DAVID ESTEVE | El día que Molina silenció a 8.000 herculanos

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Seguro que se han dado mil derbis más interesantes y emocionantes que el de aquel 7 de marzo de 2010. Sin embargo, ese clásico lo tengo grabado a fuego por todo lo que se dio en la grada y fuera de ella. Fue una matinal y el Martínez Valero presentó una espectacular entrada, pero la fiesta, en aquella temporada, era blanquiazul.

El Hércules llegó líder a Elche. Intratable, con la directa puesta hacia Primera. Se tocó la gloria en junio, pero hubo que sufrir hasta el final por una crisis galopante que curiosamente arrancó ante el Elche. Tras caer 2-0, el Hércules se hundió y sólo fue capaz de sumar un punto de 18 en los siguientes seis partidos. Por poco se le escapó su sueño.

Aquel derbi fue el de la invasión herculana. Seguro que se acuerdan cuando 8.000 herculanos tomaron casi todo el Anillo Superior del Martínez Valero. Fue el desplazamiento más importante que se ha realizado en los últimos tiempos. La caravana de autobuses de aficionados fue eterna. Uno, dos, tres… Y así hasta casi 80 autocares desembarcaron en el Martínez Valero.

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 Todo pintaba de color de rosa para el Hércules, pero Esteban Vigo no contaba con el estratega Bordalás. El técnico del Elche, especialista en inyectar un plus en esos partidos, ocultó la lesión de Jorge Molina hasta casi el calentamiento. El alcoyano, que aquel curso acabó Pichichi de Segunda con 26 goles, llegó tocado al derbi. Hasta Bordalás lo descartó en la previa. El técnico alicantino trató el tema con sigilo, no dio ninguna pista y alertó a su plantilla que no abriese la boca. Al final, Molina saltó a calentar y al Hércules le entró el pánico con su presencia en el once. El partido no había arrancado y Bordalás ya ganaba 1-0.

El conjunto del Boquerón entró con miedo al partido. Le pasó factura la responsabilidad de tener 8.000 almas en el cielo de Elche. El Hércules fue una caricatura y Usero marcó el primero. Antes del descanso, Molina, el héroe silencioso, anotó el segundo y mandó a la lona al Hércules y a todo el Anillo Superior. Bordalás había ganado el derbi gracias a su jugada maestra de ajedrez. Los 8.000 herculanos se volvieron para Alicante decepcionados y con una herida que costó cicatrizar.

David Esteve es periodista en el diario AS y en Onda Cero Alicante

NOÉ GOMIS | Los ‘gorilas’ en el Rico Pérez

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Cuando en mi caso hago una vuelta al pasado, sin lugar a dudas, uno de los mayores placeres que me ha podido dar la profesión de contador de noticias deportivas, principalmente en el extinto diario La Verdad, es haber asistido en directo a unos cuantos derbis de máxima rivalidad entre Elche y Hércules.

No era una semana más, sino esa semana especial, de motivación extra con los compañeros de Alicante, de cara a presentar a nuestros lectores ese duelo por antonomasia, en el que siempre estaba en juego la supremacía del fútbol en la provincia de Alicante.

Quizás mi primer derbi se lo debo agradecer a mi maestro, compañero y creo que amigo Juan Carlos Romero Centurión, el hijo del mítico Ángel Romero. Corría el año 1997. Sí, por fin el Elche había escapado del pozo de Segunda B. Era la puesta en escena del equipo de Ciriaco Cano, quien obró el milagro del ascenso, en Alicante.

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Si ya de por si fue un suplicio recoger las acreditaciones para ese partido, el bueno de Romero no sé si por discreción o por alguno de los múltiples presentimientos que tenía cuando jugaba su Elche, decidió que nuestro sitio en la grada estaba en un pequeño palco acristalado en tribuna.

Todo bien hasta que comenzó la fiesta. La fiesta que la Peña Los Gorilas nos organizó durante los 90 minutos del partido. Como si estuviéramos enjaulados, los golpes a nuestra cristalera fueron constantes. Menudo sonido ambiente que nos dieron los buenos de esa peña, que se dieron cuenta enseguida de que éramos dos infiltrados del Elche.

Creo recordar que el Elche perdió ese partido por 2-1. Un error garrafal de la defensa en una salida de una falta provocó que el Rico Pérez temblara como un terremoto. Esa era la presión de un derbi. También, casi como una costumbre, el derbi se jugaba entre los compañeros de prensa antes, durante y después del partido. Y en sala de prensa, cuando el maestro Gambín tomaba el micrófono inalámbrico para dar su bendición al encuentro, sólo tocaba asentir con la cabeza y escuchar con atención sus reflexiones.

Sus endiabladas preguntas y enganchones con Manolo Jimenez, por ejemplo, eran antológicos. Pero, para rematar, si de algo se puede presumir de la fiesta del fútbol provincial, es que los derbis siempre han sido de tensión y rivalidad. Y poco más. Afortunadamente, el fútbol y el resultado de cada partido ha estado por encima de todo en esas semanas que siempre suelen ser especiales para los aficionados de ambos equipos, a pesar de la actual situación deportiva.

Crónica del derbi de Noé Gomis en Mundo Deportivo:

JUANFRAN MILLÁN | Un derbi y muchas historias

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Tuve que esperar a finales de 2005 para vivir mi primer derbi como periodista profesional. No podré olvidar jamás la llegada del autobús del Hércules al estadio Martínez Valero. Moisés era el hombre más buscado. El sevillano bajó el último y provocó una de las broncas más impactantes que recuerdo en estos duelos. Todavía tengo fresca la imagen de una camiseta en llamas volando. Había vivido algunos derbis en la infancia, pero desde ese momento supe que estábamos ante un partido especial, una cita de máxima rivalidad que había que jugar con enorme pasión.

Otro de los momentos o de las imágenes que se me quedaron grabadas de los clásicos fue aquella interminable caravana de 72 autocares por la autovía en 2010, año del ascenso del Hércules a Primera División. Jamás se ha producido un desplazamiento tan numeroso de seguidores blanquiazules. 8.000 aficionados llenaron gran parte del anillo del Martínez Valero. Aquel partido fue un fiel reflejo de lo que vendría después. El Elche ganó 2-0 en el comienzo de una buena etapa de Bordalás y el Hércules se atascaría hasta poner en peligro el salto de categoría, que luego conseguiría en extrañas circunstancias.

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En mi memoria también quedará un Hércules-Elche de 2011. Alguno dirá, “pero si ese año no pasaron grandes cosas”. No a nivel futbolístico, pero sí fue un año difícil para las radios. En pleno conflicto con la Liga de Fútbol Profesional para el acceso a los campos de fútbol, recuerdo que pedimos permiso a la Casa Sacerdotal, que tiene su sede a escasos metros del Rico Pérez, y pudimos narrar el partido desde su terraza. Fue una manera muy curiosa de vivir un clásico de rivalidad. Por cierto, ganó el Elche por 1-2 con tantos de Bille y Edu Albacar.

Y en cuanto a un partido que me llamara la atención. En general no recuerdo grandes episodios futbolísticos entre ambos equipos. Probablemente, me quede con un duelo en el Rico Pérez en 2009 con un ‘hat trick’ de Delibasic. Uno de los relatos radiofónicos que a día de hoy muchos oyentes todavía me recuerdan. El de este domingo será difícil de narrar para COPE Alicante, un duelo sin alicientes para el Hércules. Un justo castigo para el vestuario después de su pésima temporada.

Juanfran Millán es periodista en COPE Alicante (89.6 FM)

PEPE MORAGO | Victoria en el derbi a las puertas de Primera

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El domingo 17 de abril de 1988 amaneció en Elche soleado y radiante. Un día perfecto para cubrir la información de mi primer derbi como informador profesional. Sentía una emoción inenarrable. Mi madre, Joaquina, me pidió que bajara a la Churrería del Barrio de San Antón. Un buen desayuno con mis hermanos, Juan y Alicia, y mis padres.

El Elche C.F.-Hércules llegaba en un momento radicalmente distinto para ambos. El inolvidable Felipe Mesones dirigía a un Elche espléndido que iba como un cohete hacia Primera División, mientras que el conjunto herculano lo entrenaba Benito Joanet, un hombre de la casa, que intentaba evitar el desastre del descenso a Segunda B.

Tenía un sentimiento extraño. Poco tiempo atrás vivía esos partidos con la tranquilidad de un aficionado sin otra responsabilidad que comportarme con educación en el estadio, respetar a todos, no insultar al árbitro, ayudar a las personas mayores a llegar a su butaca. En fin, tratar a todos los que tuviera a mi alrededor como un franjiverde de corazón que tenía que dar ejemplo. Así lo sentía.

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Además, recuerdo con cariño que durante unas temporadas trabajé en el Martínez Valero vendiendo bebidas por la grada con Manuel y Dionisio, que era como un padre para mí, y con su hijo Cosme Abellán, uno de mis grandes amigos de siempre. Recuerdo esto con una enorme emoción. Podía ver el partido sin pagar y encima me pagaban un dinero para ayudar en mi casa.

Y el Elche C.F. del genial Mesones me dio la primera gran alegría de mis 30 años como obrero de la información. Aquel magnífico Elche de los Miguel, Puente, Benito Sánchez, Cepeda, Robi, Javi, Juan Cartagena, Pedro Pablo, Del Barrio, Bracum, Sixto, Claudio, Javi Company o Escobar, que llegó cedido del Cádiz, o el ex del Real Madrid Isidro y el argentino Rodríguez.

El Elche, el equipo que viste la equipación más hermosa del fútbol nacional con esa franja verde tan bonita, venció 3-1 aquella tarde con dos goles del talentoso Claudio Barragán y otro de falta que firmó Escobar. El tanto del Hércules lo anotó Corchado. ¡Qué bonito estaba el estadio de mi equipo, el fervor de nuestra afición, esa fidelidad conmovedora, ese orgullo de ser del Elche!

Una crónica redonda. Victoria en el clásico del fútbol provincial y a las puertas de Primera División. Porque el Elche C.F. no tiene que envidiar nada a ningún otro club de la máxima categoría. Siempre será un grande y su historia es la más bella y romántica del fútbol español. Vivamos otro derbi. Y esta vez a las puertas del retorno a Segunda División.

Crónica del derbi de Pepe Morago en Mundo Deportivo:

Pepe Morago dirige “SER Deportivos”, de lunes a viernes (15:20 – 16:00) en Radio Elche Cadena SER (99.1 FM)

ADRIÁN DÍAZ | El derbi más cercano a Primera

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He vivido varios derbis a mis 25 años. Tanto en las gradas del Martínez Valero como en las del Rico Pérez. En el estadio alicantino, cubrí esta temporada los dos primeros como periodista. Pero dejemos los pupitres y vamos a la grada, que mola más. Es difícil quedarse con uno, porque, afortunadamente, hay unos cuantos de buen recuerdo franjiverde (también malo, eso sí). Pero voy a contar aquel 1-2 de la temporada 2011/2012. 27 de noviembre. Porque de todos, es el que mayor sensación me transmitió de un derbi de Primera División. Algo que ni yo ni muchos hemos presenciado, y que con los dos equipos en Segunda B, parece un sueño lejano.

Como era costumbre, Canal+ escogió el partido como el más importante de la jornada. El clásico horario de domingo a las 12:00 horas. Tocaba madrugar. Sin problemas, con toda la ilusión del mundo. En la noche anterior, ya tenía preparado mi ‘uniforme’ de los partidos: chándal, sudadera y camiseta franjiverde. Como en las noches de citas importantes (no sólo deportivas), seguro que me costó dormir. Ahora mismo no lo recuerdo, pero seguro que me desperté varias veces. Pero en días así, da igual que hayas descansado poco, porque la adrenalina te da energía más que suficiente. Y allá que fuimos mi padre, mi cuñado y yo a coger uno de los numerosos autobuses camino de la capital.

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Uno de los motivos por los que aquel derbi tenía aroma de Primera era por la situación de ambos equipos. Ya no era sólo un choque de rivalidad provincial, era un duelo en la parte alta de la tabla de Segunda. El Hércules, recién descendido, era líder; el Elche, cuarto con siete puntos menos. Conjuntos como Deportivo, Celta, Las Palmas, Girona o Huesca estaban por detrás. Sin ir más lejos, blanquiazules y franjiverdes llegaron al derbi tras ganar a los dos grandes de Galicia. Cómo puede cambiar todo en unos años.

El otro es el ambiental. Las crónicas hablan de que acudieron 20.000 espectadores, 2.500 desplazados desde la ‘aldea’. Pero mi percepción era que había más público. Aun así, repasando más crónicas, no se ha dado ningún derbi con mayor afluencia en esta década. Ni siquiera el Elche-Hércules del ascenso. Ambiente de Primera, en un gran estadio y dos escuadras aspirantes a subir a Primera. Siempre he envidiado otros derbis, como Las Palmas-Tenerife o Sporting-Oviedo, por el colorido y el lleno de sus estadios. Independientemente de cómo estén los rivales en la clasificación. Tristemente, vivimos en una provincia de casi dos millones de habitantes y nuestros derbis acostumbran a tener más butacas vacías que ocupadas. Y con zonas del estadio sin un alma. Ese domingo, viví la atmósfera más especial. Una atmósfera de Primera.

Varias veces he contado mi par de anécdotas de aquel partido. Mi padre y yo nos situamos en la zona de preferencia reservada para aficionados del Elche, muy cerca del césped. Con resultado a favor, un balón le cayó a mi padre y el Hércules debía sacar de banda. Ahí se acercó Juanra. Y yo le pegué un puñetazo al balón para dárselo al lateral. “Hay que ser deportivos”, dije ante las miradas inquisitorias de mi alrededor. Minutos después, sí que fui más pillo. Esta vez, yo recogí la pelota y el saque de banda era para el Elche. Ahí acudió Beranger, que me pidió calma para entregársela. ¿Qué pasó? Un recogepelotas le dio otra pelota y cogió la que tenía yo, entre protestas de los nuestros.

El derbi reunía todos los ingredientes para que se viera un buen espectáculo sobre el césped, y así fue. Victoria del Elche con goles de Edu Albacar de penalti y Nicki Bille en un córner. Míchel acortó distancias para el Hércules. Para escribir esta opinión, he vuelto a ver algunos vídeos de aquel partido. Como el resumen. La pena máxima se genera en un mal pase de Samuel, muy silbado por los nuestros por su salida en verano. El gol del ‘pistolero’, justísimo, pero en línea. La celebración de los goles, con Edu Albacar abrazando los situados en la primera fila del ‘quesito’.

Pero sobre todo, el éxtasis tras el pitido final. Los jugadores corriendo hacia nuestra zona. Juan Carlos lanzándose a la grada como si fuera un cantante en un concierto. Acciari alzando los brazos. Todos botando y abrazados. Una sintonía equipo-afición que pocas veces he visto. Y no se me puede olvidar: el Aromas Ilicitanos a capela antes del choque. Cantando al unísono y con puro sentimiento. La imagen de más de 2.000 bufandas blancas y verdes extendidas, idónea para salvapantallas de un ordenador. Espectacular.

Muy a mi pesar, tendrá que pasar un tiempo para que se dé otro derbi igual. Sé que tengo una percepción futbolística distinta a la de muchos. Yo no soy de los que dice “quiero que pierda el Hércules hasta en los entrenamientos”. Al contrario, ojalá Elche y Hércules regresasen esta campaña al fútbol profesional de la mano con el Real Murcia, el otro grande del sureste, e incluso con el FC Cartagena. Lamentablemente, los cuatro están en Segunda B, y dos puede que se enfrenten en playoff. Seguiremos esperando a un derbi alicantino de Primera. Si vuelve a darse algún día, porque el panorama es desalentador.

Resumen en Youtube del derbi de Adrián Díaz:

Adrián Díaz es periodista y cubre la actualidad del Elche en Diario Franjiverde. Además, es colaborador en el podcast “Juego de Plata” de Onda Cero.

JULIÁN BURGOS | El derbi de la minicadena

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Uno de los derbis que tengo en mi recuerdo fue el de la temporada 1992-93, en el Martínez Valero. De aquel partido, el penúltimo de la liga regular en Segunda B, hará la semana que viene (16 de mayo) justo 25 años. El caso es que por aquel entonces, el Elche reinaba en lo alto de la tabla y el Hércules racaneaba puntos, aquí y allá, para mantener un cuarto puesto que le daba acceso a la liguilla por el ascenso. En Elche, ya clasificados, se quería descabalgar al Hércules del posible ascenso.

El caso es que uno, en época de instituto, mendigó por asistir a aquel partido. Descartado mi padre, mi tío herculano era mi caballo. Pero la cosa se desvaneció pronto porque, bastante joven por entonces también, “él no pisaba el estadio del Elche”. Así que mi alternativa era ir con mis amigos de Alicante, en el ‘cercanías’. Maldita mi suerte, yo residía en El Campello, y dada la hora del partido, no tenía combinación posible para regresar a casa. Y eso que Tebas aún no existía.

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Así pues, me mentalicé para tener que escuchar el partido en la radio. Media hora antes del inicio, me enchufé la mini-cadena (¿Por qué se llamaría ‘mini’ a semejante armatoste?) a tope. Recuerdo que nada más empezar, Antonio Guijarro, cantó el primer gol del Hércules. Eduardo Rodríguez, el máximo goleador de la categoría (acabó con 36 dianas), había asaltado el Martínez Valero. Pero quedaba mucho. Armando vio una doble amarilla antes de la media hora y aún así, el central Rafa, hizo el 0-2. Recuerdo poco más. Jesús de Huerta, al que años después me pude enfrentar en un Campello-Torrevieja de Preferente, recortó distancias pero el Hércules acabó resistiendo el 1-2.

Lo malo llegó al día siguiente al llegar al instituto. Sin redes sociales, whatsapp ni gaitas, las noticias gordas llegaban a la mañana siguiente, en la puerta del ‘insti’. Mis amigos no sólo disfrutaron de la victoria del Hércules, sino que incluso saltaron al campo, cerca del córner, en uno de los goles. Tras esa hazaña, el resultado ya daba igual. ¡Y yo con mi mini-cadena! Hoy, buscando la crónica de aquel partido me doy cuenta que los dos entrenadores de los equipos a los que cubro el día a día, jugaron aquel derbi: Marcelino, en el Elche; y Paco López, en el Hércules.

Por cierto, después de eso, el Hércules subió en el Insular de Las Palmas y el Elche no lo hizo tras caer ante el Leganés.

Julián Burgos es periodista del diario AS 

PACO GÓMEZ | Un derbi con premonición

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Me piden los compañeros de Diario Franjiverde que relate algún derbi que recuerde de manera especial, pero a fuerza de ser sinceros en estos casi 30 años que llevo siguiendo al Elche C.F. no hay ninguno que destacaría o que recuerde con especial cariño porque todos los que he vivido y retransmitido para mí siempre han sido especiales.

Y creo que llevo unos cuantos a cuestas, ¿eh? Estos partidos de rivalidad eterna lo tienen todo, desde los días previos hasta el postpartido: pasión en las gradas, tensión en el terreno de juego y mucho cachondeo para el perdedor; entrenadores destituidos, temporadas que se enderezan al ganarle al eterno rival…

¡No! No es un partido más y eso que el del domingo es, a mi juicio, el más descafeinado de los últimos tiempos por motivos obvios. El Elche llega con los deberes hechos de la clasificación para el playoff, juega en casa (con lo que ello supone) y su estado anímico es potente. Enfrente tendrá a un Hércules deprimido, casi sin opciones de liguilla (podría saltar al campo sin ninguna) y con el peso del fracaso una temporada más a cuestas.

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Puestos a elegir me quedo con los dos derbis de la campaña del ascenso a Primera División, en la temporada 12/13.

Ya en la segunda jornada, en el Rico Pérez ganaron los franjiverdes por 1-2, con goles de Xumetra y Carles Gil. No era más que una anécdota ser líder en la segunda jornada, pero qué bien sentaba si además era ganando a los blanquiazules.

El 2-0 de la jornada 23, con tantos de Xumetra, de nuevo, y Coro ya eran palabras mayores. Aquello olía descaradamente a ascenso, el Elche era líder desde el primer partido y esa victoria para mí fue premonitoria. Desde ese día creí de verdad que por fin uno de mis sueños se iba a realizar tras 24 años de espera, desde que empezó mi aventura en la radio y en la Televisión.

¡Sí! Ahora estoy convencido de que ese es el derbi que con más cariño recuerdo.

Resumen en YouTube del derbi de Paco Gómez:

Paco Gómez dirige “Elche en Punta”, de lunes a viernes (13:20 – 14:00) en TeleElx RadioMARCA (101.4 FM) 

GARABATOS | El derbi

PACO PERAL | Si guanyem el derbi juguem la UEFA…

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Cuando uno ya ha cumplido el medio siglo y tiene recuerdos de toda una vida viendo al Elche Club de Fútbol es señal de que ha vivido muchos derbis. Con el paso de los años, las circunstancias del fútbol y hasta la forma de vivir estos partidos puede haber cambiado, pero hay algo que, al menos en mí, no cambia. Ese sentimiento franjiverde que se redobla cuando llega el clásico de rivalidad provincial. No lo puedo evitar. Puedo ver al equipo contra cualquier rival desde un punto de vista más profesional que pasional, pero cuando llega este encuentro lo percibo diferente. Hay que ganar, no vale otra cosa, al Hércules hay que ganarle siempre.

Los recuerdos se acumulan tras tantos partidos. Desde los calientes derbis en el viejo Altabix donde la tensión dominaba el encuentro, hasta los más recientes derbis más mediáticos casi siempre a las 12 del mediodía con desplazamientos masivos y ambientes de lujo en las gradas. En el terreno de juego todos buscaban perforar la meta del máximo rival, ya que al goleador en un derbi casi se le equipara al héroe de un ascenso porque, repito, al Hércules hay que ganarle siempre.

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Mi primer recuerdo y seguramente el que más me marcó no fue en Altabix, ni en el Nuevo Estadio, actual Martínez Valero, sino en un recién inaugurado Rico Pérez en la temporada 1974-75. Vicente, Antonio, Jerónimo y Esteban eran mis vecinos de Jubalcoy, y mis compañeros de grada en el fútbol. “Paquito, si li guanyem al Hércules juguem la UEFA”, me recordaban una y otra vez durante la semana. Apenas tenía 9 años, el fútbol ya era mi ilusión y el Elche mi pasión, pero apenas sabía qué era eso de la Copa de la UEFA, solamente que nos podíamos enfrentar a equipos extranjeros y la franja verde se pasearía por Europa. ¡Madre mía!

El Elche llegaba con todas las opciones de clasificarse, solo tenía que ganar el partido, dependía de sí mismo, podría empatar a puntos con la Real Sociedad, pero ganaba a los de Atocha en el duelo particular. Ritual de cada partido. Gorra, bandera del Elche y a nuestro punto de reunión, la Venta Verdú, desde donde partimos al Rico Pérez. Pero a las primeras de cambio todo se vino abajo, gol del Tigre Barrios al mítico Emilio Esteban y nos quedamos sin UEFA. Fue terrible. Recuerdo que en mi casa aún seguía llorando. Me parecía una tragedia griega, estar tan cerca de jugar en Europa y lograr el billete delante de la afición rival, pero nos quedamos a las puertas precisamente contra ellos. Lo pasé tan mal que se me metió para siempre una idea en la cabeza: Al Hércules hay que ganarle siempre.

Muchas cosas pueden cambiar con el paso de los años y las distintas circunstancias que pueden ocurrir, pero me queda claro que los sentimientos, al menos en mí, no cambian. Recuerdo que en mi época de entrenador me tocó enfrentarme al Hércules dirigiendo a un equipo de la comunidad. Antes de comenzar el encuentro el árbitro nos impidió jugar con ninguna de las dos equipaciones que teníamos, por lo que nos tocó jugar con camisetas prestadas por el Hércules. Me costó asimilarlo, veía a mis jugadores ponerse la camiseta con el escudo del Hércules y no me lo podía creer. Ganamos 0-1 y nada más finalizar el partido, cuando mi presidente me dio la enhorabuena, le recordé que esa enhorabuena debía ser doble porque habíamos logrado que el Hércules perdiese hasta contra el Hércules. Y es que… ¡AL HÉRCULES HAY QUE GANARLE SIEMPRE!

Crónica del derbi de Paco Peral en Mundo Deportivo:

Paco Peral formó parte de la secretaría técnica del Elche y actualmente trabaja en el Leeds United, dentro del grupo de scoutings liderado por Víctor Orta

PABLO VERDÚ | Mi derbi, mi madre

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No me resulta nada fácil enfocar en un solo derbi. Por tradición familiar, mi niñez y mi infancia están unidas a cabinas de prensa, sesiones de entrenamiento y entrevistas a jugadores de uno y otro equipo. Crecí escuchando en casa la trascendencia y rivalidad de los Elche-Hércules y notaba como mi padre, cuando llegaba el día del partido, se tensaba como un arco porque como periodista y alicantino sabía que era uno de los dos días más grandes del año.

A mediados de los 70, los ojos de toda España miraban a la provincia cada vez que había un clásico. Tengo algún recuerdo del viejo Altabix, jugando por los palcos mientras mi padre estaba en su cabina de la Cadena SER y mi madre sufría por el resultado y, sobre todo, para que no me cayera por las escaleras. He visto de todo. Victorias de uno y otro, empates emotivos e insulsos, goleadas… E incluso derbis en campos neutrales, como en Benidorm o Sant Joan, jugados con la misma pasión e intensidad que en sus escenarios habituales.

Por cuestiones sentimentales, ahora que se acerca el Día de la Madre, me quedo con el último partido que, posiblemente, vi junto a la mía en una grada. Fue en un partido de Copa del Rey, en el Martínez Valero. Recuerdo que era enero, en una noche de perros con lluvia, viento y frío. Ganó y remontó el Elche (2-0) la derrota mínima sufrida días antes en Alicante.

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Me acuerdo vagamente de los goles, de los papelitos y las bolsas de plástico volando por el campo y de las peleas en la grada entre seguidores de ambos equipos. Alguna de esas trifulcas, con puñetazos y caídas de hinchas por la tribuna, nos pasó muy cerca. Ese derbi, ganado con notable autoridad por el Elche sobre el césped, no permanece en mi memoria por lo futbolístico ni por la calidad de los jugadores que lo disputaron, sino por otras cuestiones sentimentales que no les costará esfuerzo imaginar.

Aquel derbi fue y será irrepetible por la compañía. Mi madre me llevó la cena, me protegió de la lluvia y del viento y me dio calor con su abrigo. Juro que no hay vez que me acerque a esa tribuna para ver un entrenamiento y no me acuerde de aquel día. Y mucho más cuando se avecina un Elche-Hércules.

Ella, alicantina y herculana, sufría lo suyo en estos partidos, pero era deportiva y la primera en admitir la superioridad del rival en caso de derrota. Y más si era el Elche, al que siempre le estuvo agradecida por el trato que le dieron a mi padre, al que las diferentes directivas recibían, ya fuera en Altabix o el Martínez Valero, casi con honores de Jefe de Estado.

Así que, compañeros de Diario Franjiverde, entenderéis que en esta ocasión no hable de goles, jugadas o futbolistas, sino de algo más íntimo. Porque estos partidos no sólo son especiales por la rivalidad, el color de las gradas y lo que se ve en el césped, sino por quién está a tu lado para compartirlo contigo. Feliz derbi y feliz Día de la Madre.

Crónica del derbi de Pablo Verdú en Mundo Deportivo:

* Pablo Verdú es periodista, con una larga trayectoria a sus espaldas. Actualmente trabaja para la Agencia EFE. Su padre, Pascual Verdú, al que menciona varias veces en el texto, fue uno de los periodistas más reconocidos de la provincia