Baraja también toma la vía franjiverde

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En algún momento del verano de 2011 quizá se cruzaran en las puertas de las oficinas colchoneras Fran Escribá y Rubén Baraja. El valenciano salía; era el segundo de Quique Flores, de quien se separó tras expirar su relación con el Atlético con la idea de ser entrenador por cuenta propia, y un año después fichó por el Elche. El pipo Baraja entraba; un año después de retirarse en Mestalla volvía al club que dejó para fichar por el Valencia. El Atlético volvió a confiar en Gregorio Manzano y Baraja formaba parte del cuerpo técnico que no logró pasar de las vacaciones navideñas y fue sustituido por Simeone.

Para mí era la primera experiencia, espectacular. Yo estaba aún con el título de entrenador sin completar. Me pareció una aventura interesante. Me llamó uno de los mejores clubes del mundo y trabajar con un entrenador como Manzano, con una dilatada experiencia en el fútbol hacían de ello una experiencia importante. Y además con un equipo que yo conocía, que había vivido cosas especiales, bonitas y amargas. Pero desgraciadamente las cosas no salen como uno espera siempre y el resultado no fue el esperado. Pero sí que me sirvió de enseñanza y siempre estaré agradecido a esta gran oportunidad que me dio el Atlético de Madrid para vivir el banquillo tan pronto tras dejar de jugar, Rubén Baraja

Luego de salir del Calderón, como Escribá, también emprendió una carrera como primer entrenador aunque su debut llegó en el fútbol base valencianista, el club donde dejó sus mejores años como jugador principalmente en la primera mitad de la década con Benítez, el entrenador que mejor explotó sus cualidades y al que tiene como ejemplo a seguir.

Lo importante de todo esto es captar cosas de todos los entrenadores que has tenido y de las experiencias que has vivido. Cuando empiezas la faceta de entrenador tienes un montón de vida almacenada. Y yo he tenido la suerte de trabajar con grandes entrenadores con los que he aprendido muchísimo. De todos modos, si me tengo que decantar por alguien, sobre todo por el momento y el rendimiento que me sacó, el equipo y el vestuario en el que estaba, yo creo que Benítez es el entrenador espejo en el que me tengo que mirar. Evidentemente él tiene su personalidad como yo tengo la mía, pero mi idea futbolística se basa en sus enseñanzas. Rubén Baraja

El pucelano llega a Elche tras dos años dirigiendo al juvenil ché. En su primera temporada ganó la Liga y con ello el derecho a disputar la Copa del Rey, aunque cayó en la primera ronda; en la segunda temporada no pudo revalidar el título pero llegó a semifinales en la Copa. El Diario de Mestalla, que sigue el fútbol base del Valencia, explica que “el juvenil A ha practicado muy buen fútbol a lo largo del año con una generación, la del 96, llena de talento y algunos futbolistas del 95 que dieron empaque al equipo”. El ya entrenador franjiverde también hizo balance de la temporada, “Hemos competido muy bien con un equipo más joven. El balance es muy positivo sobre todo en casa. No hemos perdido ningún partido y nos hemos mostrado sólido. Es para felicitar a los chicos porque estoy realmente contento con el trabajo del año”.

A falta de ver cómo se desenvuelve el Elche de Baraja con una plantilla sin fichajes y con bajas respecto a la última temporada, parece que Baraja se decanta por un juego alegre –el rol que él encarnaba en la pareja Albelda & Baraja- para aplicar los métodos aprendidos a las órdenes de Rafa Benítez. De hecho, en ambas temporadas ha exhibido un gran músculo goleador (máximo goleador en las dos temporadas, en la segunda empatando con el campeón) y una de las mejores defensas del campeonato (mejor defensa en la primera campaña, tercera mejor por un gol en la segunda).

Otro punto a seguir será su modo de llevar el vestuario. A diferencia de los primeros dosmil, el último tercio de la década en Mestalla fue una escaparate de escándalos que tuvo a Ronald Koeman como uno de los villanos al cargarse a tres símbolos como Albelda, Cañizares o Angulo. Baraja no compartió las decisiones tomadas pero mostró su respeto a la autoridad en el vestuario: la figura que representa desde ya en el Elche.

Creo que Koeman tuvo un gran problema y se equivocó: quería implantar un estilo diferente al que veníamos haciendo desde hacía muchos años. Él quería jugar un 4-3-3 y nosotros veníamos haciendo siempre un 4-4-2 claro. Sobre esa dificultad se construyeron rencillas, diferencias personales y el equipo no acabó de cosechar resultados. Luego claro, dejó de contar con gente. Apartó a pesos pesados del vestuario. Se generó una crispación muy grande. Yo siempre pienso desde el respeto que a una decisión que se toma en un vestuario y que no depende de ti hay que acatarla. En ese momento, el responsable que no era otro que Koeman, y decidió apartar a David, Santi y Angulo. Koeman fue muy tajante en sus decisiones, mucho. Y no dio a nadie opción de echarse atrás. No quería contar con ellos. Una cosa está clara: lo importante era el club. Los entrenadores, los presidentes, los jugadores, pasamos. La entidad era lo importante. Y entonces había que seguir remando, trabajando para sacar el proyecto adelante. Rubén Baraja

Baraja será el segundo entrenador del Elche en Primera en este siglo y por delante tiene el trabajo de que la grada del Martínez Valero se identifique tanto con él como lo llegó a hacer con Fran Escribá y piense en el anuncio de Mahou que decía «quan arriba la nit, jo sóc Baraja«. Para empezar llega desde el mismo club desde donde llegó aquel austrohúngaro que le pintó una franja verde a la camiseta.

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