La Sota de Bastos

Querido Míster, querido Rubén, querido Pipo, aunque luego lo desarrollaré más y mejor y con mayor profundidad literaria, semántica y lírica, te anticipo un pequeño resumen a modo de titular, desde el respeto y desde el cariño: “Aburres a las ovejas, macho”.

No entiendo un sistema de protección de los jugadores y de la plantilla que consiste en transmitir al aficionado pesadumbre, tristeza, conformismo y desazón. No lo entiendo, Míster.

No entiendo un sistema de motivación interna que consiste en repetir como letanías tópicos del fútbol, frases hechas y lugares comunes que no se cree nadie. No lo entiendo, Rubén.

No entiendo un sistema de aislamiento del exterior (la famosa burbuja) que consiste en alejarse del aficionado, del espectáculo, de la magia, de la presión, de la chispa y del compromiso. No lo entiendo, Pipo.

Todos entendemos que se tiene que cuidar el mensaje para con los jugadores. Todos tenemos claro que hay que mantener al grupo protegido del entorno, de las euforias, de las tristezas y de la presión excesiva. Todos entendemos que la gestión psicológica de la plantilla es muy importante.

Pero, Rubén, ¿piensas en el aficionado? Cuándo haces llamamientos para que la gente acuda al estadio a apoyar al equipo, ¿qué transmites? ¿qué vendes? ¿qué ofreces?

Tratar al aficionado como si fuera tonto hablando de permanencia y de 50 puntos no es precisamente una buena campaña publicitaria.

Tratar al aficionado como si fuera imbécil diciendo por activa y por pasiva que el objetivo del club a principio de temporada era la permanencia cuando el equipo nada tiene que ver con el que cogiste en agosto no es precisamente un buen eslogan.

Tratar al aficionado como si fuera corto de mollera hablando de que el sueño que todos anhelamos es continuar en Segunda no es precisamente un llamamiento a la asistencia.

Si el fútbol, como diría Valdano, es un estado de ánimo, tu equipo, Rubén, es la desidia personificada. Y es que tanto dentro como fuera del terreno de juego tú y tus jugadores sois más tristes que una canción de Perales y producís más somnolencia que una etapa llana del Tour de Francia. Esto no es el Ajedrez, la Petanca o el juego de los Dardos, Pipo. Esto es un espectáculo al que va público a disfrutar con su equipo y en el que hay una componenda de pasión y sentimiento fuera de lo normal. El aficionado acude a vibrar con su equipo, a sentir, a emocionarse, no a dormirse y a conformarse con cualquier cosa. Al aficionado, tanto dentro como fuera, hay que motivarle, hay que ilusionarle y hay que incendiarle, no echarle a patadas.

Cuida tus palabras, mide tu lenguaje, cambia el mensaje, Pipo. No vendes una puta escoba y transmites menos un cactus.

Mejora el juego, ofrece algo más, métele chispa, Rubén. Tu equipo practica el fútbol-bostezo y tiene menos llegada que el Apocalipsis Maya.

Y aunque no te lo creas, Rubén,  yo estoy  muy por encima de los resultados. Quiero que mi equipo lo intente, que no se dé por vencido, que luche por todo, que muera por esa camiseta y que transmita hambre, ambición y ganas de ganar, muchas ganas de ganar. Aunque no gane.

Es la primera vez en décadas que oigo en la previa de un partido a un jugador del Elche decir que firmaría un empate. Contra el líder, contra el Barça o contra el Brasil de Pelé, antes de jugar hay que pensar solo en ganar. Siempre. Al fútbol, al parchís, al tute o al dominó se juega para ganar. Y el Elche en Segunda División no puede renunciar a nada de antemano. Nunca. Jamás.

Este sábado contra el Zaragoza todos apoyaremos al equipo a muerte, como siempre. Pero ya toca que el equipo y tú, tú y el equipo, dentro y fuera del terreno de juego, nos ofrezcáis algo más y nos hagáis estar orgullosos de vosotros.

Y no me refiero a los 3 puntos, Rubén.

Usa todas tus cartas, Baraja, no solo la Sota de Bastos.

Heraclio Fournier, el difunto Johan Cruyff y los aficionados del Elche te estaríamos eternamente agradecidos.

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