Bombonera, palmeral y rosaleda

Uno de los porteros con más solera de la historia del Elche, Willy Caballero, vuelve con el Málaga al Martínez Valero.

Wilfredo Caballero comenzó a despuntar pronto en Argentina, y el boca a boca comenzó a hacerle un nombre. Aunque él recuerda que no se mostraba muy receptivo a los elogios, “me costó mucho creer lo que se decía de mis condiciones, tal vez por timidez. Notaba que se hablaba mucho de mí en Boca, pero yo no sentía esa misma confianza. Incluso hasta los 19 o 20 años. No lo comentaba demasiado, apenas con algunos compañeros, y me ayudó mucho la psicóloga del club, porque si no lo corregís, no podés jugar ni en la de Boca ni en ninguna otra” aseguró a El Gráfico.

Willy llegó a Buenos Aires desde un pueblo, de Santa Elena, y en la misma entrevista recuerda que le costó adaptarse: “Fue fuerte. El día que me trajeron a vivir a la pensión nos llevaron a ver Boca-Platense a la cancha de Vélez. Cuando íbamos llegando al estadio empecé a ver gente drogándose en la calle, algo que en mi pueblo no pasaba”, y sufrió una crisis, “me quería volver. Los primeros meses fueron bravos: extrañaba, chocaba con una sociedad que está mucho más avanzada que la de un pueblo, para lo bueno y para lo malo. A Boca le debo esa contención, vivir en la pensión me dio mucho”. No fue su primer cambio, en el Santa Marta, a los seis años aún era mediocampista, y en un cambio de posiciones, se puso bajo los palos y ahí se quedó.

Pese a su buen nombre, no terminaba de asegurarse la titularidad. Más suplente que titular, su gran momento llegó en el Mundial sub20 de 2001; comenzó German Lux (posteriormente portero de River y Mallorca), pero en semifinales Pekerman le dio la titularidad a Willy, que también jugó la final junto a Saviola, Ponzio y D’Alessandro. Y mientras, en Boca no había oportunidades para Willy salvo un par de citas, en tres años jugó 19 partidos y encajó 15 tantos. “Y ahí surgió la posibilidad de ir al Elche. No volví a mirar para atrás, no suma, no sirve” recordaba Willy a El Gráfico.

El cambio fue abrupto, de un gigante mundial como Boca a un Segunda como el Elche, que además hacía pocos años que salía de una década negra. “Es una gente muy sufrida, estuve seis años ahí y en cinco peleamos por no descender a Segunda B. Valoran a los que son respetuosos, y a mí nunca me gustó vender humo con el público, ni gritar los goles con la tribuna y esas cosas. Por eso me adoptaron rápido”. Sin embargo, hubo un problema durante su primer ejercicio franjiverde. Su hija de tres años, Guillermina, sufrió cáncer de retina, y como padre de familia decidió volver a Argentina junto a su hija y su mujer porque allí estaba uno de los mejores doctores en la materia. Se desconectó de facto con el Elche, y estuvo medio año sin jugar, pero abrió 2006 jugando con Arsenal de Sarandí. Y finalmente volvió para despuntar con el Elche: “Arranqué de titular, de menos a más, y yo seguía con la meta de crecer, y no podíamos ascender. Había rumores de otros clubes, pero nunca se concretaba nada. Y allá es difícil para los arqueros de Segunda: si no ascendés con tu equipo, es difícil llegar a tener una oportunidad en Primera”.

En 2011 llegó su oportunidad en la élite. “Salió todo en un día. Cuando me llegó la posibilidad, le pedí al club que me dejara ir, pero ellos no querían asumir el costo. Di una conferencia de prensa de despedida y terminé llorando, la gente fue a la puerta a saludarme y a desearme suerte, nadie me reprochó nada. Fue una alegría, de las cosas lindas que a uno le queda”. Y se fue a Málaga, en un proyecto emergente terminó por clasificarse para la Champions, donde fue elegido mejor portero de la última edición pese a caer en cuartos contra el Borussia Dortmund. Ahora, la situación es complicada y lucha por la permanencia mientras evita tantos goles como puede.

FOTOGRAFÍA: CanalMalagaCF.com
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