos casi siempre a las 12 del mediodía con desplazamientos masivos y ambientes de lujo en las gradas. En el terreno de juego todos buscaban perforar la meta del máximo rival, ya que al goleador en un derbi casi se le equipara al héroe de un ascenso porque, repito, al Hércules hay que ganarle siempre.

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Mi primer recuerdo y seguramente el que más me marcó no fue en Altabix, ni en el Nuevo Estadio, actual Martínez Valero, sino en un recién inaugurado Rico Pérez en la temporada 1974-75. Vicente, Antonio, Jerónimo y Esteban eran mis vecinos de Jubalcoy, y mis compañeros de grada en el fútbol. “Paquito, si li guanyem al Hércules juguem la UEFA”, me recordaban una y otra vez durante la semana. Apenas tenía 9 años, el fútbol ya era mi ilusión y el Elche mi pasión, pero apenas sabía qué era eso de la Copa de la UEFA, solamente que nos podíamos enfrentar a equipos extranjeros y la franja verde se pasearía por Europa. ¡Madre mía!

El Elche llegaba con todas las opciones de clasificarse, solo tenía que ganar el partido, dependía de sí mismo, podría empatar a puntos con la Real Sociedad, pero ganaba a los de Atocha en el duelo particular. Ritual de cada partido. Gorra, bandera del Elche y a nuestro punto de reunión, la Venta Verdú, desde donde partimos al Rico Pérez. Pero a las primeras de cambio todo se vino abajo, gol del Tigre Barrios al mítico Emilio Esteban y nos quedamos sin UEFA. Fue terrible. Recuerdo que en mi casa aún seguía llorando. Me parecía una tragedia griega, estar tan cerca de jugar en Europa y lograr el billete delante de la afición rival, pero nos quedamos a las puertas precisamente contra ellos. Lo pasé tan mal que se me metió para siempre una idea en la cabeza: Al Hércules hay que ganarle siempre.

Muchas cosas pueden cambiar con el paso de los años y las distintas circunstancias que pueden ocurrir, pero me queda claro que los sentimientos, al menos en mí, no cambian. Recuerdo que en mi época de entrenador me tocó enfrentarme al Hércules dirigiendo a un equipo de la comunidad. Antes de comenzar el encuentro el árbitro nos impidió jugar con ninguna de las dos equipaciones que teníamos, por lo que nos tocó jugar con camisetas prestadas por el Hércules. Me costó asimilarlo, veía a mis jugadores ponerse la camiseta con el escudo del Hércules y no me lo podía creer. Ganamos 0-1 y nada más finalizar el partido, cuando mi presidente me dio la enhorabuena, le recordé que esa enhorabuena debía ser doble porque habíamos logrado que el Hércules perdiese hasta contra el Hércules. Y es que… ¡AL HÉRCULES HAY QUE GANARLE SIEMPRE!

Crónica del derbi de Paco Peral en Mundo Deportivo:

Paco Peral formó parte de la secretaría técnica del Elche y actualmente trabaja en el Leeds United, dentro del grupo de scoutings liderado por Víctor Orta

PABLO VERDÚ | Mi derbi, mi madre

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No me resulta nada fácil enfocar en un solo derbi. Por tradición familiar, mi niñez y mi infancia están unidas a cabinas de prensa, sesiones de entrenamiento y entrevistas a jugadores de uno y otro equipo. Crecí escuchando en casa la trascendencia y rivalidad de los Elche-Hércules y notaba como mi padre, cuando llegaba el día del partido, se tensaba como un arco porque como periodista y alicantino sabía que era uno de los dos días más grandes del año.

A mediados de los 70, los ojos de toda España miraban a la provincia cada vez que había un clásico. Tengo algún recuerdo del viejo Altabix, jugando por los palcos mientras mi padre estaba en su cabina de la Cadena SER y mi madre sufría por el resultado y, sobre todo, para que no me cayera por las escaleras. He visto de todo. Victorias de uno y otro, empates emotivos e insulsos, goleadas… E incluso derbis en campos neutrales, como en Benidorm o Sant Joan, jugados con la misma pasión e intensidad que en sus escenarios habituales.

Por cuestiones sentimentales, ahora que se acerca el Día de la Madre, me quedo con el último partido que, posiblemente, vi junto a la mía en una grada. Fue en un partido de Copa del Rey, en el Martínez Valero. Recuerdo que era enero, en una noche de perros con lluvia, viento y frío. Ganó y remontó el Elche (2-0) la derrota mínima sufrida días antes en Alicante.

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Me acuerdo vagamente de los goles, de los papelitos y las bolsas de plástico volando por el campo y de las peleas en la grada entre seguidores de ambos equipos. Alguna de esas trifulcas, con puñetazos y caídas de hinchas por la tribuna, nos pasó muy cerca. Ese derbi, ganado con notable autoridad por el Elche sobre el césped, no permanece en mi memoria por lo futbolístico ni por la calidad de los jugadores que lo disputaron, sino por otras cuestiones sentimentales que no les costará esfuerzo imaginar.

Aquel derbi fue y será irrepetible por la compañía. Mi madre me llevó la cena, me protegió de la lluvia y del viento y me dio calor con su abrigo. Juro que no hay vez que me acerque a esa tribuna para ver un entrenamiento y no me acuerde de aquel día. Y mucho más cuando se avecina un Elche-Hércules.

Ella, alicantina y herculana, sufría lo suyo en estos partidos, pero era deportiva y la primera en admitir la superioridad del rival en caso de derrota. Y más si era el Elche, al que siempre le estuvo agradecida por el trato que le dieron a mi padre, al que las diferentes directivas recibían, ya fuera en Altabix o el Martínez Valero, casi con honores de Jefe de Estado.

Así que, compañeros de Diario Franjiverde, entenderéis que en esta ocasión no hable de goles, jugadas o futbolistas, sino de algo más íntimo. Porque estos partidos no sólo son especiales por la rivalidad, el color de las gradas y lo que se ve en el césped, sino por quién está a tu lado para compartirlo contigo. Feliz derbi y feliz Día de la Madre.

Crónica del derbi de Pablo Verdú en Mundo Deportivo:

* Pablo Verdú es periodista, con una larga trayectoria a sus espaldas. Actualmente trabaja para la Agencia EFE. Su padre, Pascual Verdú, al que menciona varias veces en el texto, fue uno de los periodistas más reconocidos de la provincia

DAVID MARÍN | El derbi de Moisés

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Elegir un derbi para un periodista deportivo es como pedirle a un niño que se quede con una chuchería en una tienda de golosinas. Cuando crees haberte quedado con uno, te viene el recuerdo de otro. Y eso que un servidor, por edad, no ha vivido la rivalidad de los mejores años, en los que un Elche-Hércules era sinónimo de partido de Primera. ¡Cómo envidio, en eso, a mis compañeros que peinan ya alguna que otra cana!

Por este motivo he decidido quedarme con un derbi de mi época de estudiante universitario, que viví en Pamplona, a muchos kilómetros de distancia de la provincia de Alicante. No fue un partido especial por su calidad futbolística o porque el resultado fuese decisivo para la suerte de un equipo u otro, pero tengo grabado en la memoria aquel día.

Fue el derbi de Moisés, aquel delantero que fue presentado con honores casi de galáctico cuando firmó por el Elche un par de años antes, en aquella época en la que en Segunda División se hacían presentaciones del equipo en verano por todo lo alto. Moisés marcó goles, pero el Elche no se movió de categoría. Y acabó saliendo de mala manera en dirección al eterno rival.

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Uno andaba aquellos años por Navarra y, aunque no fuera la Edad de Piedra, las redes sociales e Internet no eran lo que es hoy en día. Es decir, que me llegaba muy poco de lo que se cocía en el entorno franjiverde, más allá de leer las crónicas de los partidos en medios de comunicación nacionales, escuchar las conexiones de Monserrate Hernández en RadioEstadio y ver los partidos que diesen en ETB o Localia.

Moisés era un tipo que me caía bien porque me identificaba con él. Cuando me ponía en las pachangas de delantero usaba mi corpachón para ir siempre al choque con el defensa rival y tratar de ganarle la batalla, siempre por fuerza y no por calidad. Algún que otro gol hacía así, ante la protesta de turno pidiendo falta en lo que yo consideraba un simple contacto. Les decía que había hecho la de Moisés y entonces nos echábamos unas risas.

Volviendo al partido, Moisés estaba en el Hércules y el ambiente andaba caldeado de cara a un derbi en el que los franjiverdes llegaban algo mejor que los blanquiazules. Pero era diciembre y tampoco era un duelo de carácter épico. Sin embargo, cuando estás a tanta distancia y ves muy pocos partidos de tu equipo, cada uno de ellos es casi una final. Y en el caso de un derbi, más.

En Pamplona teníamos una cuadrilla de gente con equipos en Segunda que, mientras vivíamos en el Colegio Mayor, nos dedicábamos los domingos a mediodía a mendigar por los bares de la ciudad para que nos pusiesen el partido de las 12. Ese año era diferente. Ya estábamos en piso y habíamos comprado el Digital + para ver todo el fútbol que nos fuera posible.

Llegó la semana del partido y aquel hit que se cantaba desde la grada, nada respetuoso con la santa madre de Moisés, que no tenía culpa de que su hijo jugara en Elche o Alicante, sonaba mucho en mi cabeza. Era finales de diciembre y ese fin de semana se nos juntó el derbi con la habitual despedida que solíamos hacer antes de volver a casa por Navidad. Es decir, que aquella noche de sábado se alargó bastante y, por no entrar en detalles, mi estado no era el mejor posible para ver un partido de buena mañana.

De hecho, mis compañeros de piso no fueron nada solidarios y me planté solo delante del televisor para ver el derbi. Empecé muy respetuoso con el sueño y descanso de mis amigos: ibuprofeno, desayuno y tele a bajo volumen. Solté algún reproche cuando Moisés apareció en la tele, pero poco más.

Duró poco. Con el balón en juego y el paso de los minutos empecé a ser más persona y la sangre corría por mis venas. Marcó Frankowski, ídolo del momento, en el que fue su último gol como franjiverde. La celebración del gol (grito + carrera por el pasillo) despertó a mis amigos que, obviamente, no disponían de derecho alguno a la queja. En mi mente soñaba con una victoria amplia y esa típica imagen de futbolista desesperado hecha carne en Moisés.

Pero hay veces que en la vida no todo sale como tú quieres. Moisés marcó y empató el partido. Lo hizo a lo grande, he de reconocerlo. Le hicieron un penalti, lo metió y el árbitro lo mandó repetir. En ese momento parecía claro que tenía que fallarlo. ¡Era la historia perfecta! No. Lo volvió a meter e, imagino, lo celebró a lo grande, por dentro y por fuera.

A medio país de distancia yo podía sentir como Moisés se dirigía a mí y me dedicaba el gol. Allí, en el sofá y con el bajonazo, creo recordar que no abrí la boca durante el resto del partido, que fue bastante insípido y, por lo que leo, anduvo más cerca del triunfo herculano. Ni siquiera rechisté cuando uno de mis amigos, en un alarde de genialidad, me estampó en la cara mi frase: «Te han hecho la de Moisés».

Crónica del derbi de David Marín en Mundo Deportivo:

* David Marín es periodista. Actualmente es director de contenidos en Diario Franjiverde y corresponsal del diario MARCA en Elche

GARABATOS | Playoff en la mano

ÓSCAR GÓMEZ | Pacheta sí tiene un Máster

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Pacheta sí tiene un Master. Y no la Cifuentes, que solo tiene un dibujo al carboncillo con letras góticas encima del piano. Nuestro Míster tiene un Master en Coaching, en saber vender una idea, en motivar a los suyos, en construir y en no dejar indiferente a nadie.

Si he vuelto a desenfundar mi pluma es, entre otras cosas, por contar las aventuras y desventuras de nuestro entrenador, de su gran capacidad de comunicación y de motivación. Qué piquito tiene. Habla más que un sacamuelas, el jodío.

Pacheta sí tiene un Master. Y no sus predecesores, que demostraron tener, a la vista de los resultados, una etiqueta de Anís del Mono. Nuestro Míster tiene un Master en Toma de Decisiones. Se necesitaba a alguien con las cosas claras, con personalidad y que se mojara y pusiera algo de sentido común en las alineaciones.

Era vox pópuli que se hacía necesario y vital definir un 11 titular. Se intentaba quedar bien con todos, no herir susceptibilidades y alimentar todos y cada uno de los egos del vestuario, y aquello parecía la casa de Tócame Roque, metiendo delanteros con calzador, incluso de interiores. Pero eso no funcionaba. Se tenía que elegir. Y tuvo que llegar Pacheta para hacerlo.

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Pacheta sí tiene un Master. Y no precisamente de Harvard y de cualquier tema baladí con nombre anglosajón y pretencioso. No. El suyo es de Albacete, de Burgos o de Motilla del Palancar, pero de la vida, de la experiencia, de las cosas claras y del liderazgo. Sobre todo del liderazgo.

La llegada del técnico burgalés ha supuesto un claro punto de inflexión en la trayectoria del equipo. Con él hemos pasado de la irregularidad, las excusas, el mal juego y la falta de protagonismo a ser un equipo fiable y regular, ambicioso, que juega bien y que no se esconde.

Y más allá de los datos, las cifras y las estadísticas (ninguna derrota y solo 2 goles en contra en 7 partidos) lo más significativo y llamativo de este Elche de Pacheta es su solidez defensiva, su marcado estilo, su confianza y su mentalidad ganadora.

Y es que de cara a los play-offs llegar bien anímicamente es un plus. Llegar con buenas sensaciones hace que las opciones aumenten claramente. En esos momentos de la verdad y en esos partidos a cara de perro, además de la calidad y el escudo, el “coco” pesa mucho.

Pacheta sí tiene un Master. Qué digo uno, varios. No como los que nos dirigen, las marionetas del innombrable, siempre de espaldas a la afición, con menos empatía que una cucaracha, con menos imaginación que el Chef de McDonalds y con menos detalles que el salpicadero de un Seat Panda.

Acabemos subiendo o no, este equipo tiene un sello y una impronta. Es el Elche de Pacheta. Ahora se habla de fútbol, no del césped artificial y sus consecuencias. Y eso se agradece.

FRAN ESCRIBÁ | La unión, la clave del éxito

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El 25 de junio de 2015 decía adiós a una de las etapas más felices y gratificantes en mi vida. Ese día me despedía de un club, de una ciudad y una afición. Fue el Elche C.F. y la ciudad de Elche los que me dieron la oportunidad de hacer realidad un sueño que tenía desde niño: ser entrenador de fútbol. Inicié ese sueño en solitario en la Ciudad de las Palmeras con el objetivo de devolver al equipo al lugar que se merecía por historia, y después de casi 25 años lo logramos con mucho esfuerzo y de forma brillante.

Ya han pasado casi cinco años de aquel sábado 18 de mayo de 2013 en el que el Elche C.F. volvía a ser equipo de Primera División. Aún hoy, me siguen preguntando cuál fue la clave del éxito en aquel momento. Con la perspectiva del tiempo, sigo pensando que nunca existe una clave para lograrlo, la conjunción de muchas es lo que te hace alcanzar lo imposible. La unión entre el club, los jugadores, el cuerpo técnico y la afición fue el pilar para hacer posible lo que nos propusimos al inicio de temporada.

Elche me dio su cariño desde el primer día, me hizo vivir como un ilicitano más y supo reconocer la entrega y el sacrificio por lograr un OBJETIVO COMÚN. El Club ha pasado por tiempos difíciles, pero el equipo se encuentra en la recta final de temporada y debe ser un punto de inflexión. Creo, desde la sinceridad, que es el mejor momento para dar ese empujón definitivo, pisando firmemente el camino para lograr ese objetivo común que es ascender a la categoría de plata.

Siempre he dicho que el Elche tiene una afición que cuando le das cinco, te devuelve diez. Su apoyo incondicional nos aupó en el ascenso a la primera división y estoy convencido de que en el partido ante el Mallorca del próximo domingo, el Martínez Valero desempeñará un papel fundamental y que se volverá a escuchar y sentir el ‘Aromas Ilicitanos’ como en aquellos partidos de Primera.

Os quiero recordar una frase que utilicé el día de mi despedida y que condensa todos los sentimientos y emociones de las que hablo: «Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. La gente bella no surge de la nada«.

Como no podía ser de otra manera, por todo lo que me ha unido a Elche, le deseo al equipo toda la suerte del mundo en este final de liga, esperando que el año deportivo concluya con el objetivo que el Elche C.F. y la ciudad de Elche se merecen.

 

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ADRIÁN DÍAZ | Las inercias

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Un servidor lleva casi toda su vida siguiendo la Segunda División B. Desgraciadamente, este año me toca vivirla en primera persona por el descenso del Elche. He visto todo tipo de situaciones. Sé que me puedo hacer pesado, porque llevo repitiéndolo durante toda la Liga, pero la categoría de bronce es tan puñetera que realizar una excelente Liga regular no te asegura el ascenso. Ya se encargó Benja de recordarlo la semana pasada.

Ser campeón de grupo te da una gran ventaja, qué duda cabe. Un objetivo que muchos dimos prácticamente por perdido para el equipo ilicitano. Por números y sensaciones propios y del Mallorca, un sólido líder que acabó febrero con 13 puntos de margen sobre el Elche. Sólido hasta ahora, porque está firmando un irregular último tercio de competición. La fase decisiva antes del playoff. Todo lo contrario que los franjiverdes, que van a más desde la llegada de Pacheta. El valor de las INERCIAS. Así, con mayúsculas.

Las inercias han permitido al Elche recibir al Mallorca a siete puntos con quince en disputa. La mayor parte de sus opciones de alcanzar el liderato pasan por vencer el domingo en el Martínez Valero. Igual soy demasiado osado, pero si se cumple la lógica, el equipo ilicitano ganará. Asestaría un golpe muy duro a un conjunto que en enero podía imaginarse una plácida recta final de Liga regular. Pero ay, amigos, que 38 jornadas son molto longas. Nada se puede dar por hecho antes de tiempo.

De derrotar al Mallorca, una desventaja de cuatro puntos a falta de doce son cifras para soñar despierto, aunque el Elche, a priori, tiene un calendario más complicado. Pero empatar o perder sí sería decir prácticamente adiós a las aspiraciones. Y ojo, no cometamos el error de olvidarnos del ‘invitado’ Villarreal B, que está situado entre ambas escuadras en la tabla. Todas las cábalas que podamos hacer pasan por sacar los tres puntos esta jornada. No sería imposible, pero ya habría que centrarse en agarrar la segunda plaza. Sólo un cúmulo de despropósitos provocaría que el Elche no esté en el sorteo del 14 de mayo.

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Jorge Cordero confeccionó una plantilla con jugadores que acumulan ‘batallas’ en el playoff de ascenso a Segunda, algunos de ellos con uno o más éxitos. Cubrí las presentaciones de todos los fichajes, y casi todos evidenciaban la importancia de ser campeón de grupo desde el cambio del sistema de promoción, instaurado hace casi una década. También es pura lógica: tienes un camino más corto, y si fallas en la primera oportunidad, tienes una segunda, en la que te emparejan con el equipo peor clasificado y con la vuelta siempre en casa.

De los 36 conjuntos que han subido a Segunda con este formato de playoff, 25 lo hicieron tras ser campeones de grupo. Pero teniendo en cuenta que mínimo dos campeones ascienden cada temporada, con un total de 18 equipos que han logrado el éxito al primer intento, te muestra que acabar la Liga regular como líder ni mucho menos te asegura el ascenso. Puro sentido común, ¿verdad? Y es que tuvimos que esperar nueve campañas para que los cuatro campeones subieran. Yo valoro mucho ser primero, pero también que el equipo llegue física, anímica y futbolísticamente al mejor nivel.

Para valorar todo lo comentado hay que rememorar la ‘locura’ de hace dos cursos. Racing de Ferrol, Barakaldo y Villarreal B perdieron el liderato en la última jornada, en favor de Racing de Santander, Real Madrid Castilla y Reus. Encabezaron su grupo durante 30, 29 y 25 jornadas respectivamente. Y no en la última, pero el Real Murcia cayó al segundo puesto en la antepenúltima fecha de la competición regular tras 21 jornadas seguidas como primero. No obstante, hay que señalar que no llegaron a gozar de un margen tan amplio como el Mallorca. Ninguno de los cuatro equipos llegó a mayo en un momento óptimo. Y se fueron ‘a la calle’ a las primeras de cambio. Todos apeados con justicia por cuartos: Cádiz, Lleida, UD Logroñés y Toledo. Andaluces y catalanes llegaron a la última ronda, en la que se enfrentaron a terceros: Hércules y Sevilla Atlético. El Cádiz subió, el Lleida estuvo a punto, pero hincó la rodilla en la tanda de penaltis.

La última etapa del Cádiz en la tercera categoría del fútbol nacional daría para escribir un libro. Fue dos veces campeón del Grupo IV, considerado el más fuerte, pero fracasó en ambas y regresó al fútbol profesional tras clasificarse para el playoff como cuarto. El único que lo ha conseguido con este sistema de promoción. Y cambiando de entrenador a cuatro jornadas del final de la Liga regular. Seis años le costó salir del ‘infrafútbol’, con proyectos a base de talonario y una temporada sufriendo por evitar el descenso a Tercera. “Ese Cádiz tenía una plantilla tres veces más cara que la de este Elche”, me comentaban en referencia a la plantilla que se quedó a las puertas del éxito en 2012. Perdió contra el Lugo en la tanda de penaltis.

Y para más inri, hay varios casos de grupos en los que el campeón no subió y el segundo sí lo hizo. Dos en el III: Alcoyano y Villarreal B en la temporada 2008/2009 y Sant Andreu y Barcelona B en la siguiente. En este segundo, ambos conjuntos se jugaron el ascenso en la última ronda. Más recientes, Sestao y Leganés en el Grupo II en el curso 2014/2015. Tres años después, los vascos militan en Tecera y los madrileños, en Primera.

Hay multitud de ejemplos de lo complicadísimo que es salir de Segunda B. No hay que irse muy lejos, sólo hay que mirar a los ‘vecinos’ de norte y sur. Suben cuatro de ochenta, una barbaridad. Y no vale empezar muy fuerte y vivir de las rentas, como en Segunda A. Pero como dice Pacheta, el Elche está en un “camino muy interesante”. Y va a más. Tiene mucho mérito tras dos cambios de entrenador, los problemas institucionales y la alta presión. Aunque todo hay que decirlo: ya tenía que hacerlo rematadamente mal para no entrar en playoff.

El Elche mostró en Formentera (0-1) un empaque de firme candidato. Los jugadores ahora creen más que nunca en sus posibilidades. Tienen las ideas muy claras y valoran a su líder. Y todo ello se traduce en un alto rendimiento del teórico mejor plantel de la categoría. Se ha dejado pasar demasiado tiempo, pero llega en el momento más idóneo. Y eso les convierte en un rival con el que nadie quiere cruzarse en promoción. Independientemente de la posición que ocupe. Las inercias. Muy pocos podían imaginarlo hace solo seis semanas, pero ser campeón de grupo todavía es un objetivo factible para el Elche. Prácticamente todo pasa por #GanarAlMallorca.

PEPE MORAGO | Abuelo, yo amo esa franja verde

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Araceli siempre va con su abuelo y con su hermano al Martínez Valero. Toda la familia es del Elche Club de Fútbol. Su padre y su madre no pueden acompañarles siempre porque algunos fines de semana trabajan.

En la temporada 2012-2013 nació su pasión por el equipo de fútbol de su ciudad. Esa histórica campaña fue la del ascenso a Primera con el gran Fran Escribá. El Elche fue líder durante las 42 jornadas de Liga.

 

– Estoy preocupada abuelo. No paro de darle vueltas a la cabeza. ¿Si el Elche no asciende este año a Segunda podría desaparecer?

– No te pongas tan dramática, Araceli. Ya verás como todo sale bien. Además, el nuevo entrenador tiene a todos los futbolistas muy enchufados. Me encanta como trabaja Pacheta. Los tiene a todos que la revientan. Explica las cosas muy claritas y, como él dice, no se cansa de dar cariño a sus jugadores. Da gusto escucharle

–Es que yo amo esa franja verde, abuelo. No imagino mi vida sin acudir al Martínez Valero cada dos semanas. Cantando el “Aromas Ilicitanos” con mi bufanda, apoyando al equipo. Si el Club no desaparece volveremos pronto a Primera. ¿A que sí abuelo?

– Mi niña, el Elche C.F. es una seña de identidad de esta ciudad. La Dama, el Misteri, el Palmeral y nuestro Elche. La afición no permitirá que eso ocurra

– Nada me habría hecho más ilusión que poder vivir contigo aquellas tardes mágicas en el viejo y querido Campo de Altabix en los años 60 y 70. ¿Es verdad que el Real Madrid, el Barcelona y otros equipos grandes de Primera sufrían y perdían muchas veces en Altabix?

– Lo que habrías disfrutado, con lo franjiverde que tú eres… Ja,ja,ja. En esa época tuvimos jugadores de talla mundial. Equipo y afición siempre unidos. Aquel Elche conjugaba a la perfección fuerza, carácter, ambición y calidad. Peleaban cada balón como si les fuese la vida en ello. En Altabix nos unía esa franja tan hermosa que tanto te emociona. El Elche era un elemento muy potente de integración social. Llegaban muchas personas de otras regiones buscando una vida mejor y en Altabix nos abrazábamos como hermanos celebrando cada gol, cada victoria, cada permanencia

– Por eso me siento tan orgullosa de mi pasión por el Elche. No lo cambio por nada, abuelo

– Muy bien dicho, Araceli. Elche es una ciudad maravillosa. Somos muy afortunados. Quiero verte feliz y te pido que nunca pierdas la fe. Pacheta ha sabido convencernos a todos de que sí se puede

– Este año vamos a lograr el ascenso, abuelo. Y esta semana quiero que me lleves a un entrenamiento para hacerme una foto con Pacheta. Somos el Elche, abuelo. Me gusta cuando dice eso el Míster. Buenas noches

– Descansa cariño y no dejes nunca de soñar con un Elche Club de Fútbol que antes o después estará de nuevo entre los más grandes. Te quiero, mi pequeña franjiverde

* Pepe Morago dirige «SER Deportivos», de lunes a viernes (15:20 – 16:00) en Radio Elche Cadena SER (99.1 FM)

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ÓSCAR ATO | Ilustres castigados

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En la vida, a menudo cometemos injusticias. Los seguidores del Elche CF, obviamente, no nos libramos de la quema. Me viene a la cabeza el caso de Rubén Baraja, que ha igualado el récord histórico de victorias consecutivas en el Sporting de Gijón. Diría que, si su sintonía con nuestra afición hubiese sido más amable, él hubiese renovado su contrato.

Su estilo no agradaba a muchos, y sí, quizá se vio muy ayudado por el olfato de Sergio León para conseguir la permanencia de manera holgada y asomarse a la lucha por el playoff, pero uno revisa lo que vivimos después y se hace difícil no poner en valor aquel bloque sólido, unido y eficiente. Claro que ahora ‘el Pipo’, con la experiencia adquirida, es mejor entrenador, pero ya entonces era un trabajador nato que a base de ensayos, aciertos y errores caminaba en la buena senda.

Otro perjudicado por nuestras frustraciones fue Pelayo Novo, al que todos apoyamos tras su triste accidente. El asturiano, de desempeño irregular sobre el campo, peleó siempre como el que más mientras defendió esta camiseta, honrándola. Es por ello que nunca mereció sentir como una losa el graderío del Martínez Valero. Por un indeseable motivo, el cariño que está recibiendo del fútbol español y de los ilicitanos en particular le hace justicia en cierto modo.

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No por nosotros, si no por la mala fortuna (llámale fuerza, llámale energía), Gabriel Corozo está siendo castigado actualmente. El joven lateral ecuatoriano atraviesa un calvario de lesiones, como si en él recayera una ley no escrita que dijera que jugar en el Elche a préstamo procedente del Granada no es posible. Y el chico no tiene la culpa de operaciones rocambolescas. Como a Pelayo, le mandamos muchos ánimos.

Pero si alguien sabe de castigos –y quizá esto explique algunas conductas ocasionales– es la afición franjiverde. La última jugada de la directiva ha consistido en aprovechar la victoria a domicilio contra el Formentera y las visitas de Mallorca y Hércules en el tramo final liguero para hacer pasar por caja a los fieles. Y ya sabemos que para regalar invitaciones al aficionado estacional  –al que respeto, sobre todo si es respetuoso– siempre hay tiempo. Si Pacheta quería meter a 10.000 personas en el estadio el próximo domingo, se le está complicando la tarea.

Precisamente el técnico burgalés es uno de los que por ahora no ha sufrido al lado oscuro del entorno. Es una buena señal. Con tres victorias y tres empates, el “efecto Pacheta” suena menos a moto mal vendida y más a realidad.  Y tocará perder, claro, pero las señas de identidad que apreciamos nos gustan.

Por cierto, ¿será Sory Kaba el próximo en corroborar que nos equivocamos castigándole?