Boakye de mi vida

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Juan Carlos Romero | 08/04/2014 14:57 @jcromerocent

 

Los más de 31.000 aficionados que se dieron cita el pasado domingo en el Martínez Valero saltaron con Boakye y cabecearon ese balón a la red en el último suspiro del descuento, en esa última jugada que proporcionó a los franjiverde tres puntos de los que a la larga pueden suponer el empujón definitivo hacia la permanencia. Fue una sensación parecida a lo que hizo España entera cuando Iniesta se dispuso a entrar en la historia en el Mundial de Sudáfrica.

Porque hacía mucho tiempo, ni siquiera cuando se consumó el ascenso a Primera División hace casi un año, que no se vivían imágenes como les que se desarrollaron no ya con el tanto de la victoria –de delirio, de éxtasis, de entusiasmo desatado-, sino en cuanto el colegiado rubricó el final del choque. Mientras los que estaban en el banquillo salían corriendo a celebrarlo con sus compañeros y especialmente a ‘estrujar’ a Boakye, en las gradas hubo abrazos entre grupos de aficionados que no se conocían de nada, pero a los que une su pasión por el Elche. Otros lloraban de la emoción, como hizo algún que otro jugador franjiverde, incluido el autor del gol. Y pese a que el filial se preparaba para iniciar su partido ante el Alcoyano, los hombres del primer equipo regresaron al terreno de juego, como los buenos toreros y a petición del público, para recibir el merecido homenaje de su gente.

El fútbol fue justo con quien más buscó la victoria. Pese a los ya consabidos problemas que tiene el Elche para llegar a la portería contraria con peligro, pese a las carencias que ha venido arrastrando y que está pudiendo contrarrestar –de ahí los 35 puntos que lleva y esos siete partidos consecutivos en casa sin encajar un gol-, el dios del fútbol, por esta vez, bajó al Martínez Valero. Lo había hecho en Stamford Bridge y en el Soccer City con Iniesta. Lo hizo en el Camp Nou, en aquella final de la Champions en 1999 entre el Bayern Munich y el Manchester United que se decidió para los británicos en apenas dos minutos de locura. O en Bucarest cuando el Atlético de Madrid hizo trizas al Athletic de Bilbao en la final de la Europa League de 2012. El pasado domingo se vistió de blanco y verde, que ya iba siendo hora.

Es momento de disfrutar, pero sin olvidar que la faena no está completa. Y que es precisamente cuando falta tan poco, cuando más cuesta alcanzar la meta.

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